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80 GRADOS

Autonomía política para las ciencias

80 GRADOS

Rafael Irizarry Quintero
11/05/2013 05:17 pm

Recientemente el congresista tejano Lamar Smith escribió una propuesta de ley titulada “The High Quality Research Act”. Ésta propone que las agencias científicas federales le rindan informes al congreso sobre los proyectos de investigación a los que le asignan fondos. Al oír esta noticia, los científicos nos preocupamos profundamente por el futuro de la ciencia y la sociedad que tanto ayuda. Hasta el momento, los mismos científicos, mediante la evaluación de nuestros pares, decidimos qué proyectos se financian sin intervención directa del Congreso. Este sistema se considera uno de los más exitosos del mundo. Como ejemplo, noten que el trabajo de cientos de científicos ganadores del premio Nobel han sido financiados por el NSF  y el NIH. Ningún otro sistema de financiamiento científico puede afirmar un logro así.

Involucrar políticos que carecen de la pericia científica necesaria para evaluar propuestas de investigación sería verdaderamente desastroso. La historia de los apparatchiks soviéticos que dictaban como hacer ciencia desde el Kremlin provee un ejemplo particularmente espeluznante del daño que pueden causar los políticos. A mediados del siglo 20, Trofim Denisovich Lysenko, un burócrata poderoso que nunca condujo investigación científica propia, veía las teorías de Mendel y Darwin como “capitalistas” y “anti-revolucionarias”. Varios científicos soviéticos que insistieron en continuar sus líneas de investigación basadas, correctamente, en la genética mendeliana, acabaron encarcelados. Además de retrasar la investigación científica, las decisiones de Lysenko tuvieron ramificaciones devastadoras para la agricultura y, como consecuencia, la población soviética [The Search of the Gene. Bruce Wallace. Cornell University Press, 1992]. Nuestra comunidad científica conoce esta historia y otras parecidas, por eso no resulta sorprendente que le demos suma importancia a la autonomía que actualmente disfrutamos.

Aunque no creo que volvamos a ver un caso tan extremo como el de Lysenko, la participación de los políticos en decisiones que afectan la investigación científica o las universidades en las cuales ésta se lleva acabo siguen siendo una amenaza. En una columna publicada hace más de un año escribí lo siguiente sobre la Universidad de Puerto Rico (UPR):  “Los administradores no pueden cambiar cada cuatrienio. El hecho de que el presidente cambia con el partido en poder demuestra una falta de seriedad que hace difícil reclutar administradores capaces. ¿Cómo puede una universidad tener una visión a largo plazo si se reinventa cada cuatro años?” En mi opinión, para la UPR poder competir en la esfera de la investigación científica, continúa siendo indispensable garantizar que no se politice la gobernanza.

Esta semana en la Universidad de Puerto Rico muchos científicos celebraron la salida de un presidente que pretendidamente puso en riesgo la investigación científica al no saber manejar los problemas con el NSF. También se celebró la llegada de un nuevo presidente (interino) con una admirable trayectoria científica y administrativa. Desafortunadamente, para lograr este cambio se violó la autonomía universitaria una vez más. Para nombrar al presidente entrante el gobernador y la legislatura tuvieron que intervenir directamente pasando una nueva ley. Por más satisfechos que estemos con los nuevos miembros de la junta de gobierno y su elección de presidente, no me queda otro remedio que asumir que una vez el otro partido tome el poder, se pasará otra ley para perpetuar este devastador círculo vicioso. El NSF, NIH y demás agencias federales que actualmente escudriñan a la UPR por las irregularidades con el “time and effort reporting” pueden haber notado la falta de autonomía política también. Los científicos que corren estas agencias saben muy bien cuan importante es esta autonomía. Nos debe preocupar entonces que se cuestione si una universidad controlada por políticos realmente merece recibir millones de dólares en financiamiento para la investigación científica.

La nueva junta de junta de síndicos y el nuevo presidente (interino) dan esperanza y hay que aprovechar el momento. Espero que el gobernador y la Legislatura entiendan que sin la autonomía que se da por sentada en otras universidades, estos nombramientos serán en vano. Esperemos que ahora le den prioridad a desarrollar la estructura necesaria para garantizar la autonomía universitaria en el futuro.

*Tomado de 80 Grados.

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