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80 GRADOS

Burbujas en la UPR

Por: Manuel Martínez Maldonado
Publicado: 24/02/2013 10:38 am

Cuando una institución se politiza lo primero que decae es su administración. Una razón histórica para esa suerte inevitable es que se nombran a las posiciones claves gente de “confianza”, que la mayor de las veces quiere decir desconocimiento y lealtad ciega. Al principio no se nota, porque la maña está acompañada del secretismo que evita que se sepan los asuntos turbios que comienzan a fraguarse en estos complejos ideológicos. Se crea lo que se ha llamado, en el caso del pillaje mundial de las hipotecas, la burbuja: una condición de auto engaño acompañada de pavoneo por parte de los arquitectos de estos laberintos de incompetencia que se convencen de que son genios de la planificación y el logro.

80 GRADOS

Inherente a la burbuja es que los que ayudan a perpetrar el estado de falsa satisfacción se benefician de alguna forma de sus trampas y latrocinios. Invariablemente esa complicidad activa o ciega conduce a que los jefes emitan panegíricos declarando los extraordinarios talentos de sus copartícipes. De pronto, los que no tenían el conocimiento, ni las perspectivas de lo que iban a hacer, se convierten en grandes expertos que saben lo que saben: usualmente muy poco. Peor aún, no saben lo que no saben, y no lo sabrán nunca.

Ese es el caso de la Universidad, institución en la que cualquiera puede llegar a jefe de departamento, decano, rector o presidente, dependiendo de su inclinación política, sus conexiones (sus amigos) o su familia. Peor aún es la capacidad del que nombra a los nombrados de mirar a donde se guisa ($$$) o hacerse de la vista gorda. Hacer creer que hay un conocimiento de gran valor compartido entre los que ignoran mitiga la ansiedad de los elevados a puestos para los que no tienen la preparación ni el conocimiento, y los hace perros falderos del jefe que también llegó, no por méritos, sino por amiguismos o inclinaciones partidistas. Además, hay poco que se aprecie tanto entre los mediocres como compartir con sus semejantes dentro de la burbuja, pues es una forma de convencerse de que lo están haciendo bien.

En los regímenes totalitarios la educación, particularmente la superior, se convierte en diana del partido en el poder, porque es en ella que reside el pensamiento agudo y cualquier cosa con punta atenta contra la burbuja. Eventualmente los verdaderos universitarios de adentro o de fuera de la institución ayudan a estallar la burbuja. La universidad es también el equivalente adulto al niño que indica que el rey va desnudo.

En el nuevo orden en que el derechismo fundamentalista obra, la ignorancia es suprema en su ideario. Es una doctrina que está en contra de la ciencia: no cree en la evolución, el calentamiento global, y repudia los datos (el fundamento del conocimiento) prefiriendo suposiciones, chismes, mitos y fantasías que les traspasan a sus seguidores para poder controlarlos con otros mitos y fantasías que se inventan sobre la marcha. Tanto así que comienzan a creerse los disparates inventados y las mentiras, que se convierten en dogmas basados en la fe partidista que adquiere ribetes dictatoriales al perder algo esencial para el verdadero pensamiento democrático, la objetividad.

Como suele ocurrir con las pompas de jabón, se van uniendo unas a otras con facilidad. En nuestro caso, la de la UPR a la del gobierno central y, peor todavía, a la de la legislatura. Esta también mete tras bastidores su mano percudida en la caja de golosinas políticas que le ofrece el poder decidir si la universidad recibe dinero o no, controlar becas, enviar candidatos a las escuelas a las que es difícil entrar, y modificar la enseñanza que, según sus miembros, conlleva al izquierdismo.

He oído de presiones indebidas de parte de algunos senadores para que se aceptaran estudiantes a la escuela de medicina y a la de odontología. Cuando se llega a eso, la seriedad y calidad de la institución va en picada aunque no emerjan a la luz del día los trapos mugrientos de sus dirigentes.

Piensen en el desastre que representan las fallas que se han cometido con los donativos federales que a través de la National Science Foundation (NSF) le llegan a la UPR. Todo ese sainete es consecuencia del partidismo y la politización de la institución. En parte se ha querido premiar a unos por hacer lo que tienen que hacer. Es algo que no parece entenderse en nuestro país. Si a uno lo han contratado como maestro y lo hace bien, no es acreedor de un premio, es el deber y lo que tenía que hacer. El tiempo dice si uno se merece o no reconocimiento adicional. Si el contrato es para administrar fondos NSF no debe haber recompensa adicional por hacerlo bien.

Manejar fondos federales es una tarea cada vez más difícil y complicada y no aburriré al lector con los detalles de la circular A-21 de OMB1, que es un documento de 109 páginas, y a la que un administrador tiene que volver cada vez a cerciorarse de que no está cometiendo un error. Vayamos a un ejemplo sencillo.

Las universidades establecen unas escala de sueldos y unos incentivos. En el instante en que la institución somete y, si se aprueba, recibe un donativo federal para la investigación, se compromete y está obligada a llevar informes de tiempo y esfuerzo (Time and Effort Report) para cada persona que es parte del personal del grant. Digamos que el sueldo básico de un investigador a tiempo completo es $1000 al año, y es el investigador principal del grant en el que invertirá 30% de su tiempo. Esa persona deja de recibir $300 de la institución, cantidad que se recobra de los fondos federales, pero mantiene su sueldo en $1000. Usualmente, los técnicos que laboran en la investigación invierten 100% de su tiempo y reciben del grant 100% de su sueldo.

En el ejemplo, no se le pueden añadir al sueldo básico $300 porque implicaría que, a la semana, la persona trabaja las 40 horas estipuladas por ley más doce horas (30% de 40 horas), un total de 52 horas. Los fondos de grants no se pueden usar para aumentar salarios ni para suplementos salariales. El gobierno federal no paga horas extras para investigar (ni para administrar). Aunque se trabaje 80 horas a la semana, el sueldo básico institucional es lo que determina el tiempo y esfuerzo para los federales. O sea, en el ejemplo, 40 horas equivale a 100% y a $1000 anuales, no importa cuántas horas se trabaje. La institución, puede subirle el sueldo básico a todos los investigadores cambiando formalmente sus escalas para así extraer más dinero de los fondos federales, pero entonces, cuando se acaba el grant, no puede volver a reducir sus escalas sino que tiene que continuar pagando el sueldo más alto. Es lo que A-21 llama consistencia fiscal.

Bien llevado, el programa de fondos externos o patrocinados (sponsored programs), ayuda a las instituciones porque reciben fondos de costos indirectos para cubrir ciertos gastos asociados a la conducción de los experimentos necesarios para completar el “grant” (que, de paso, es más contrato que “donativo”, y significa que uno se compromete a hacer los experimentos que dijo que iba a hacer y a informar los resultados y el progreso del proyecto).

Los fondos indirectos, que están designados para cosas como el gasto de electricidad, agua, bibliotecas y administración, varían, como podrán imaginarse, de sitio en sito y se basan en datos obtenidos por la institución y corroborados por una agencia contratada por el gobierno para cerciorarse de la validez de la información.

Más importante es el prestigio que es para la institución tener fondos, ya sea del NSF, que respalda la investigación en las ciencias puras, o de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), que financia la investigación biomédica. La investigación original es lo que define al científico, y sus publicaciones basadas en sus pesquisas lo que le da presencia en la comunidad científica en su campo.

El misterio que rodea el desastre de la UPR y la NSF indica que el problema es muy profundo y serio. Por lo tanto, quieren que los detalles se queden en la burbuja. Desafiando la ley de que los documentos públicos lo son, no se ha presentado cuál es el verdadero problema con los informes de tiempo y esfuerzo. ¿Hay malversación de fondos? ¿Se les pagó a personas que no hicieron lo que se suponía hicieran en el “grant”? ¿Se le pagó de más a alguien? ¿Se gastaron fondos de investigación para cosas indebidas? ¿Se gastaron en cualquier cosa que no sea pertinente a la investigación? Hay una lista extensa de las cosas prohibidas en la circular 21 de OMB.

Con esta complejidad me temo que una investigación del Senado del problema UPR-NSF enmarañe la situación hasta hacernos llorar. ¿A quiénes van a oír? ¿Quién les va a decir cómo se hace si es aparente que no saben o no quieren hacerlo bien? Ese resorte que suele afectar a nuestros gobiernos de traer “consultores” que no conocen el problema (y que no pueden comunicarse bien con el personal universitario) tampoco es una solución. Entiendo que ya se han gastado dineros exorbitantes en esto sin que se evidencie ninguna solución.

El no haber resuelto ya este problema me temo nos dice mucho del pensamiento de la extrema derecha del el país. No querer seguir las reglas del gobierno de un país al que se quiere unir es el colmo del delirio. ¿Qué es, que los van a perdonar porque son proamericanos? ¿O es que son tan listos que se saldrán con la suya? Ese rechazo de las reglas que están en un manual de instrucciones es una forma de pensamiento retrógrada que solo la ausencia de lógica engendra. El pensamiento mágico que de esas mentes emerge, puede que sea peor de lo que presumo. Lo que hay que hacer es limpiar la casa y que personas competentes examinen y estudien el problema. Hay que explotar las burbujas. Para siempre.

*El autor es poeta, ensayista y crítico de cine. Tomado de 80 Grados.


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