Economía

"Ya estiré el chicle hasta donde puedo: Me voy de Puerto Rico"

Puertorriqueños se enfrentan a nueva realidad

“Lo hago por mis hijos. Yo no me voy porque quiera abandonar mi país. Lo hago por mis hijos. Yo he luchado hasta ahora, pero las condiciones del país no lo permiten. Ya no puedo estirar más el chicle”, repitió a NotiCel tras narrar esta sicóloga que llevaba seis semanas sin poder trabajar y sin expectativas de que las cosas mejoren.

Tomó la decisión de irse ya que desde principios de septiembre no había generado ingresos porque no podía abrir su oficina médica. Sin electricidad y sin comunicación en el norte del país, había sido imposible reanudar sus operaciones.

“Un buen día me levanté y no tengo trabajo”, describió la sicóloga. Eso fue hace seis semanas. Aun si empezara a atender pacientes, no cobraría sus facturas hasta diciembre.

Sin embargo, su preocupación principal es la salud física y mental del país que se ha visto deteriorada como consecuencia de la devastación del huracán y el colapso del servicio eléctrico.

La falta de energía- dijo- tiene un efecto dominó que ha trastocado la cotidianidad de la Isla que no parece arrancar a más de un mes del ciclón.

“Si ves las cosas como una cajita, todo está a la mitad. Mis hijos se enfermaron y casi no pude conseguir un médico”, explicó tras insistir que intentó esperar la recuperación, pero ya le es imposible.

El caso de David Villafañe es similar, pero él está del otro lado. Se quedó en Puerto Rico, por ahora, pero se fue su vástago. David es un padre divorciado que aceptó dejar ir a su hijo Camilo de 13 años con su madre tras esta perder todos sus contratos de servicios profesionales luego del huracán.

“La decisión no se toma en el momento. Tuve que pensarlo, pero no se puede ser egoísta, él tiene que educarse, echar pa’lante. Lo veo como una muy buena oportunidad para sus 13 años”, aseguró.

Aunque su hijo partió hace poco, David ya hace planes para viajar el próximo mes para compartir con motivo de su cumpleaños. Asegura no se arrepiente de la decisión porque, aunque difícil, era necesaria para que el adolescente no perdiera el semestre escolar en la UHS, escuela laboratorio de la UPR de Rio Piedras.

“El nene estudia en la UHS y la UPR está bajo incertidumbre, por lo que se decidió que fueran a la Florida al menos tentativo por tres meses y que (el hijo) termine el semestre”, relató tras recalcar que son muchos los padres de estudiantes de la escuela laboratorio que ponderan trasladar sus hijos a Estados Unidos para continuar estudios.

Además de sus fuertes vientos y lluvia que arrasaron todo a su paso, María ha tenido un efecto serio en la economía. Es que la falta de electricidad y de telecomunicaciones provocó el cierre de  muchísimos negocios mientras otras empresas han optado por recortar horarios o cesantear a personal para manejar el costo económico que supone mantener operaciones bajo las nuevas condiciones.

Algunos negocios se mantienen operando, pero ante la falta de movimiento económico y el costo adicional de los daños y reparaciones, anticiparon a su personal que algunas medidas se podrían tomar en las próximas semanas o meses.

La inseguridad de una entrada regular de dinero y la situación de caos e inestabilidad por la que atraviesa el país parece ser el empujón final que algunos boricuas necesitan para “dar el salto”.

Unos 470,000 puertorriqueños podrían dejar su país en los próximos dos años como resultado del devastador azote del huracán María en la Isla, y el estado de Florida, seguido por Pensilvania y Texas, según un informe que dio a conocer el Centro de Estudios Puertorriqueños.

El estudio estima, con base a datos del Censo, que entre 114,000 y 213,000 boricuas emigrarían anualmente, lo que llevaría a la Isla a perder el 14 por ciento de su población (470,335). De esta cifra, el texto señala que entre 22,710 a 42,771 niños en edad escolar migrarán junto a sus familias y entre 17,250 y 32,721 entre los 18 y 24 años.


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