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NOTICEL DESDE ADENTRO

No es lo mismo llamar al diablo que verlo venir

NOTICEL DESDE ADENTRO

Richard I. Colón Badillo
12/09/2017 12:26 am

Cuando decidí ser periodista fue porque mi amor por la escritura equivale a mi amor por la aventura. En mi ideología de recién graduado, el periodista es aquella persona que día a día se posiciona en el medio de la acción para llevar la crónica de lo que sucedió y mantener una recopilación para el resto de la historia. Yo quise ser periodista para vivir la vida de aventuras que sólo grandes escritores como Gabriel García Márquez y Ernest Hemingway podían contar en sus textos.

Claro… no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir.

Cuando el paso del huracán Irma ya era inminente, y todos los puertorriqueños comenzaron a hacer sus preparativos para la llegada de la tempestad, yo leía los boletines del Centro Nacional de Huracanes, mientras en mi mente planificaba todo lo que haría con mi familia.

“Tengo que comprarle kennels a mis perros. Entiendo que mi casa puede aguantar esos vientos pero igual le voy a preguntar a papi para eso de asegurarme. Espero que tengamos dinero para hacer compra. Vamos a tener que subir a mi abuelo… ¿podré lidiar con mi perro dentro de la casa? Él está acostumbrado al patio…”

Todos esos pensamientos desaparecieron el martes durante la reunión del equipo de editorial de NotiCel.

“Vas a estar en Manejo de Emergencia”, me reveló mi jefe, pues dadas mis circunstancias era donde único podría llevar a cabo mi trabajo. Mi corazón dio un brinco.

¡Por fin, el momento que esperaba desde que me gradué y comencé a trabajar en los medios, estar en el medio de la acción!

Hasta que entendí lo que es estar en el medio de la acción significaba.

Con sentimiento llamé a mi mamá y le dije que no podría pasar el huracán con ella y mis hermanas, pues tenía que ir a cubrir este evento noticioso para mi trabajo. Fue difícil despedirme de ellas, mientras evacuaban nuestro hogar para dirigirse a casa de familiares en Aguadilla.

Mientras me despedía por mi mente corrían muchísimos sentimientos, y fueron las palabras de mi madre las que me hicieron reflexionar.

“Este es tu trabajo”.

El día siguiente llegué a la sede de Manejo de Emergencia, un edificio en la carretera vieja de Caguas, y el centro de mi mundo durante el paso del huracán. Me adentré a la sala de prensa y tomé mi lugar alrededor de grandes y reconocidas figuras del periodismo en Puerto Rico. No me sentía intimidado pese a mi poca experiencia, me sentía halagado de poder compartir esta responsabilidad con grandes profesionales.

La llegada de los funcionarios públicos del gabinete del gobernador Ricardo Rosselló tampoco me desalentó en mi faena, había estudiado para esto, estaba listo para lo que fuera, tenía que estarlo.

La conferencia de prensa fluyó como fluiría cualquier conferencia, el anuncio del gobernador, información adicional provista por expertos o por algún líder de agencia y las preguntas de los periodistas. Estaba decidido a preguntar, si acaso para sacar algún tipo de información.

Algunas fuentes me informaron del miedo que vivían por una grúa que se dejó montada en Isla Verde y que con el comienzo de los vientos de Irma daba vueltas. Basé mi pregunta al gobernador en eso.

Fue luego de la contestación del gobernador que me comenzaron a llegar los mensajes de mis allegados:

“¡Te vi!”

“¡Loco, te escuché!”

“¡Muy orgulloso de ti!”

“¡Esa es la que es!”

Una sonrisa se asomó en mi cara, pero sabía que no era nada de que enorgullecerme, después de todo ese era mi trabajo, pero el simple hecho de saber que las personas reconocían el esfuerzo que tomó llegar a ese punto, las noches de desvelo, las lágrimas vertidas, y los fracasos sufridos, me llenaba de aliento.

La llegada de Irma ni la sentí. Entre el estrés del trabajo que sobrellevaba, manteniendo viva la página de NotiCel junto a mis compañeros, el cansancio repelido a son de Coca Cola y café, y la preocupación de mi familia, me mantenía anestesiado.

No obstante, aún a las 7 de la noche, no concebía ni gota de sueño. Las actualizaciones del director de Manejo de Emergencia las enfrenté junto a los otros periodistas que se encontraban en esos momentos en la sala de prensa, un número mucho más pequeño del que había llegado en la mañana.

La adversidad crea amistad, y en el medio de toda esta crisis compartí momentos con periodistas de otros medios, quienes en esos momentos no fungían como rivales, sino como colegas que compartían las mismas circunstancias, personas que se despidieron esa mañana de sus familias al igual que yo, que llegaron a esas oficinas para informar la verdad al pueblo de Puerto Rico y que les pesaba ya al final del día la labor que realizaron por más de 12 horas corridas.

En la noche nos anunciaron la realidad de la situación a nuestro alrededor. El peligro de los fuertes vientos ya había pasado, estábamos libres para encaminarnos a nuestros hogares, pero el trayecto estaba lleno de escombros causados por el paso del huracán, y la falta de luz hacía difícil el desplazarse por las calles.

Aunque algunos compañeros optaron por irse, yo decidí quedarme por dos razones primordiales: número uno, mi madre me lo pidió, número dos, mi jefe me lo ordenó.

Esa noche dormí en un catre que me proveyeron los oficiales de manejo de emergencia. ¿Alguna vez le han comprado a sus hijos los matresitos para dormir en las escuelas? Eso hace una mejor cama que los catres donde dormimos, pero no me quejaba, tenía un lugar donde dormir en una de las peores tormentas que había afectado a Puerto Rico en tiempos recientes.

Mis pensamientos regresaron esa noche a mi familia, que a esa hora comenzaban a sentir el azote de los vientos de una Irma saliente.  

“¿Cómo estarán mis hermanas? ¿Mis perros estarán asustados o tranquilos? ¿Cuánto daño tendremos que trabajar cuando regresemos todos a casa?”, estos y muchos más pensamientos me llegaban.

Sin duda alguna no era lo mismo llamar al diablo que verlo venir…

No obstante, fue ese entonces cuando me enorgullecí, porque ante todo crecí. Bien dijo Ada Monzón que este huracán dejaría un nuevo Puerto Rico luego de su paso, y por lo menos en mí tuvo razón. No espero la llegada de otro huracán, pero sí espero que al igual que esta experiencia, vengan otras más que me ayuden a crecer profesionalmente y humanamente. ¿De eso se trata todo no? De evolucionar.

*El autor es editor de mesa de NotiCel.


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