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Nota publicada hace más de 60 días.

Denuncian a 'Fish and Wildlife' por dilatar proceso de limpieza en Vieques

(Archivo NotiCel)

Rafael R. Díaz Torres
29/04/2013 09:48 pm

A diez años de la salida de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, la Isla de Vieques ha sido víctima de la burocracia federal, investigaciones científicas cuestionables y obstáculos que permitan mayor participación ciudadana,  según el artículo “Vieques, a Target in the Sun”, publicado por George Withers de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés). 

Tras hacer una extensa sinopsis histórica de la presencia de la Marina en Vieques desde la década de 1940, así como un análisis de los diferentes movimientos ciudadanos que se gestaron para enfrentar dicho cuerpo militar, Withers comenta sobre la actualidad de la isla-municipio, su estancamiento económico y la pobre calidad de vida que enfrentan sus residentes.

Más aún, WOLA sugiere que el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre (Fish and Wildlife) ha constituido un ente obstaculizador en términos de proveer participación ciudadana y facilitar la limpieza de los terrenos contaminados, en concordancia con estándares aptos para la sana convivencia humana.

Esto, a pesar de que Fish and Wildlife prometió proteger y ayudar en la restauración de los terrenos que le fueron encomendados, tras la salida de la Marina en mayo de 2003.

“Sin embargo, muchos residentes visualizan Fish and Wildlife, no tanto como el protector del medio ambiente, sino como lo describió la académica Katherine McCaffrey, ‘como el usurpador más reciente de la Isla. Los residentes ven el mandato para proteger los terrenos de la antigua base militar como una extensión de las restricciones del control absoluto de los terrenos establecidos, tal y como lo estableció la Marina (en el pasado)’. Hay constantes desacuerdos entre el personal de Fish and Wildlife y los residentes locales en torno a cuándo y cómo se pueden utilizar las propiedades. Los pescadores locales también critican frecuentemente la agencia por las restricciones que impone en sus actividades”, plantea Withers en el artículo.

De acuerdo al autor, Fish and Wildlife ha sido igualmente cómplice en la falta de diligencia ha existido en términos de acelerar la limpieza de los terrenos que la Marina estadounidense ocupó por cerca de seis décadas.

Explica WOLA que, al celebrar una limpieza basada mayormente en estándares supuestamente satisfactorios para especies no-humanas, Fish and Wildlife ha participado de un discurso ambiental que pudiera omitir un plan más integral de sana convivencia entre todas las especies, incluyendo la humana.

En ese sentido, Withers responsabiliza al Congreso por tal conformismo en la gestión de limpieza, y por haber permitido que gran parte de los terrenos de Vieques pasaran a manos del Departamento del Interior y Fish and Wildlife, en lugar de los ciudadanos y ciudadanas de la isla-municipio.

“Primeramente se le negó a la gente de Vieques una oportunidad de beneficiarse directamente del uso de los terrenos para sus propios propósitos. El Congreso (de EEUU) debatió este punto y decidió que, hacerlo de otra forma (en beneficio de los residentes), sería premiar a la gente que forzó la salida de la Marina de su codiciada área de entrenamiento. Segundo, esta situación estableció unos estándares bajos para remediar los terrenos. Si la meta fuera con propósitos de localización humana, la Marina estaría obligada a proveer un hábitat casi prístino. Por el contrario, para usos de refugio silvestre, que pudieran estar más alejados de la población humana, los requisitos de limpieza son menores y los ahorros en costo son enormes”, argumenta Withers.

El artículo menciona, además, cómo la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades, despachó sus estudios sin querer establecer vínculos directos entre los problemas de salud de los viequenses y la actividad de la Marina que dejó sobre el terrenos material nocivo a la salud humana y de cualquier otra especie.

WOLA también cuestiona el sistema de pesos y contrapesos que existe entre agencias ambientales federales y la Junta de Calidad Ambiental de Puerto Rico. Según el artículo, la burocracia y la cantidad de documentos revisados por los gobiernos federal y estatal, previo a cualquier acción sobre el terreno, dilata todo proceso de limpieza en las áreas de mayor impacto hacia los civiles.

De igual manera se señala lo problemático que ha resultado para la población el hecho de que el gobierno federal haya contratado corporaciones estadounidenses para llevar a cabo una limpieza en la cual los residentes afectados no han tenido participación.

“Para muchos que viven en la Isla, la limpieza no ha sido lo suficientemente rápida, ni lo suficientemente abarcadora. En términos generales, existe mucha suspicacia de los esfuerzos de limpieza de la Marina debido a la rampante desconfianza que impera, tras décadas de promesas incumplidas y trato duro de los militares hacia la población local”, enfatiza el documento. 

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