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El doble filo de los generadores eléctricos

Maunabeños sufren con y sin generadores

El generador eléctrico – o la planta, como suele llamársele – ha sido la cuerda de salvamento para muchos puertorriqueños sin servicio de energía eléctrica. Pero este aparato ha resultado un arma de doble filo, pues mientras permite energizar un hogar parcialmente, el costo en combustible y el neurálgico ruido que generan hacen de esta herramienta otra carga que abona a la desesperación de quienes poseen una.

Esta dinámica se puede apreciar en Maunabo, uno de los municipios que más fuerte soportó el embate del huracán María. Desde ese entonces los vecinos perdieron su conexión con el sistema de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y como remedio temporero recibieron generadores del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (USACE por sus siglas en inglés) como remedio.

Sin embargo, son muy pocos los sectores del municipio donde se ha restaurado el servicio e igualmente son muy pocas las brigadas que trabajan allí. Durante una vista que hizo este medio a principios de marzo, las únicas brigadas trabajando en todo el municipio se enfocaron en el sector de Villa Pesquera y la carretera que lleva hasta el faro de Maunabo.

En ese tramo de carretera ubica la casa de Antonio Virola Báez y su esposa Edna López Báez. Estos nos recibieron en su hogar mientras una brigada instalaba un poste frente a su casa.

La única fuente de ingreso de la pareja consiste en unos $600 del Seguro Social más los beneficios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN). A diario compran bolsas de hielo para sus congeladores portátiles, donde guardan solo lo esencial para desayunar y cenar.

“Nosotros no tenemos planta. Eso gasta mucha gasolina, mucho dinero”, indicó Nilda a la vez que señaló que desconoce si su nevera sigue funcionando, pues no la han prendido desde antes del huracán.  

Aunque ambos viven sin planta, sus vecinos sí tienen. La pareja se acuesta a dormir temprano a las 7:30 de la noche, pero se les hace difícil por el sonido de los generadores que retumba en la comunidad.

“Yo duermo en mi cuarto ahí y no puedo, no puedo dormir”, dijo Antonio, exclamando que no tiene planta ni la tendrá.

Al terminar nuestra entrevista, la brigada que trabajaba afuera desapareció sin terminar de instalar el poste. Eran las 10:51 de la mañana.

Entretanto, en el barrio Matuya y el barrio Liza no han llegado brigadas de la AEE, ni de sus subcontratistas. El agua que reciben proviene de una cisterna que el municipio rellena cada semana y que se bombea por fuerza de gravedad, pues tampoco pueden instalar generadores.

Los vecinos, sin embargo, sí cuentan con plantas aunque también cuentan el dolor de tener que pagar por el combustible que necesitan. Un vecino del área comentó que gasta $14 diarios para prender su generador ocho horas al día.

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En el caso de Gloria Ruiz, residente del barrio Liza, no tener electricidad por tanto tiempo le propinó un impacto emocional. Ella no tuvo otro remedio que usar los pocos ahorros que le quedaban para comprar una planta.

“Tuve que hacer un sacrificio y lo poquito, los únicos ahorros que yo tenía, tuve que sacar esos $400 y mi hijo me completó para comprarme un ‘inverter’ que me salió en $620. Porque yo estaba bien depresiva y porque ya los nervios me tenían el estómago que no comía”, confesó Gloria, quien solo prende su planta desde las 6 de la tarde hasta las 2 de la mañana, para mantener su nevera fría.

El desespero de Gloria lo comparten otros vecinos que a casi seis meses del huracán no ven brigadas en el área. La percepción de la líder comunitaria Norma Patrón es que hasta tanto no llegue el servicio eléctrico de la propia AEE, no enviarán brigadas a esa comunidad a consumir la poca energía que produce el generador de USACE.

Norma, quien vive con su madre, también es testigo de lo difícil que es vivir con planta. “Yo empecé con 12 horas y ahora la prendo cinco o seis para que mi mamá por lo menos vea la novela, las noticias, porque no es fácil, no se puede. En el sueldo que uno tiene, por más que uno trate de acomodar de aquí, de allá, los ‘biles’ continúan. Y no es fácil. $280 que es lo que estoy gastando ahora porque lo bajé a cinco, seis horas por día. De verdad que no es fácil”, explicó a la vez que agregó que antes gastaba hasta $400 al mes en combustible.

En el caso de Aida Rodríguez, del barrio Matuya, tanto ella como su esposo rehúsan comprar un generador, principalmente por el costo. Esto ha ocasionado que esté desconectada de lo que ocurre en la Isla, señalando que no sabía que el gobernador Ricardo Rosselló Nevares anunció hace más de un mes la privatización de la AEE.

“Perdona que me ría, ¿pero como tú me vas a decir si yo sé? Si no tenemos generador, ¿cómo vamos a enterarnos? La señal es bien pobre acá arriba también, de teléfono. El internet brilla por su ausencia, por la cablería… Estoy desconectada. Estoy prácticamente desconectada de todo. No veo noticias”, sentenció Aida, a la vez que expresó su desconfianza sobre el contenido de los periódicos impresos.

No obstante, para Aida lo más indignante es que en la casa de su madre llegó la factura de la AEE por $117, pese a que no tiene servicio. Sobre el desempeño de la Autoridad, Aida solo pudo comentar que ve a la corporación pública como un “fracaso total”.

A pesar de todo, Aida opinó que estaría abierta a tener sistemas de placas solares, siempre y cuando le enseñen cómo llevar a cabo la instalación. Pero sobre las plantas eléctricas, sostuvo que no recurrirá a una.

“Pero ponte tú a pensar, tanta contaminación, porque tantos generadores. ‘Hello’, eso hace daño al ambiente, a corto y largo plazo se tiene luz pero entonces, el olor, ay no”, expresó Aida.

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