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En Blanco y Negro con Sandra

Los ñoñitos

En Blanco y Negro con Sandra

Sandra D. Rodríguez Cotto
17/05/2017 12:25 am

El otro día entré a una tienda y llega un matrimonio joven con un bebé en un cochecito. El nene jirimiquea, se mueve, se queja, y rompe a llorar.  Empieza el matrimonio a discutir y el nene gritando. La gente mirando. El “Pai” le dice a la “Mai”: “Cállalo”, pero ella contesta: “Eso te toca a tí, pa’ eso eres el pai y a tí te hace caso”. Eran en realidad dos nenes cuidando a un bebé y estaban todos así, ñoños. Miré la escena y pensé que así es que estamos todos en Puerto Rico, tan susceptibles que cualquier cosa nos altera. Ñoñitos.

Los estudiantes de la Universidad, gritando en una perreta. Muchos están en un tantrum que no oyen ni razonan. Como un bebé voluntarioso quiere que se haga como él dice y cuando él dice, y que se cierren los portones aunque el tribunal diga lo contrario. Pero el gobierno está peor. Metiendo miedo con el cuco del comunismo pa’ ver si mueven gente al plebiscito, pero calladitos, siguen en su jauja de dar contratos a los panas, barriles de tocino, aumentos de impuestos, y por el lado, les meten las manos y le tiran con todo a los nenes (y adultos) que se ponen de pie y protestan. A reprimir con todo y culpar a la víctima. Esa es la estrategia de los ñoñitos del gobierno.

También están los que hacen pucheros. Ese es el tipo de funcionario que parece que va a llorar, pero cuando un periodista le hace una pregunta fuerte que se sale del libreto prefabricado, se pone ñoño. Si no hace puchero, pone trompa. Se enfogona que le hagan preguntas inteligentes fuera del comunicado de prensa. Miran mal al periodista y lo tachan de rebelde y subversivo, sólo porque piensa. Es que en el país de los ñoños no quieren que tengas mente propia. Eso no le conviene a los que tienen el poder, sea en la derecha del gobierno o en la izquierda de las protestas.

¿Y el montón de profesores que están como la abuela? Allí, sentados en el sillón de la sala en lo que los estudiantes dan la batalla pero ellos, pero cobran su cheque y pelean entre mecerse o ver la novela turca. Son como los padres que quieren que el televisor o el ‘playstation’  le cuiden los muchachos.

La oposición está igual. Los populares están como los bebés que descubrieron como quitarse el pañal y juegan con lo que encontraron. Se quedaron jugando y embarrando con la caca los palitos de la cuna, y se olvidaron del resto del mundo. Viven en su mundillo y están felices con eso. A la mamá le va a tocar ir a limpiarles el embarre. Los pipiolos, con el babero puesto, todavía no les han cortado el cordón umbilical. Si no es Rubén Berríos no pasa nada. Además tienen los oídos tapados y no escuchan al pueblo. No hay Q-tip que les limpie ese oído.

Los penepés están como el bebé que grita desde la cuna para que le hagan caso pero nadie lo mira. Están montándoles un llantén a los americanos con el plebiscito, pidiéndole la teta, pero el americano le manda leche en fórmula. Muchos en Washington miran a Puerto Rico como pañal usado. Pensándolo bien, los penepés están como las mujeres que buscan hacer pruebas de paternidad para que el padre reconozca a su hijo, pero el padre no quiere ni mirarlo. Hacen un plebiscito criollo que al padre no le importa ni lo pidió como si fuera una prueba de ADN para obligarlo, pero el americano sigue en lo suyo. Bastantes líos tiene Donald Trump en su presidencia ahora mismo con los rusos y los republicanos para estar pensando en esta elección.

Entonces, los comentaristas políticos en la radio son como los muñequitos que les ponen en la televisión a los nenes para que se entretengan. Recuerden que por ley, hay que tener programación infantil. Y la gente en las redes sociales, es como el nene creativo. Ese es al que le dan una crayola para que pinte en el libro y te pinta en las paredes. Tienes que estar diciéndole “mijo, no ensucies las paredes”, y así mismo tienes que estar en las redes sociales a veces.

Mientras tanto, muchos los periodistas, han caído en la trampa. Todo el mundo espera que la prensa sea esa voz adulta, pero a muchos no les importa porque les conviene la ñoñería. Dicen que está “in”. It’s in to be childish. Parece que el baby food que nos dieron, nos embruteció. A lo mejor fue el agua contaminada de Acueductos que nos tiene ñoños, con cólicos. Viejos en edad, pero con mente de niños. Así es que el gobierno nos trata. Como niños.

Ojo, no es que menosprecie lo que cada uno piensa, es que estamos en un ambiente con un nivel de tal polarización, que ya no se razona. Tampoco hay sentido del humor. Todo el mundo se ofende. Están ñoñis. Como los millenials, changuitos.

Los que no hablan, están chupando bobo, pero bobos no son. Calladitos están, pero esperando a que otro resuelva por ellos. Claro, la fácil. Barriga llega, corazón contento. Ese es el más ñoñi de todos.

El problema con todos estos ñoños es que amenazan al que ya creció y que está caminando por sí solo. No lo dejan moverse. Lo quieren amarrar y por eso le hacen la vida imposible para que se enfogone y se vaya. Es como si fueras al cine a ver una película y se te sienta al lado un bebé llorando pero los papás no se inmutan para que se calme porque no les importa si con ese ruido no te deja a tí oír bien. En vez de levantarse, no lo sacan del cine. Tú puedes aguantar un ratito, pero te desesperas y te vuelves loco. Te quieres ir. Eso es lo mismo que le hacen los ñoños a los que aquí están sobre sus pies. Los arrinconan, los hostigan o los persiguen para que se tengan que ir, en bonche, fuera de aquí.

La Junta de Control Fiscal se suponía que fuera la babysitter, que bregaría con los niños que lo embarraron todo y dejaron endeudado al pueblo y a los contribuyentes americanos. Y aquí pensaban que venía a salvarnos, pero no. Pensaban que nos iba a cuidar, pero lo que está pendiente es a poner a sus panas a gozar. Todo el mundo está en la ñoñería. Por eso es que este pueblo no echa pa’lante, si no se acaba la corrupción y todo el mundo se pone a trabajar, pero todo el mundo está en su ñoñería.

Y ahora, para el colmo, nos asignaron a una pediatra americana. ¿Será porque los médicos de aquí se están yendo del país?  La jueza de la Corte de Quiebra es como si fuera la pediatra de los ñoñitos. Dentro de par de semanas y meses la veremos dándonos su receta de medicina amarga para todos. Entonces, criticamos al que se levanta y exige, pero también al que trabaja y quiere luchar. Todo es una noñería. Aunque somos un país de envejecientes, actuamos como niños.

La situación del país, con lo grave que es, la manejan como si fuera un juego de niños. Y cuando un nene tiene el pañal lleno de caca por mucho rato, se quema. No hay Desitin ni vaselina que le cure eso. Aquí lo que hay es un montón de políticos quemaos’  que hace tiempo el pueblo no les cambió el pamper en la elección pasada.

Porque todo es un juego. Pasa con los taxistas cayéndoles a palos a los Uber si importarle los turistas y la imagen del país, pero los Uber vienen con la trampa y la corrupción, y bendecidos por funcionarios de ésta y del pasado gobierno. Si el gobierno fuera adulto, le quitaría las restricciones a los taxistas para que todos compitan en igualdad de condiciones, pero siguen como niños. El pueblo sabe la que hay.
Igual pasa con el descaro del gobierno gastándose miles de dólares en anuncios para decir que la quiebra es buena, cuando a todos nos educaron que en la vida había que ahorrar. Es como si el bebé todavía no sabe hablar y  le enseña a que su primera palabra es “quiebra” en vez de papá o mámá. No.

Estamos mal. En vez de aprender a caminar, seguimos gateando, con el bobo en la boca y el pamper embarrao’ hasta arriba. Si seguimos así, no hay Chub que limpie este cagazón. Como país tenemos el fondillo sucio, es tiempo que se limpie y se dejen de ñoñerías.

*La autora es relacionista profesional y mantiene el blog En Blanco y Negro con Sandra.


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