En Blanco y Negro con Sandra

Asalto a la cultura

En Blanco y Negro con Sandra

“Titi yo quiero pastel de moras”, me dijo un sobrinito hace un tiempo. “¿Pastel de moras? ¿Querrás decir bizcocho de fresas o frambuesas?”, respondí, pensando que ese nene está aprendiendo a hablar un español que no es puertorriqueño. Se la pasa viendo Discovery Kids o el Disney Channel. Entonces caí en cuenta de que vivimos un asalto grande a nuestra cultura. Son varias generaciones las que casi no tienen referentes locales fuera del reggaetón – que sí es de aquí – o el rap y ahora el trap. Pero Puerto Rico es más que eso.

Mi generación se crió con Pacheco y el tío Nobel, que ninguno era de aquí, pero había otras alternativas de programación local. Nos veíamos en las novelas, en programas de comedia y hasta las traducciones de muñequitos eran a lo puertorriqueño. Ahora no. Ahora el mensaje es que sin tetas no hay paraíso, que triunfa quien sea el señor de los cielos o se crea narco, y que no se habla, sino que mejor se grita, como hacen en el show de la Dra. Polo. ¡Y después se quejan de que hay 'bullying 'en las escuelas, si eso es lo que ven los niños y adolescentes cuando llegan a sus casas! Pero yo nunca he visto a los moralistas haciendo un piquete para que pongan esos programas en otros horarios más adecuados.

No es que antes fuera mejor, ya que había mucho prejuicio, pero por lo menos los referentes eran más nuestros. Se desarrollaba toda una cultura popular que desde hace como 10 años la hemos perdido con una rapidez y un silencio ensordecedor.

Menos TV local ha coincidido con menos dinero para todo aquello que sea formación. Dejaron sin dinero al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y eliminaron toda subvención a otras 36 entidades culturales como si quisieran borrarlas del mapa. El Coro de Niños de San Juan, Ballets de San Juan, la Fundación Nacional para la Cultura Popular, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, la Universidad de Puerto Rico, la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, bibliotecas y muchos otros. Hasta eliminaron la Semana de la Puertorriqueñidad de las escuelas públicas como preludio a las chárter, pero por lo menos las maestras y directores escolares resistieron, manteniendo los programas que exaltan nuestra historia.

Entonces pasó el huracán María y llegamos al 2018 en crisis, que es la excusa perfecta para borrar de la faz de la tierra todo vestigio de puertorriqueñidad. Eso es lo que se deduce al analizar lo que nos pasa y que no se discute públicamente con profundidad y seriedad. Por eso estoy convencida de la importancia de la noticia que NotiCel reveló en exclusiva sobre las 44 agencias que el gobierno junto a la Junta de Control Fiscal planifican cerrar o privatizar. Ese listado arrojó el asalto más grande a la cultura puertorriqueña en décadas.

WIPR, el Centro de Bellas Artes, el Conservatorio de Música y la Escuela de Artes Plásticas son cuatro pilares en defensa de la cultura en general y de la puertorriqueña en específico, que serán vendidos, pero es como si fuera un pacto de silencio. Nadie quiere hablarlo abiertamente. Tampoco dan alternativas para actualizar los servicios que allí se prestan. No. La única idea es venderlos.

Los comentaristas en la radio no tocan este tema ni con una vara larga por dos razones sencillas: 1) Todos son hombres (muchos son machistas) que ignorantemente suelen ver el arte como algo femenino, o sea, descartable. Como machos que son los más que gritan, hablan y hablan y hablan de lo suyo, sin importarle el interés de los demás, y se enfocan en su ideal o en sus clientes, aunque la gente esté más preocupada por no tener luz; y número 2), Ignoran la cultura porque piensan que no les da rating. Creen que a la gente lo único que le interesa es la política y no quieren salirse de sus cajitas preconcebidas. (Claro, amigo lector, si en par de días escucha a alguien hablando de cultura, fue que reaccionó al leer esto y se dio cuenta de su error).

Lo cierto es que el silencio ante estos ataques a la cultura también van de la mano de la eliminación del periodismo cultural e investigativo. Ya casi no quedan reporteros dedicados a estos temas en los medios. Los pocos que quedan no dan abasto y los tienen arrinconados. Compiten con el silencio de colegas que no reportan lo que pasa porque no se quieren “quemar”, en caso de que necesiten trabajo con algún político.

Por eso es que nadie habla del caos que hay en el Archivo General donde los documentos históricos y obras únicas de Puerto Rico las “pierden” y se están dañando. Por eso nadie publica que a empleados en agencias culturales que hacen los señalamientos, los mueven de sus puestos usando alguaciles como si fueran criminales. Por eso no cuestionan a quién le venderán WIPR, o por qué el actual director ejecutivo Rafael Batista (autoproclamado “soldado cristiano”) pasó los programas religiosos de la mal llamada apóstol Wanda Rolón y de una iglesia católica en la televisora del gobierno, cuando se supone que haya separación de iglesia y estado.

Pero creo que además hay otro elemento que pocos en el sector de la cultura quieren admitir. Me refiero a que las instituciones culturales también están contaminadas con el virus de la politiquería. O sea, no es una enfermedad del PNP o del PPD. Ataca a la izquierda, al independentismo y a los soberanistas también.

Algunas de las entidades públicas bajo amenaza de venta llevan décadas convertidas en cunas de mantengo cultural. Son las que cada 4 años apoyan solamente a los suyos, los de su “piña” de bendecidos, descartando a muchos artistas con verdadero talento o con propuestas innovadoras. Por eso también, mucha de la oferta en estas instituciones a veces es repetitiva, y francamente, aburrida. Y como el ciudadano promedio está tan abrumado por tanta necesidad económica, está tan harto de la politiquería, y puede meterse a Internet o a cable TV, se desconecta de lo local y dice “mejor que las vendan”.

¿Y con qué nos vamos a quedar? Con lo que nosotros mismos generemos. El pueblo va a privatizar nuestra cultura como la única alternativa de resistencia. Por eso insisto. No podemos permitir que quien defina lo que somos son los que vienen con las leyes 20-22 o con los cryptocurrencies, ni los elitistas que han dominado el espacio en vez del talento real. Hay que crear de maneras alternativas. Hay que salirse de la politiquería y del mantengo, y apoderarse de los espacios. Llevar el arte a las comunidades, como tantos artistas, cineastas y escritores hicieron desde el huracán María, cuando visitaron cientos de refugios, llevando más apoyo que el mismo gobierno. Y no me refiero a quedarse solo en decir “bomba” o “le-lo-lai”. No. El arte y la cultura no pueden ser estáticos como a veces se pretende.

Si no se combate este asalto mediante la autogestión y con creatividad, nos pasará como a Hawaii, donde destruyeron la cultura local y la dejaron reducida a esquinas folklóricas y de turismo. Tengamos presente lo que es obvio: El respetarnos como puertorriqueños no es la prioridad del gobierno actual que se doblega ante lo estadounidense, pensando que es mejor y le besan el trasero. Es evidente que nuestra identidad está bajo ataque. Recordemos siempre que han tratado de eliminar nuestra cultura puertorriqueña por más de 100 años, pero no han podido. Nos queda resistir como nunca antes.

*La autora es relacionista profesional y mantiene el blog En Blanco y Negro con Sandra.


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