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¿Perdió Ricardo Rosselló su "don't push it moment"?

Dos Rosselló frente a dos americanos "nasty"

El momento "don't push it" de Rosselló

La visita del presidente Donald Trump esta semana ya está adjudicada en la mente del pueblo de Puerto Rico: fue más indignante que reconfortante.

Lo que no está adjudicado, todavía, es el juicio sobre el desempeño del joven gobernador Ricardo Rosselló Nevares.

No me refiero al juicio inmediato del pueblo que hoy, más de dos semanas tras el paso del huracán María, todavía carece de servicios básicos y no ve cuándo se pueda restablecer alguna pizca de normalidad. Ni siquiera al juicio del que, sea temporero o permanente, ya decidió que esta emergencia la iba a pasar fuera de la Isla.

Me refiero a la evaluación más a largo plazo, y colectiva, que usualmente llamamos “el juicio de la historia”.

Para ese todavía falta tener más distancia, más perspectiva. No sólo alejamiento de tiempo y espacio de este evento en particular, sino también hacen falta muchas coyunturas para que el Gobernador le presente sus credenciales a la historia.

Pero hay una oportunidad que se le presentó esta semana que fue única, que muy probablemente no se le vuelva a presentar y, por lo mismo, puede convertirse en su gran oportunidad perdida.

El referente es su padre, Pedro Rosselló. Y no por un empeño en compararlo, es que el patriarca Rosselló tiene su historia y no puede ser que la ignoremos sólo porque el actual inquilino de Fortaleza sea su hijo.

En las postrimerías de su segundo, y último, mandato, la agria lucha por sacar a la Marina de Vieques le presentó al primer Rosselló una oportunidad que aprovechó hasta el máximo. Haya sido calculado o por inspiración espontánea, el exgobernador Rosselló pudo unir a todo un pueblo en una frase. De hecho, en el “juicio de la historia”, ese giro argumentativo es, probablemente, el que más puertorriqueños coincidan como el  momento “positivo” del exgobernador que llegaba a esa cita arrastrando el negativismo de la gigante corrupción gubernamental  de su administración y el lastre de actuaciones alocadas que hoy serían calificadas similares al “estilo de Trump”.

“I’m giving you what I think is good advice, don’t... push it”.

Así se la espetó Rosselló en directo por televisión al entonces senador James Inhofe, quien en ese momento representaba al peor tipo de americano, altanero, racista, clasista y representante de la Marina como opresor de Puerto Rico.

Con la frase, Rosselló se puso al frente de todo un pueblo y obligó a la presidencia y a la milicia estadounidense a olvidarse de volver a usar a Vieques como campo de práctica de la Marina.

Es muy injusto decir que ese momento cambió el curso de ese tema, hubo muchos otros que aportaron, pero ése está entre los principales.

Dieciocho años después, un representante del peor tipo de americano ha llegado a ser Presidente de los Estados Unidos y, en un momento de debilidad del pueblo puertorriqueño, llegó a tratarnos con desdén, burla, y a ningunearnos.

Y al lado tuvo al representante máximo del pueblo de Puerto Rico, de apellido Rosselló también, pero cabizbajo, callado, que no dijo ni un “permiso Presidente, déjeme aclararle”.

Horas después, el Gobernador anunciaba que los muertos de María se habían duplicado. Dejando aparte las sospechas que levanta ese cambio súbito en estadística, ¿No hubiera sido mejor que ese o cualquier otro argumento pertinente se hubiera usado para cambiarle el discurso indigno al presidente Donald Trump?

De haber levantado la voz frente a Trump, el Gobernador seguramente habría tenido a todo un pueblo detrás respaldándolo, como 18 años antes lo tuvo su padre.

Pero eso no sucedió. En la corta, fue una jugada del destino que Rosselló Nevares no aprovechó. En la larga, ya veremos cuál será el veredicto de la historia.


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