Educación

Tras los tiros, una escuela se vuelca a ayudar a una comunidad asustada

Por masacre en residencial Ramos Antonini.

En los últimos seis meses esta comunidad se ve obligada a afrontar el miedo y la ansiedad casi como parte de su rutina diaria luego de tres incidentes violentos, el peor el pasado lunes, 14 de octubre, cuando cinco personas fueron ultimadas como parte de las guerras del narcotráfico en Puerto Rico. 

Se trata de las familias que viven en el residencial Ernesto Ramos Antonini de Río Piedras, quienes han tenido que manejar los traumas de ser testigos de múltiples asesinatos, siendo el peor la masacre de la semana pasada. Así lo confirmó a NotiCel la comunidad escolar de la primera institución chárter establecida en la Isla, Vimenti y su organización matriz el Boys & Girls Club de Puerto Rico, quienes movieron recursos de otras organizaciones y agencias para brindar apoyo tanto a estudiantes y progenitores en todo momento.

"Estamos hablando de que en agosto hubo una muerte en la entrada del residencial, en septiembre 11 hubo otro asesinato que hubo dentro de la comunidad y este sería el tercer evento violento que vive la comunidad en los últimos meses”, recordó la directora de Vimenti, Bárbara Rivera.

Conscientes de la urgencia que requería atender las ansiedades que produjo el extenso tiroteo, la facultad reorganizó su plan académico para dar paso a un plan de trabajo de dos semanas para priorizar el manejo del trauma entre su estudiantado, compuesto por estudiantes de kínder, primer grado y segundo grado. El modelo educativo de Vimenti se distingue por incluir la participación y colaboración de las familias de los estudiantes, tanto para proveer educación continua como para apoyarlos en la búsqueda de empleos en la industria turística.

El día después del incidente, la escuela decidió cesar operaciones para dar paso a sesiones de apoyo con la facultad para identificar casos que ameriten intervención individual. Durante el proceso, Vimenti ha contado con el apoyo la Universidad Carlos Albizu, la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), el Instituto de Psicotraumatología, y la Administración de Vivienda Pública, entre otros.

Vimenti cuenta con protocolos para manejar situaciones de emergencia de esta naturaleza, puestos en vigor durante el asesinato del 11 de septiembre, que ocurrió durante horas lectivas.  

“Las familias están manejando esa ansiedad y ese temor, así que sí, como organización tenemos los protocolos para manejarlo y estábamos listos para manejarlo. No deja de ser difícil ni lamentable”, expresó Rivera.

La escuela chárter actualmente cuenta con una matrícula de 91 estudiantes, 84 familias y más de 350 niños y jóvenes que participan del programa extracurricular que comienza después de las 3 de la tarde.

El panorama que enfrentó la facultad el día después de la matanza fue de padres y niños igualmente estresados y sin conocimiento de cómo manejar ese trauma. Algunos padres manifestaron que no podían dormir, otros que seguían escuchando tiros, mientras que los niños relataban cómo huyeron y buscaron resguardo durante el tiroteo, que ocurrió temprano en la noche.

“Unos nenes bien asustados, unos niños que me describieron con lujo de detalle todo lo que había ocurrido, unos niños bien nerviosos, unos niños que me contaron que tuvieron que correr y esconderse en el pasillo, que mamá me escondió en el clóset. Y pues, fue algo bien fuerte”, contó la maestra de Kinder, Francheska Rivera Cintrón.

La jornada educativa la semana pasada incluyó actividades de diálogo para expresar e identificar sentimientos asociados al incidente, actividades de dibujo para manifestar sus sentimientos, lectura de cuentos sobre la paz e incluso ejercicios de respiración que incluyeron acostarse en el patio a ver las nubes.

“Poco a poco su ánimo fue cambiando. Ya para el viernes los niños estaban felices, en su mayoría normal. Ya la ansiedad de los primeros días no era tan evidente ese último día de la semana. Ya entonces en su vocabulario comenzaron a incorporar otras palabras, ya más nombrando sus emociones con un poco más de propiedad y “owning them” (adueñándose), empoderados de lo que estaban sintiendo”, abundó Rivera Cintrón.

El plan de trabajo trazado por Vimenti continua a lo largo de esta semana con la finalidad de identificar casos que requieran trato individual, tanto entre los niños como entre familiares. Para Vimenti, las medidas extraordinarias no solo resultan necesarias para promulgar su misión, sino que el andamiaje establecido facilita un manejo más amplio al trauma que desató este tiroteo entre las familias.

“Si un niño recibe una ayuda o tiene un espacio para manejar sus emociones, pero su familia no lo tiene, entonces cuando el niño llegue a casa no va a tener el apoyo de su familia. En cambio, cuando el niño está siendo atendido y la familia también están hablando ambos el mismo lenguaje, en casa se pueden apoyar y la familia tiene más herramientas para apoyar a sus niños”, sostuvo Rivera Cintrón.


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