Cine

Cinco cosas que aprendimos de "Ser grande"

Es un documental de Karen Rossi.

El documental “Ser grande”, de la directora puertorriqueña Karen Rossi, surgió ante una preocupación en torno a la labor de las escuelas públicas del País, sus vacíos, y el rol que han jugado las entidades sin fines de lucro en rellenarlos.

No obstante, al ver la pieza en pantalla grande surgen otros temas para ser discutidos y lecciones que se podrían aplicar en nuestro día a día.

“Ser grande” sigue a a tres adolescentes, Juan Miranda Pietri, Ivianyd del Valle Andrades y Rushian Feliciano, residentes del Residencial Luis Llorens Torres. 

Como parte de las dinámicas que se desarrollan en los talleres de Jóvenes de Puerto Rico en Riesgo, se enfrentan por primera vez —y el público con ellos— a pensamientos que dominan sus acciones como “yo no valgo. Tengo miedo. Soy malo”.

La cámara y todo el que mira a través de ella fungen como acompañantes por esta travesía que, entre otras cosas, nos enseñó: 

  1. La desigualdad social internalizada

    La pieza pone en manifiesto los estigmas y la desigualdad social a la que están sujetas las personas que habitan en el residencial Luis Llorens Torres. Como si fuera poco, los protagonistas de la historia están conscientes de las desventajas que cargan a la hora de buscar el éxito, no obstante, no es suficiente para detenerlos.
     
  2. La atemporalidad

    El documental no se fundamenta en entrevistas, ni cuenta con indicaciones textuales que le expliquen a la audiencia lo que sucede o lo que se espera se piense. Desde un inicio nos sumerge en las rutinas de estos tres jóvenes, sus hogares, familiares, miedos y retos. Esto nos lleva a pensar que las historias presentadas solo sirven de punta de lanza para una sospecha aún más grande: este proceso es cíclico, se repite con otros y no está claro qué hacemos para resolverlo.
     
  3. Aprender a utilizar las herramientas que tenemos para bien

    El proceso por el cual son sometidos los jóvenes —uno que les ayuda a crecer y superarse— provoca en la audiencia una reflexión interna de la cual no podemos escapar. En ella, salpican preguntas como: ¿desde donde vengo causa alguna influencia en las oportunidades que se me presentan o en quien soy actualmente? ¿Cómo estoy utilizando mi privilegio para ayudar a otros? ¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Qué prejuicios tengo de otros y en qué se basan?, entre otros.
     
  4. Las relaciones que trascienden la pantalla

    Además de impulsar una reflexión interna, hasta cierto punto la audiencia podría sentir un tipo de cercanía con los tres jóvenes presentados, ya sea porque nos identificamos con ellos o porque sumergirnos en su diario vivir tiene ese efecto. Sin embargo, para lograr el nivel de intimidad que vemos en pantalla, la directora de la pieza forjó una relación familiar con Juan, Ivianyd y Rushian detrás de las cámaras, una que, según ha dicho, será para toda la vida.
     
  5. Todos podemos ser mentores

    Su estreno estuvo acompañado del lanzamiento de la plataforma sergrandepr.com, que busca conectar a jóvenes puertorriqueños con diversos proyectos en la Isla para ayudarlos en su camino académico, y de crecimiento personal y laboral. Para ser un mentor de jóvenes como ellos, bastaría con fijar la mirada en las fundaciones locales que se dedican a presentar ese tipo de oportunidades, o, simplemente, dedicarle el tiempo necesario a quienes tenemos cerca, ayudarlos, y apoyarlos en sus gestas.

El documental estrenó en el Museo de Arte Contemporáneo y fue presentado en la “6ta Muestra de Cine Documental Latinoamérica en Nosotr@s”.

Mira el trailer:


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