Para quien no conoce de psicología es difícil entender cómo María José Casellas Paredes y Carolina Casellas Paredes, entraron al funeral de su madre de los brazos de su padre e incluso lo llegaron a defender a través de su cuenta de Twitter.
Carolina, la mayor de ambas, a pocos días del crimen publicó en la red social “dejalos que hablen, dejalos que digan. ellos nada saben, si no tienen heridas". La joven que cursa su cuarto año en el Colegio Puertorriqueño de Niñas, también se mostró hostil con la prensa durante la cobertura del velorio de su madre.
La psicóloga clínica y catedrática del Departamento del Psicología de la U.P.R., Amaryllis R. Muñoz Colón, hizo la salvedad de que no puede ofrecer ningún análisis del caso, debido a que no conoce con el rigor necesario los detalles de la situación que atraviesa la familia Casellas Paredes. Sin embargo, accedió a discutir posibles conductas generales por las que atraviesan familiares y en particular, los/as hijos/as que enfrentan muertes súbitas de una madre.
“Ante la noticia de una muerte inesperada se puede producir un 'shock', que no es más que un estado alterado de conciencia. Mi experiencia en la clínica es que después de una muerte súbita, la familia sufre un proceso de duelo. El golpe es tan doloroso que luego pueden no acordarse de quién los/as acompañó en la funeraria. Ante el dolor, el mundo entero no es el que está presente en su mente, sino la persona ausente, los miedos que produce no tenerla más, su necesidad de apoyo, su orfandad”, explicó.
En relación a la lealtad que pueden mostrar hijas jóvenes hacia un padre, que la sociedad lo acusa de ser el autor del crimen cometido contra la madre, Muñoz explicó que "somos partes de una cultura patriarcal y paternalista, donde las figuras paternas adquieren un papel central de poder, control que muchas veces no necesariamente es compartido con la figura de la madre”. "Cuando en un hogar se vive violencia doméstica, los/as hijo/as muchas veces tienden a reproducir las actitudes y patrones de desvalorizaciones de ese padre hacia la madre, sin entender que esas hostilidades a la figura femenina no son aceptables”, añadió.
Para la psicóloga, cuando en un asesinato aún no hay elementos claros sobre el autor del crímen, "los familiares, sobre todo sus hijos/as pueden significar las acusaciones sociales hacia éste como una amenaza adicional a su ya perdida estabilidad" . “Los/as familiares del sospechoso atraviesan por una crisis de negación y ven las noticias, los comentarios de los medios, como una amenaza más, pues para ellos/as esa persona, aún cuando tuviera mal carácater o fuera impulsivo, no era capaz de matar ”, subrayó.
Los hijos/as pueden defender y refugiarse emocionalmente en ese padre, sospecho para todos/as menos para ellos pues "además de ser el otro de sus afectos, atraviesan nuevos acomodos psicológicos, traumas, manifestados a través de la negación, pactos incondicionales con el padre como mecanismo inconciente para preservar su mundo simbólico”, expresó Muñoz.
La doctora señaló que cuando entre las posibles causas de un asesinato existen teorías tales como venganza, narcotráfico o el robo, “los familiares pueden optar por decirse internamente que él (su familiar) no es el asesino". "Tienden a negar lo que para muchos/as es obvio", puntualizó.
Muñoz concluyó recordando que la pérdida de una madre, aún cuando no sea un asesinato, es un evento devastador en sí mismo. La pérdida de esa figura que “culturalmente representa la protección, la seguridad, los valores, la identidad de género, el amor incondicional, produce desolación y desamparo". "Los/as hijos/as buscan consuelo y protección en el padre que queda vivo, si es una familia en la cual la figura paterna ha sido una figura importante”, recalcó.
Vea también:
Caso Casellas: Hijas se expresan en Twitter
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