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Pueblo en la montaña no se levanta a tres meses del huracán

La "recuperación" no se ve en Barranquitas

Barranquitas todavía mece al temporal en su cuna como si fuera uno de sus próceres. Su altura de 2,200 pies en la Cordillera Central, provocó que allí se sintieran vientos de más de 160 millas por hora desde la noche del martes 19 de septiembre hasta la mañana del jueves 21. 

La ruta gastronómica del municipio de la montaña, conocido como la Cuna de los Próceres, se quedó sin sabor tras el golpe del huracán María. Restaurantes para el tradicional chinchorreo como El Granero (antes Vaca Brava), La Vecindad del Chavo, Los Aviones, El Andante, Kmilas Bakery y otros que aportaban al turismo y la economía del pueblo, cerraron sus puertas luego del paso del huracán y no han podido reabrir a más de 100 días del episodio. 

"Nos encantaría abrir nuevamente, pero fueron demasiadas las pérdidas y no contamos con el potencial económico para reabrir", lamentó Ivy Berríos, quien junto a su esposo administraba el restaurante familiar El Granero, que se distinguía por su estructura temática de una granja, ubicado en la comunidad Maná del barrio Barrancas. Allí se degustaban carnes ahumadas o chuletas can can, como parte el sabroso menú de comida criolla.

El famoso lugar en medio de la naturaleza, que recibía unas ochocientas personas cualquier fin de semana de temporada alta, fue arropado por el río Manatí, y de su estructura solo quedó el suelo y los escombros. 

"Fue bien frustrante el enterarnos que se había perdido todo lo que con tanto esfuerzo habíamos logrado", añadió Berrios.  

El ciclón provocó la pérdida de aproximadamente 2,000 hogares en el pueblo, según el primer ejecutivo municipal, Francisco "Paco" López. Aunque se estima que la mayoría de las casas que sufrieron pérdidas significativas eran de madera, el cemento también cedió ante las intensas lluvias y la fuerza de los vientos. 

“No saqué nada de mi casa porque no esperaba que iba pasar algo”, expresó Awilda García, residente en el sector Las Villas del barrio Barrancas, quien perdió todo el interior de su casa de cemento a causa de uno de los muchos derrumbes que afectaron a su comunidad.

García, madre soltera con dos hijos a su cargo, describió el paso del huracán con la palabra “dolor”, pues aún hoy es incapaz de borrar de su mente la imagen de su casa destrozada.

“Fue horrible. Yo arranqué corriendo y subí, pero cuando yo vi todo, lo que hice fue llorar y gritar. No creía el hecho de cómo, en ‘pal’ de horas, nos quedamos sin nada”, lamentó Awilda sentada en el balcón de su vecina con los ojos llorosos, mientras observaba la tierra que antes tapó su hogar. 

García y sus hijos durmieron durante dos meses en un mueble y dos “cauchitos” en el piso de la barra de su papá, quien por problemas de salud necesita cuidado constante. Ese 20 de septiembre el bar les sirvió de refugio a varias familias cuyos hogares no eran lo suficientemente seguros para afrontar el huracán. García y los suyos acompañaron a los refugiados mientras el huracán azotaba, sin imaginar que esa barra terminaría siendo su hogar durante meses.

Aún en la angustia de haberlo perdido todo, seguir hacia adelante con sus dos hijos es prioritario para esta empleada de comedor escolar, y expresa que “a ellos no les va a faltar nada”.

Pero las dificultades económicas que atraviesa la familia no le han permitido rehabilitar su hogar, pues les resulta imposible asumir el costo de una máquina que remueva el derrumbe provocado, y la administración municipal no atiende sus peticiones. 

“Necesitamos ayuda, aquí nos tienen en el olvido y no es fácil. Yo no perdí el techo, pero lo perdí todo adentro”, manifestó la mujer. García recibió la visita de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) hace una semana, pero se encuentra esperando la respuesta de la agencia federal. 

Al igual que García, muchos barranquiteños cuestionan la respuesta del municipio ante el paso del Huracán María y a más de 100 días del huracán se preguntan dónde está el alcalde. 

 

¿Qué le pasó al alcalde? 

Son muchas las versiones que surgieron con el fin de justificar o cuestionar la ausencia del alcalde penepé Francisco “Paco” López luego del paso del fenómeno atmosférico. Se rumoró que le había dado un infarto, que estaba hospitalizado por la impresión del huracán, y que había encontrado personas muertas y lo internaron en un hospital psiquiátrico. 

El primer mandatario reaccionó para ofrecer detalles de su paradero y explicó que siempre estuvo bien y que no ha parado de trabajar desde el azote del huracán. 

“Eran 12,000 familias, todo el mundo diciendo dónde está el alcalde. Humanamente no hay forma de tú llegar a cada una de las familias”, aclaró el alcalde. 

Pero para la líder comunitaria de Palmarito en el barrio Barrancas, Reina Cintrón, su ausencia no se justifica. “En todo este proceso de la emergencia ante el huracán María hemos visto la falta de acción de nuestro municipio. Pero sentimos mucho, no la ausencia del alcalde político, sino la del alcalde humanista que todos conocíamos. Sabemos que nuestro pueblo quedó devastado, pero más allá de las obras están las personas de nuestras comunidades que sufrieron muchos daños”, manifestó. 

Barranquitas, bajo el liderato de “Paco” López desde 1997, tiene una tasa de desempleo de 13%, y el 55% de sus habitantes vive bajo los niveles de pobreza.

Actualmente, el pueblo apenas tiene algunos barrios con electricidad parcial, mientras que Quebrada Grande y Honduras están totalmente a oscuras.

 

Sin caminos ni dirección

Fue la combinación entre la magnitud y la duración del huracán lo que provocó el deslizamiento de terrenos y la obstrucción de la mayoría de las carreteras del pueblo. Se destruyeron 17 puentes. Según Yamilet Guzmán, directora de finanzas del municipio, se estima que los daños entre puentes y carreteras podrían alcanzar los $13 millones.

“Yo no te puedo decir que hay una sola carretera en Barranquitas, estatal y municipal, que no sufrió algún percance”, expresó el alcalde.  

Horas después del huracán, los barranquiteños se unieron en sus comunidades para trabajar en la limpieza de estas. Sin esperar a las autoridades, los movimientos comunitarios fueron clave para abrir las vías principales del municipio. Sin embargo, ya han pasado tres meses y aún muchas carreteras continúan con un solo carril, ese mismo que las comunidades abrieron.  

“Las carreteras estatales de Barranquitas, todas, el 100 por ciento, fueron afectadas. Todas. No hay municipio en Puerto Rico que fueran afectadas tantas carreteras como Barranquitas. Hay unas carreteras que se llaman municipales, que me pertenecen a mí. Con el poco recurso que yo he tenido, ya las estamos limpiando”, enfatizó López.

El alcalde novoprogresista aprovechó para expresar su molestia con las autoridades federales.

“No están respondiendo por la prontitud, porque entonces la gente piensa que es el municipio quien tiene el contrato. Yo como alcalde tengo que hacer las gestiones, molestar, y tú no sabes lo mucho que yo he molestado, pero el gobierno ha sido muy lento y FEMA ha sido muy lento y eso ha dilatado realmente la pronta respuesta”, ratificó. 

Guzmán indicó que el municipio ha gastado de su presupuesto más de un millón de dólares en la limpieza y reconstrucción de sus carreteras, y FEMA solo les ha reembolsado $34,000.  

Puede leer el resto de la historia en la página oficial del Centro de Periodismo Investigativo.


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