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El huracán María transforma la costa de Aguadilla

Aguadilla - Cuesta acostumbrar la mirada a imágenes completamente distintas con las cuales se creció. Si es cierto que para muestra un botón basta, entonces con el solo ejemplo de la desaparición del Crashboat en Aguadilla seguramente la isla grande del archipiélago de Puerto Rico tuvo que cambiar su tamaño tras el paso del catastrófico huracán María.

Trasladarme entre San Juan y Aguadilla la tarde del domingo me tomó una hora más de lo usual. Intentaba acostumbrar los ojos a la ausencia de tonalidades verdes en las montañas, ahora arrasadas por el “fuego” de las ráfagas de María. En algunos puentes la línea del fango marcaba el paso de algún río que dejó intransitable parte de la ruta de la PR 22 en días previos. También marcaba la ruta la ansiedad desproporcionada por la amenaza del colapso de la represa del río Guajataca entre Isabela y Quebradillas difundida desde el viernes. En cuanto culmina la autopista, la carretera #2 se convierte en un reto interesante con todos sus semáforos apagados, y aunque en todas partes el cuadro se repite, no deja de impresionar la cantidad de postes y alambrado eléctrico bloqueando muchas entradas a comercios y hogares a lo largo de esta vía. La destrucción del sistema eléctrico no era lo único dificultando el tránsito. Hacían lo propio las interminables filas en cada puesto de gasolina desde Hatillo hasta la “villa del ojo de agua” que a veces ocupaban el carril derecho de la carretera.  

Antes de doblar hacia el barrio Borinquen sector Playuela para llegar a la casa donde crecí, noté que en la esquina de la carretera 107 un ‘chinchorro’ con generador eléctrico no tuvo ninguna intención de cumplir con la Ley Seca. Cuando al fin llegué al hogar, el ruido de la planta eléctrica no permitió que mi madre se enterara cuando abrí el portón para estacionarme. No olvidaré su abrazo en mucho tiempo y la tranquilidad automática de por fin sabernos bien. Esa misma tarde, tanto ella como mi padrastro me llevaron a ver el Crashboat, o lo que queda de este emblemático lugar. 

Al pasar junto a la escuela superior Benito Cerezo no pude percatarme que utilizan el lugar como refugio. Luego pude enterarme que refugian allí a unas 30 personas cuando conversé el lunes con el director de Manejo de Emergencias del municipio, Frankie Hernández.

En cuanto comienza el decenso hacia el Crashboat, noté la ausencia de todo un pedazo de muelle. Cuando llegamos al principio de lo que alguna vez fue un estacionamiento, ahora en pedazos de brea dispersados por toda el área, sentí el nudo de la garganta apretarse. Nada de lo que veía se acercaba en lo absoluto a la imagen paradisiaca con la que crecí de ese lugar, registrada por revistas como la National Geographic, o más recientemente por un reportaje especial de Telemundo. 

Las distintivas yolas aguadillanas que no fueron guardadas yacían enterradas en algún poste de los poquísimos que quedaron en pie o trasladadas entre montañas de arena contra alguna columna todavía en pie de la Asociación de Pescadores de la Villa del Ojo partida por la mitad. Los cuartos de los pescadores también estaban partidos a la mitad por la furia de la marejada, y el altar a la Virgen del Carmen yacía vacío. Las olas la reclamaron. A lo largo de toda la orilla las palmeras acostadas mostraban la enredadera de raíces y al otro lado de la desembocadura del río los surfistas aprovechaban las olas que no aplacaban demasiado tras al paso del ciclón. Algunos pelícanos parecían esperar al hombre que todas las tardes les echaba sardinas luego que hicieran algún truco o posaran en el brazo de algún turista. 

“Los americanos hicieron un arrecife de goma para aguantar el oleaje y alteró la corriente para crecer el Crashboat porque allí se suplían de gasolina para la base (Ramey). Ahora volvió el agua a su nivel. Se perdió una villa pesquera, porque nunca fue una playa de baño. Se perdió mucha plancha de zinc pero perdimos un recurso incalculable de playas, el turismo que estaba llegando”, recordó el líder comunitario y excandidato a alcalde de Aguadilla por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Rafael Boglio. 

Al ver la destrucción calculé que fácilmente la marejada se tuvo que adentrar más de 50 pies. Entonces pensé en el litoral costero del casco urbano del municipio. Al día siguiente tomé esa ruta. La historia se repitió. La arena todavía invadía gran parte de la carretera, y la acera estaba socavada en varias partes ahora marcadas por contenedores anaranjados. En el nuevo paseo de la Real Marina pedazos de cemento que alguna vez debieron servir de pasamanos estaban acostados en la acera, parte del techo de la pista de patinaje sobre hielo desapareció y en el residencial José Aponte no quedaba árbol en pie y cordeles improvisados sostenían ropa, sábanas y toallas mojadas. No quedaba nada de vegetación sobre el cerro La Vía, mucho menos en la plaza del pueblo. La marejada quebró un muro de la entrada a la iglesia y escuché que alcanzó la terminal de carros públicos. 

Si se toma en cuenta que las playas del país suelen ser la primera apuesta a la economía del turismo, este sector tendrá que replantearse seriamente sus estrategias y ni hablar del destino de la pesca artesanal.  

Al momento, el municipio suple diesel al hospital Buen Samaritano y a la clínica de tratamiento de diálisis contigua, pero el suministro no se encuentra en sus mejores niveles. El lunes el ayuntamiento esperaba por la llegada aviones de la Agencia Federal del Manejo de Emergencias (FEMA por sus siglas en inglés) a la pista utilizada para carreras en el Aeropuerto Rafael Hernández para repartir las ayudas. 

“Necesitamos que el gobierno federal llegue a Aguadilla”, recalcó Hernández a este medio. 

En el estadio Luis A. ‘Canena’ Márquez, el ayuntamiento instaló su Centro de Operaciones de Emergencia (COE) con una clínica para ofrecer primeros auxilios, ayuda psicológica y corriente para recargar equipos. Allí también reciben al público para llenar formularios de FEMA y establecieron un oasis para que las personas puedan suplirse de agua. Otro oasis fue instalado en el poblado San Antonio. El servicio de agua potable se mantiene intermitente entre los barrios aguadillanos. 

La única comunicación que tiene el municipio es con Aguada y Moca, porque funcionarios se movilizan a llevar y traer mensajes. Hernández aseguró que todas las carreteras en los tres pueblos se encuentran transitables. Al alcalde Carlos Méndez Martínez el gobierno central no le proveyó teléfono satelital. La única emisora radial que por ahora se puede sintonizar en Aguadilla es Radio Uno 1340 AM. 


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