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Antes de prohibirlas, gobierno federal reconoció valor de peleas de gallos

Galleras son "sitios históricos" desde 2014.

Desde el 2014 el Servicio de Parques Nacionales (NPS por sus siglas en inglés) aceptó incluir 128 galleras entonces ubicadas por toda la Isla en el Registro Nacional de Lugares Históricos por el valor que representan para la cultura local, preservando así una práctica que el Congreso recientemente prohibió.

La solicitud fue presentada en mayo de ese año por la Oficina Estatal de Conservación Histórica y planteó que el llamado “Deporte de Caballeros” fue fundamental en el desarrollo de la cultura puertorriqueña. En particular, la solicitud, preparada por el historiador Juan Llanes Santos, sostiene que a través de la era de dominio español sobre Puerto Rico, las peleas de gallos y las galleras sirvieron como un laboratorio social donde interactuaban personas de cualquier clase.

Según los registros del NPS, la solicitud fue aceptada el 14 de julio de 2014.

Catalogado como el deporte más antiguo practicado en Puerto Rico, la solicitud detalla que en el año 2003 las galleras contaron con una participación de más de 1,200,000 personas, con apuestas que superaron los $43 millones. En total de ingresos que pueden producir estos negocios puede ascender a $100 millones entre apuestas, boletos de admisión, consumo de comida y bebida y otros gastos en las galleras.

Vea aquí la solicitud para incluir las galleras en el Registro Nacional de Lugares Históricos

A mediados de diciembre, el Congreso de Estados Unidos aprobó legislación para reforzar la industria agrícola. Pero esa medida también incluye lenguaje que tiene el efecto de prohibir el deporte de pelea de gallos, el cual será penalizado bajo los estatutos de crueldad a los animales si el presidente Donald J. Trump lo convierte en ley.

Más de dos siglos de controversia

La práctica de poner gallos a pelear hasta la muerte tiene sus raíces en la antigua Persia en el primer siglo, cuando llevaron esa costumbre a Grecia, donde encontró su acogida. Se desarrolló en varios países europeos hasta el siglo XVI, cuando los colonos españoles trajeron su deporte hasta el Caribe.

El primer intento para regular el deporte fue de la mano del gobernador Miguel De Muesas en 1770, cuando ratificó un decreto para permitir las peleas de gallos con la supervisión del gobierno, estableciendo así los lugares oficiales donde se llevarían a cabo las batallas. De esta manera nacieron las galleras.

Por decreto del gobierno español, las primeras galleras se construían a costo del proponente pero se consideraban propiedad del estado, por lo que el proponente podía dirigir una gallera un año a la vez, mediante un proceso de subasta. Para mediados del siglo XIII, el deporte fue objeto de repudio por parte de la Iglesia Católica, principalmente por reducir la asistencia de feligreses a misa, razón por lo cual prohibieron peleas de gallo los domingos.

Las primeras galleras se establecieron en centros urbanos, en ocasiones construidas antes que las iglesias, hasta principios del siglo XIX cuando las galleras en los campos, que eran ilícitas, superaron a las oficiales. Fue en estas galleras donde se congregaban personas de toda clase social, donde hasta los gallos de los exesclavos podían competir contra los gallos de sus exdueños.

En medio de esta dinámica también se estableció lo que pasaría a ser un código no escrito entre jugadores, el pago de deudas monetarias al momento de finalizar la pelea, lo que fomento un sentido de igualdad en el deporte.

Regulaciones adicionales puestas en vigor a en la primera mitad del siglo XIX por el gobierno español perseguían marginar la participación de los negros e incluso prohibir los gritos durante las peleas. Pero aun así las galleras ilegales seguían cobrando mayor popularidad, lo que provocó intervenciones policíacas en las que detenían a personas de la clase obrera.

Primera prohibición de EEUU a las galleras

Tras la ocupación estadounidense de Puerto Rico en 1898, el nuevo régimen de poder vio la práctica de pelea de gallos como incompatible con la moral norteamericana. Por tanto, a partir del 1899, el general Guy Vernor Henry emitió un decreto para penalizar las peleas de gallos.

A partir del decreto del gobierno militar estadounidense, las galleras oficiales que por siglos operaron bajo el régimen español se abandonaron, pero no así el deporte, que se movió a las galleras ilegales en los campos. Durante las primeras tres décadas del siglo XX, la Policía efectuó varias intervenciones en estas galleras en los campos, frecuentemente en los mismos lugares, arrestando en el proceso personas de toda clase social.

A partir del 1927, la legislatura local aprobó un proyecto de ley, de la mano del presidente del Senado en ese entonces, Rafael Martínez Nadal, para volver a permitir las peleas de gallos. Sin embargo, la medida fue vetada por los gobernadores militares Theodore Roosevelt Jr en 1931 y James R. Beverly en 1933.

No fue hasta la designación de Robert Hayes Gore como gobernador militar -quien favorecía el deporte por ser nativo del estado de Kentucky, donde se practicaba el deporte- que la medida logró ser aprobada en el mismo 1933. A partir de esa ley, las peleas de gallos vuelven a legalizarse, desarrollándose en lo que son al presente.


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