En Blanco y Negro con Sandra

Jorobao Park

ADVERTENCIA: Sólo para lectores pensantes... El huracán María nos ha convertido en un parque temático de la catástrofe. Congresistas, políticos, figuras de la farándula, dignatarios, hasta Trump, el Vicepresidente Pence y la prensa internacional vienen a vernos como si fuéramos una atracción de lo que está fastidiado. En vez de ser Jurassic Park, nos ven como el Jorobao´Park.

Los traen para pedirles que nos den dinero. Algunos vienen con un ¨One-day-pass¨, como si fuera Disney, porque llegan por la mañana y se van por la tarde, antes de que caiga el sol. A muchos los montan en helicóptero como si fueran a ver a los aborígenes en chozas. Desde el aire los llevan a ver a los salvajes lavando ropa en riachuelos en tablas de lavar hechas de PVC, o tomando agua contaminada. Y desde aire nos miran como si este pueblo fuera el mono del circo. Así nos tratan.

Los políticos de aquí traen a la gente para montarle un llorao´. Se han convertido en guías turísticos del parque temático. Después que les dan el paseo, hacen como en Disney, y los llevan al gift shop a ver qué cosas están dispuesto a comprar del parque temático. Les dicen que necesitan toldos, puentes, más fondos para Medicaid o carreteras, que necesitan cash flow y que el Cuerpo de Ingenieros se deje de excusas y empiece a trabajar. Presentan las necesidades del pueblo como souvenirs en una tienda, pa´que el que viene, suelte los chavitos, y los que controlan aquí puedan seguir en el traqueteo, consiguiendo contratitos tipo Whitefish o como el del chef José Andrés.

El problema es que ya van casi 50 días en este jelengue y verdaderamente no pasa nada. Las cosas no se mueven. Tampoco nos dicen la verdad.

Me pregunto si la lentitud en la recuperación del país será a drede para poder mantener atractivo el Jorobao Park.

Si seguimos en estas, nos llega el pavo, las navidades y hasta las Octavitas, a oscuras. Es más, las Fiestas de la Calle San Sebastián serán de día porque quizás no habrá luz en enero de 2018.

Y mientras tanto, los únicos guisando son los amigos del gobierno o de los políticos. Les dicen a los que vienen que en Disney está el ratón Mickey, pero acá estamos cundidos de ratas y de leptospirosis. O los llevan al tour de Bosque de las Plantas, pero no de matas, sino de las plantas eléctricas.

Entonces los visitantes miran atónitos como si fuera un Back to the Future porque todavía hay postes tirados en las carreteras y los semáforos no sirven, y lo comparan con Texas o Florida, donde ya estaban arriba en 30 días.

El pueblo camina lento, con hambre, con sed y enfermos, como si fuéramos los muertos vivientes en un pabellón de los zombies tipo Walking Dead. A los que les llega la luz, actúan como si se hubieran pegado en la Loto. Gritan, brincan y bailan, hasta que se miran bien ante el espejo y notan las arrugas que no sabían que les salieron en los días de agonía post huracán María.

Los habitantes en este Jorobao' Park estamos hastiados. Cansados. Extenuados. En una lucha constante entre llorar, querer dormir o salir corriendo de aquí. Por eso muchos abarrotaron las oficinas de pasaportes. ¿Será que nos quieren estregar en la cara lo jorobaos´que estamos? Total, eso lo sabemos cuando tenemos que hacer la fila en el supermercado sin suministros. Lo sabemos cuando vemos los centros comerciales cerrados, a gente guiando como locos, o cuando vemos que no hay médicos ni trabajos.

El pueblo ya sabe que la lentitud tiene un motivo. Que no acaban de reparar porque es una atracción ver el parque temático en que han convertido a Puerto Rico. Que viven del morbo porque eso es lo que les deja seguir guisando. Traqueteando con contratos, con ayudas federales y con dinero del pueblo.

Y mientras tanto, el pueblo, sufriendo.

No llegan las ayudas.

La gente pasando hambre, y muchos, aunque lo quieran negar, están muriendo como consecuencia.

Aquellos que pueden dicen: "si quieren obligarme a vivir en un parque temático, mejor me voy al Magic Kingdom, USA", y por eso rápido se montan en el avión y se van.

Y vacían la isla. Dejan a un Puerto Rico destruido, pobre, lleno de viejos que si no se van, en pocos años morirán.

Saben que pretenden construir una isla para los ricos extranjeros. Un Puerto Rico sin puertorriqueños.

Todo esto es morboso, pero es la verdad. Es nuestra triste realidad.

*La autora es relacionista profesional y mantiene el blog En Blanco y Negro con Sandra.


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