Inteligencia Social

El independentismo en inglés

... y sus tres ironías.

El independentismo no fracasó. El independentismo, como sector, se mudó. Mutó. Se adaptó.
Ya la consigna del independentismo mainstream no es ´yankee go home´, sino ´yankee, I´m home´, y arréglenselas como puedan.

El llamado “sector independentista” – incluidos los soberanistas – está en plena integración al liberalismo y a la centro-izquierda del Partido Demócrata de Estados Unidos. La tendencia lleva algún tiempo. Pero, en las últimas elecciones presidenciales y en la estela del paso del Huracán María, arreció aún más.

La portaestandarte actual de esta mudanza es la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, quien es la querendona de la prensa liberal estadounidense, y con justa razón. Le ha hecho frente al presidente Trump en su trato ofensivo hacia los hispanos en general y los puertorriqueños en particular. Y como la cámara la quiere – y ella adora la cámara – se ha dado a conocer en todo Estados Unidos.

Prime-time en CNN con Anderson Cooper a pocos días del paso del huracán. Entrevistas de corte político con Rachel Maddow. Eje central de los pasos de comedia de Saturday Night Live. Salió en Los Simpsons y con Stephen Colbert. Figura incluso con celebridades internacionales de la talla de Hillary Clinton, Vladimir Putin y el Papa Francisco como candidata a Persona del Año de la Revista Time – por cierto, les aventaja a todos ellos en las votaciones.

Esto no empezó con Carmen Yulín. El año pasado, Manuel Natal y los políticos más soberanistas del cuasi-difunto Partido Popular Democrático (PPD) eran de facto los jefes en Puerto Rico de la campaña del senador Bernie Sanders. (No voy a incluir el pedido de David Bernier por el voto presidencial como parte de esta tendencia porque supongo que a él no lo cuentan como soberanista).

¿Cómo es posible que personas que abogan por la independencia de Puerto Rico – en cualquiera de sus modalidades – puedan insertarse tan fácilmente en la corriente política del país del que se quieren separar? ¿Es posible que una ideología considerada por muchos como extrema sea, en realidad, tan maleable?

El independentismo hoy día no es un movimiento político fuerte con un fin específico. Es, en cambio, una cultura y una visión de mundo comunes.

El independentismo, como proyecto político serio y masivo para obtener la separación de los Estados Unidos, no existe ni en Puerto Rico ni en la diáspora. Una parte significativa de los independentistas y soberanistas de hoy día son independentistas culturales que no se plantean como proyecto de vida coherente la separación de Puerto Rico del sistema ciudadano, tributario, monetario, jurídico, educativo, mucho menos sindical, de los Estados Unidos. Estos son independentistas culturales.

¿Qué es un independentista cultural? Lo mismo que un judío cultural. O un católico cultural.

Conocen las tradiciones unificadoras. Los mitos y ritos fundacionales. Los héroes. Los mártires. La historia común. Pero no son ortodoxos. No van al templo o la misa. Están orgullosos de su herencia, de sus logros comunes (que son muchos), y tienen una tolerancia y disposición de sacrificio que pocos otros poseen.

Cuando se ven en la calle saben quiénes son y de dónde vinieron. Existen unas sensibilidades en común. Nunca olvidarán el carpeteo puro y duro, el desempleo por los pensamientos, y luchan y creen por causas sociales progresistas como los derechos de las mujeres, los negros, los niños, en contra de la explotación ambiental en comunidades pobres – en fin, luchan en general por los más vulnerables. Tienen, además, un olfato afinado para detectar la injusticia.

Se trata de una visión de mundo muy loable y digna de emular pero, de nuevo, en el caso de los independentistas puertorriqueños, no tiene como principal punto unificador, en este preciso momento histórico, un proyecto político hacia la separación de Estados Unidos.

Desde hace tiempo, el independentismo cultural tiene representación en Estados Unidos en todas las facetas de la vida. ¡Hasta en el Congreso de Estados Unidos con Luis Gutiérrez! Pero también en las artes con Lin-Manuel Miranda. En los deportes hasta hace poco con el grandesliga Carlos Delgado. Y en la academia en incontables puestos de envergadura. Los independentistas culturales se sienten orgullosos, justificadamente, de ellos. En la campaña por la excarcelación de Oscar López Rivera, por ejemplo, los contactos políticos de los independentistas culturales insertados en Washington DC fueron esenciales.

La colonia siempre provoca grandes ironías. He aquí sólo tres derivadas del independentismo en inglés.

Ironía 1: Los soberanistas e independentistas puertorriqueños encuentran mayor resonancia y espacio en el Partido Demócrata de Estados Unidos que en la propia Isla. A Carmen Yulín los demócratas de allá la adoran. Los populares de acá a duras penas la toleran. A los estadistas les da migraña mencionarla.

Ironía 2: Los independentistas culturales coinciden en el Partido Demócrata con estadistas hardcore como el gobernador Rosselló, quien sin duda se ve incómodo con el trato preferente y jovial que se les da por venir los soberanistas de una filosofía generalmente de izquierda más afín a ellos.

Ironía 3: La más terrible. Los mejores representantes de Puerto Rico ante el Congreso bajo una posible estadidad serían casi todos no estadistas como Eduardo Bhatia, la misma Carmen Yulín y, quizás, hasta Juan Dalmau del PIP.

La colonia, lo decía Fanon, es complicadísima.

*El autor es abogado litigante y analista político los jueves en WKAQ al Mediodía con Jay Fonseca. También es panelista de Jugando Pelota Dura en Univisión. Más información en http://www.abogadofederalpr.com


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