Tribunales

Arellys vio el atardecer que quería antes de morir

Doloroso relato de quien fuera su pareja.

FAJARDO - "El cuerpo quedó boca arriba, las manos abiertas. Los pies en la madera. La espalda en el cemento y la cara mirando no en dirección al bote, sino a la Marina", describió Joseph Howie García, quien se sentó a testificar contra el cerrajero Jensen Medina Cardona, alegado asesino de la joven ejecutiva Arellys Mercado Ríos.

Con esa especificación el testigo puso punto final a lo que, fuera del incidente violento, parecía ser un día de ensueño para la víctima, dos amistades y él, según su relato como parte del segundo día de vista preliminar contra Medina Cardona, quien enfrenta tres cargos por el asesinato ocurrido en Villa Marina Boulevard, en Fajardo, el 18 de agosto.

En menos de dos horas, el testigo identificó a Medina Cardona en sala como el autor del ataque y entró en detalles sobre esa fatídica noche motivada por una trifulca por un celular extraviado y encontrado por la víctima en el muelle. 

Howie García, de 31 años e ingeniero mecánico de profesión, indicó que era pareja de Mercado Ríos alrededor de un mes antes del incidente, pero la conocía desde hace cuatro años y que, al momento de los hechos, se sintió amenazado e indefenso porque no tenía con qué responder a la agresión.

"Cuando empecé a caminar para salir del bote, escucho un ranclan, un ‘slide', metal con metal. No hay cosa cómo describirlo", relató, antes de llevarse las manos a la cara. "Eso se escucha bien fuerte. Cuando levanto la vista, lo que veo es esto", añadió, antes de gesticular lo que parecía como un puño, en referencia al disparo a Mercado Ríos en el cuello.

"No me dio tiempo a hacer nada. Yo me quedé paralizado. Vi que le dio un tiro a Arellys y no tengo nada para defenderme. Él estaba parado ahí [frente a ella] con la pistola en la mano. Me tiré al piso a gritar, decía ‘no, no, no'", recordó Howie García.

Mira un video del testimonio de Howie García aquí.

No fue hasta finales de su testimonio que el testigo se refirió a Medina Cardona por su nombre, pues en todo momento aludía a él como "el individuo" o "aquél que está allí" y señalaba con su dedo índice al banco de la defensa. El sospechoso estaba sentado entre medio de sus dos abogados, Jorge Gordon y Cameron Gordon, vistiendo el mameluco gris de la cárcel de Bayamón.

La noche de los hechos, según el testigo, Medina Cardona andaba descamisado. Vestía un pantalón corto y una cadena llamativa y "heavy" [pesada] en su pecho, cosa que persiste en su memoria junto a la forma triangular de la boca. El testigo indicó que recuerda esos elementos cada vez que cierra los ojos. 

A Medina Cardona le acompañaba una mujer, que vestía un traje de baño amarillo y quien alegó lo instigó para luego correr tan pronto se despachó el disparo.

En el receso de almuerzo, el fiscal Yamil Juarbe no descartó que esa mujer pudiera ser una de sus testigos en el caso, ya que se había personado al cuartel tras los hechos y colaboraba de buena fe.

Debido a una orden judicial, el testimonio de Howie García no se transmitió por televisión, pero quienes estuvieron en sala pudieron presenciar cómo en más de una ocasión el testigo recreó junto al también fiscal Eduardo Beale instancias de la tarde y la noche de ese domingo, 18 de agosto. Además, utilizó una pizarra con marcadores azules y verdes para dibujar el área del muelle de Villa Marina y la escena del crimen.

El contrainterrogatorio del licenciado Gordon se basó en gran medida en una corroboración más minuciosa del relato y cómo estas descripciones detalladas estuvieron fuera de la única declaración jurada que prestó el testigo ante la Fiscalía, que también incluye a los licenciados Jaime Perea y Dianette Aymat.

Howie García narró todo el trayecto desde que comenzó el día en casa de Mercado Ríos, porque amaneció allí, hasta que recibieron a dos amigos, Luis y Joan, para marcharse juntos a Villa Marina y de ahí, trasladarse al cayo Icacos, porque unos amigos de la víctima la esperaban en un catamarán. El testigo es dueño de una embarcación de 23 pies.

Tras la fiesta, el catamarán comenzó su viaje de regreso al muelle a eso de las tres de la tarde, pero Mercado Ríos pidió a Howie García que desde Icacos se trasladaran hasta Palomino en la embarcación de este último para ver el atardecer.

"Ella era loca con los atardeceres. Me dice 'mi amor, vamos a ver el atardecer en Palomino'. Yo aprendí a ver los atardeceres con ella", recordó el testigo. A eso de las 5:30 de la tarde ya estaban allí, a la espera de la puesta del sol, tiempo en el que cocinaron las hamburguesas que restaban en la dispensa. "Un día perfecto", catalogó Howie García.

Entrada la noche, el testigo se percató de una llamada perdida de su madre, a quien llamó de vuelta y contó que continuaban compartiendo, pero que pronto regresarían. Minutos después, alzaron ancla y comenzaron su ruta de vuelta a Fajardo. Más tarde en la noche, tras el asesinato, a la primera persona que Howie García llamó fue a su madre, mientras otra persona llamaba al 9-1-1.

Es en Villa Marina que Mercado Ríos, quien se había bajado de la embarcación para ayudar a Howie García a estacionarla, se percató del celular al borde del muelle. 

"Dámelo porque ahí peligra. Está al borde del muelle y créeme que el dueño va a volver, sino lo dejamos en la caseta del guardia", le dijo Howie García, quien se quedó en el bote para lavarlo "por encimita". Luis también estaba fuera de la embarcación porque ayudó a dirigir al capitán, mientras que Joan, contó el testigo, estaba recogiendo sus cosas porque no sabía de navegación.

De un momento a otro, continuó el testigo, escuchó a un individuo acercarse, con voz alta y con coraje, cuestionándoles si habían llegado hace mucho tiempo, que un bote cercano le pertenecía y que había dejado un celular allí. Su interacción en todo momento fue con la mujer identificada como Joan, quien se entiende que no sabía que Mercado Ríos había encontrado el teléfono y que se lo había dado a Howie García, pero que alumbró con su propio dispositivo para ayudar al individuo a buscar.

"Le digo 'primo, ¿este es tu teléfono?'. Estamos mano con mano, lo miré a los ojos, mano completa. Lo que había [separándonos] era parte de la capota del bote", dijo el testigo. Al entregarle el teléfono, el testigo acotó que Medina Cardona redujo su coraje y actitud, pero la mujer que lo acompañaba, manoteaba y le gritaba "¡viste, que lo querían robar! Chorro de puercos".

"Ahí él se creció", señaló el testigo, antes de recordar que Medina Cardona se paró a unas tres o cuatro pulgadas de distancia de Joan y le mostró el teléfono a la vez que le gritaba "¿¡viste?!?". 


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