La Calle

María incrementa misiones de rescate

Hay más de 113 personas desaparecidas en la Isla.

Arecibo - A medida que pasan los días y las vidas de miles continúan en peligro, ya sea por las inundaciones o la falta de seguridad en los hogares —y lo que queda de ellos—, la labor de un rescatista cobra mayor pertinencia. Más aún ante el hecho de que se desconoce el paradero de unas 113 personas desde el 20 de septiembre —día del huracán María—, según el Departamento de Seguridad Pública.

En esa línea, personal de la Agencia Estatal Para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (AEMEAD) realiza misiones diarias para asegurar el bienestar de los ciudadanos y animales. Es por eso que Rafael E. Oquendo, coordinador de Búsqueda y Rescate del Municipio de Arecibo, y Harold López, paramédico y rescatista, relataron sus experiencias tras el fenómeno atmosférico en la labor que aún no cesa.

El Rescate de Martel

A pocos días luego del huracán, el grupo de Oquendo y López se dirigió hacia la urbanización Martel para transportar a tres personas ubicadas en zona propensa a inundaciones.

Prepararon sus salvavidas, cascos y otro equipo, y movilizaron el bote. Después de arriesgarse, contó López, las personas rechazaron la ayuda porque, aseguraron, tenían salida por el monte.

Durante el huracán María, las viviendas de ese sector fueron arropadas por agua. La misma suerte corrieron hogares en Rodríguez Olmo y Arecibo Gardens.

Pasada la emergencia, el grupo de rescatistas visitó las comunidades nuevamente a modo de calmar “una quisquilla” que continuaba latente y en respuesta a una información suministrada por vecinos.

“Como ya estaba la información, entre nosotros mismos decidimos dar la vuelta. Nos quedamos con esa quisquilla, como uno dice, y eso fue que Carlos Guzmán y otro compañero más salieron hacia un lado y Rivera y yo salimos hacia otro y lo encontramos”, explicó López.

Entre “la maleza y unos árboles” se toparon con el cuerpo de un hombre de 68 años y residente de Martel, quien perdió la vida al ser arrastrado por un golpe de agua. No obstante, ese día también rescataron a dos perros con vida que estaban atrapados entre los escombros.

El proceso de rescate del cuerpo y los perros en Martel duró 10 minutos. Como esa, han experimentado misiones de corta duración, algunas de cuatro a cinco horas como un rescate realizado en el sector El Valle, y otras de hasta 24 horas.

Los rescatistas laboran durante siete horas y media. Sin embargo, ante la crisis humanitaria en la que se encuentra el País, se someten a turnos de 12 horas con poco o ningún tiempo de descanso. Como era de esperarse, la cantidad de misiones ha incrementado desde el impacto del fenómeno atmosférico.

Ambos rescatistas tuvieron sus comienzos en las tropas de Niños Escuchas, adoctrinados bajo el lema “siempre listos”, además de contar con familiares destacados en profesiones de la salud.

Al igual que el resto de los ciudadanos, no están inmunes a perderlo todo, pues ambos sufrieron pérdidas en sus hogares. En el caso de Oquendo, perdió el techo de su casa y las pertenencias dentro de ella.

“¿Qué hice? Pues me senté en una silla, abracé a mi esposa y nos echamos a llorar. Terminamos de llorar, ya, vamos a trabajar. Descansamos nuestras horas reglamentarias y venimos a las seis de la mañana y estamos hasta las seis, siete, ocho, nueve, lo necesario para hacer el trabajo que tengamos que hacer”, afirmó.

La gente debe aprender

Aunque llevan varios años en la profesión, Rivera y López entienden que gran parte de los rescates pudieran evitarse si las personas acataran las señales de alerta para preservar sus vidas.

“Después que se le advierte a la persona que deben salir y son áreas inundables, no se van porque no quieren dejar la residencia sola. Después vienen a llamarnos de que el agua está casi dentro de sus residencias y que los saquemos. Estamos arriesgando la vida del rescatista, más la vida de la persona que se va a rescatar”, lamentó.

En ese sentido, manifestó, en ocasiones su labor es agridulce e ingrata porque su propósito es salvar vidas, pero las personas no se lo permiten.

“La vida no se recupera, lo material se recupera. Por más que se le dice a la gente, la gente no hace caso. Gracias a Dios que muchas personas en este fenómeno [María], como se les estaba diciendo que era uno destructivo, hicieron caso. La mayoría, podemos hablar de un noventa y pico de por ciento que hicieron caso, pero siempre se queda gente en las casas. Siempre”, subrayó.

El 10 de octubre, a más de dos semanas del paso del huracán, el gobierno fijó la cifra de muertos en 43, a pesar del reclamo general sobre un número más alto.

La Administración Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) anunció mediante un comunicado de prensa que, al 28 de septiembre, sus equipos de Búsqueda y Rescate Urbano habían “ayudado o salvado” a unas 843 personas y cinco mascotas en un registro de más de 2,600 estructuras.

“Lo que nosotros estamos viendo en la calle, es algo que jamás lo pensaríamos nosotros que en Puerto Rico hubiese pasado. A la ciudadanía que tenga paciencia que la ayuda va a llegar, pero que tengan paciencia porque son muchos. Es Arecibo y Puerto Rico completo”, finalizó Rivera.


NC.TV