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Sin luz pero con ánimos los envejecientes de la égida La Merced

La realidad que viven ancianos luego del huracán

En una concurrida esquina de la avenida Domenech en San Juan, donde antes se encontraba el colegio, está la égida La Merced, una comunidad de 57 envejecientes que a diferencia de otras áreas de Hato Rey, no cuenta con luz eléctrica.

“No tenemos luz, agua se nos va a veces, pero poca. Por lo menos tenemos un poco de agua, a veces nos mandan un “sandwichito” y una comidita ahí pa’ distraernos”, nos contó Ángel Figueroa, residente de la égida desde hace dos años.

El anciano cuenta que aún no ha visto el paso de camiones de la Autoridad de Energía Eléctrica por el área, visión que para muchos en la isla se ha convertido en augurio de pronta recuperación energética.

“Al principio se veían los camiones. Ahora, uno que otro”, detalló Figueroa, quien describió la falta de energía como peligrosa para muchos de los ancianos residentes.

“A veces subimos las escaleras gateando como podemos. Algunos no salen por eso”, prosiguió el hombre.

Aunque operan con una planta eléctrica, energizar el ascensor se ha vuelto un problema para la égida, pues las fallas en el generador causaban que se detuviese, atrapando a algunas personas adentro. La decisión de cerrarlo forzó a algunos a quedarse en sus apartamentos para evitar el mal rato de quedarse atorados en el ascensor.

No obstante, aún con estos percances, Santos “Pote” Rivera Merced ha buscado la manera de mantenerse feliz durante esta emergencia.

La receta que usa Rivera Merced para mantenerse con los ánimos vivos es la conversación.

“No podemos conversar lo mismo porque siempre uno dice una cosa y el otro dice otra”, bromeó el anciano quien además confiesa reírse siempre que suceden diferencias de opiniones entre los residentes.

“La gente se ha desbordado en traernos alimentos, no una vez al día, sino tres o cuatro veces al día”, explicó Pote, quien además contó de su experiencia como boxeador en los Juegos Olímpicos del 1968 en México.

Para Pote, la soledad es uno de los problemas que sufren, aún luego del paso del huracán, pero él no lo sufre con frecuencia, gracias a la oportunidad de compartir con su comunidad.

“La otra vez estaba cogiendo la clase de baile, porque a la edad que yo tengo aún bailo, y cuando me viré, ¿Sabes a quién vi? A mi hijo”, narró con felicidad Rivera Merced mientras a la misma vez optaba.

Pero la falta de luz ha sido “como un castigo” a sus finanzas, según lo clasificó Pote, quien reveló que se han gastado mucho dinero en las compras que han tenido que hacer.

“Nosotros tenemos que gastar $10 y $12 pesos todos los días [para comer]”, afirmó Rivera Merced quien exhortó a que se repartieran las cosas igualitariamente a las personas para poder mejorar los servicios y las ayudas a los más necesitados.

Según detalló la directora de la égida, Luz Castellano, muchos de estos ancianos subsisten por si solos, y no reciben visita de sus familiares.

“Yo te diría que el 20% de los residentes reciben visita de sus familiares”, informó Castellano en una entrevista previo a la visita. Ese otro 80% ha tenido que sobrellevar esta situación de emergencia con la compañía de la comunidad.

Uno de estos ancianos es Betilio Estévez, quien tiene tres hijos y según contó, con algo de dificultad, se encuentran viviendo en Boston y reveló que no se han puesto en contacto con él para determinar su estado de salud.

Por otro lado, la señora Eugloria “Lucy” Rodríguez Santiago, quien tiene familia en los pueblos de Ceiba, Naguabo, y Estados Unidos, ya ha logrado contactarse con ellos para dejarles saber sobre su estado en la égida.

La envejeciente cuenta que luego del paso del huracán puso en manos de Dios a su familia y oró por el bienestar de ellos.

“Estaba preocupada. Y más que tengo un hijo que tiene problemas de la salud, tiene esclerosis múltiple y está muy delicado. Pero se lo entregue al señor”, relató la mujer.

Luego de varios días sin comunicación, Lucy dice que su familia logró hablar con ella al “treparse en la autopista” para recibir alguna señal de telecomunicación.

“[Cuando por fin hablé con ellos] Yo no lo podía creer, yo casi no podía hablar, y ellos casi no me podían escuchar”, rió la anciana, quien confesó que solo escucharlos la motivó a darle las gracias a Dios.

Al igual que muchos en Puerto Rico los residentes de la égida esperan con ansias la normalización del país para poder y el regreso de la luz.

“Nos hace falta a todos”, enfatizó “Pote”.

La égida La Merced se encuentra en la avenida Domenech en San Juan cerca del Colegio Nuestra Señora de La Merced. Ese sector continúa al día de hoy sin ningún indicio de regreso del sistema de luz eléctrica en el país.


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