Deportes

Menos salario y trato desigual a mujeres en el deporte

Los hombres salen ganando tras bastidores.

A nivel mundial, la mujer enfrenta escollos en el ámbito deportivo que limitan o impiden alcanzar su máximo potencial, por lo cual sin importar su nivel de destreza —y por el simple hecho de ser mujeres— se enfrenta a desventajas y diferencias abismales en comparación con los hombres.

Tal como sucede en otras esferas profesionales, para las mujeres el deporte es un área más donde reciben menor paga por igual trabajo, trato desigual por parte de los directivos de sus respectivas ligas y están más vulnerables a situaciones de acoso y hostigamiento.

Aunque estos reclamos se han llevado a nivel mundial, una mirada a las ligas profesionales en Puerto Rico comprueba que la desigualdad de género, enraizada en la falta de representatividad y estructura patriarcal, sigue el mismo molde que en el extranjero.

En el caso del fútbol femenino, el 6 de septiembre de 2018 la Selección Nacional protestó en el terreno de juego la falta de continuidad de sus entrenamientos por parte de la Federación Puertorriqueña de Fútbol. 

En un juego amistoso contra Argentina, las jugadoras resintieron que ese fuera su primer partido en dos años, luego de haber logrado una clasificación al Preolímpico Río 2016. Esa inacción provocó que fueran removidas del ránking de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA, por sus siglas en francés), pese a que alcanzaron la posición 94. 

Bajo las reglas de la FIFA, los equipos que no jueguen al menos cinco partidos contra otros equipos clasificados en la tabla de posiciones y/o continúen inactivos por más de 18 meses son removidos del ránking. 

La Selección Nacional masculina, en cambio, ocupa la posición 181 del ránking. Su mejor lugar fue en el 1994, con la posición 97.

Hasta el 29 de marzo de 2019, la ausencia de la selección femenina de Puerto Rico en el escalafón 94 en la lista era notable, ya que tanto Cuba como Latvia ocupaban la posición 93 mientras que Moldova ocupaba la 95. 

Los integrantes de la selección masculina local han contado con mayor exposición que las mujeres, aunque en repetidas ocasiones se ha afirmado que es insuficiente. Contrario a las féminas, los jugadores tuvieron un espacio adicional de fogueo en la North American Soccer League (NASL) a través de los Islanders, y por quienes se reconceptualizó el Estadio Juan Ramón Loubriel en Bayamón. 

La selección masculina también estuvo a la cabeza de los esfuerzos por cimentar el fútbol en la Isla con la fiebre de la Liga Española, razón por la cual la selección de España llegó a la Isla para un controvertible juego amistoso en el 2012.

A nivel internacional, la selección nacional femenina de los Estados Unidos demandó a la Federación de Fútbol de la nación norteamericana por discrimen de género. Como ejemplo, las jugadoras afirmaron que recibieron $15,000 cada una como premio por ser parte del róster de la Copa Mundial del 2015. Sin embargo, los hombres recibieron $55,000 por la misma hazaña. 

Igualmente, el equipo masculino obtuvo un bono de cinco millones de dólares por su desempeño en la Copa Mundial del 2014, en la cual se eliminó en las primeras rondas. Mientras, el conjunto de las mujeres se proclamó campeón en ese torneo y solo recibió $1.72 millones.

La selección nacional femenina de los Estados Unidos es tres veces campeona del mundo y cuatro veces medallista de oro Olímpico. Los hombres, en cambio, no han pisado el podio de la Copa del Mundo desde 1930, fecha en que se agenciaron el bronce en Uruguay. Pese a todos estos hechos, los hombres reciben mejor trato, lo cual de acuerdo a las jugadoras, perjudica los lugares en que juegan y la frecuencia con que lo hacen, cómo entrenan, el tratamiento médico y la dirección que reciben, así como la cantidad de viajes que pueden hacer para foguear o jugar.

En el caso del baloncesto local, en el 2017 se estimó que el promedio devengado por las jugadoras dentro del Baloncesto Superior Nacional Femenino (BSNF) rondaba los $6,000 por temporada. Con esas cifras, un equipo podría operar con una nómina equivalente a $75,000, o lo mismo que el salario de un solo jugador masculino en el Baloncesto Superior Nacional (BSN).

Al presente, uno de los contratos más altos de la liga femenina raya en los $11,000. Esta cifra contrasta con el tope salarial por jugador del BSN, fijado en $60,000. Esa cantidad, además, fluctúa por escalas, medida que también es adoptada en el voleibol. En la temporada del 2015, por ejemplo, el tope salarial masculino ascendió a $120,000, cifra devengada por estrellas como Carlos Arroyo.

En diciembre de 2018, la administración del BSN acordó reducir ese pago máximo a los jugadores de $60,000 a $40,000 durante los próximos tres años con el fin de estabilizar las finanzas de los equipos y ayudar a que cumplan sus compromisos contractuales.

Pese a los cambios, la brecha salarial entre el baloncesto profesional femenino y masculino en Puerto Rico, al igual que en Estados Unidos, continúa abismal e injusta. A lo sumo, y con estos datos, las baloncelistas profesionales a nivel local podrían aspirar a generar solo entre 10% a 20% la cantidad del cheque del hombre menos pagado en el BSN.

Ante el bajo salario, estas atletas se han visto en la necesidad de firmar con ligas en el extranjero, como es el caso de la estelar armadora de la selección nacional Dayshalee Salamán y la pívot Anushka Maldonado en la Liga Mexicana de Baloncesto Profesional Femenil.

Jugar en el extranjero ayuda a las atletas a continuar con sus entrenamientos cuando extingan sus compromisos locales, a la vez que reciben un ingreso adicional. Sin embargo, al hacerlo tienen mayor exposición a lesiones. Esta discusión está en el foco de la liga profesional de baloncesto en los Estados Unidos (WNBA), puesto que Breanna Stewart, estrella del equipo campeón Seattle Storm y la actual Jugadora Más Valiosa, se fracturó la pierna izquierda durante el campeonato de la Liga Europea. Por eso, Stewart se perderá la próxima temporada de la WNBA.

Otras jugadoras optan por un segundo empleo, como la armadora Pamela Rosado, quien ha fungido como dirigente; al igual que Michelle González, quien es abogada y mientras estudió a tiempo completo laboró como administradora de un restaurante. Ambas son integrantes de la Selección Nacional de Puerto Rico y, en el 2017, formaron parte de la histórica clasificación a la Copa del Mundo.

Ahora bien, los hombres también recurren a ligas alternas o a empleos en otros ámbitos, usualmente por el mismo factor económico y porque se considera que en Puerto Rico el costo de vida es alto. La leyenda Mario “Quijote” Morales, por ejemplo, es contador público autorizado. Sin embargo, esa comparación no cancela el argumento principal: las mujeres enfrentan mayor desigualdad que los hombres en las áreas donde quieren desarrollarse.

Instancias como estas se repiten en otras disciplinas, como el béisbol, espacio que cuenta con una liga profesional masculina pero no una femenina, así como la gimnasia, en el cual se prioriza la gracia y flexibilidad de las mujeres, pero a los hombres se les mide por su fuerza y poder.

En la Liga de Voleibol Superior Femenina (LVSF), en cambio, las mujeres devengan más que los hombres, pero no siempre fue de esa manera. 

De acuerdo al Reglamento de Torneo para la temporada del 2018, la escala salarial de los voleibolistas masculinos oscila entre $750 y $2,000 basado en su nivel de desempeño (normal, promedio, sobre promedio y élite). En el pasado, las estrellas masculinas podían cobrar hasta $40,000.

El tope salarial por equipo, según el reglamento, es de $100,000, cantidad igual o menor a lo que una jugadora local podría devengar contratada a nivel internacional.

Pese a los adelantos salariales en la LVSF, la liga aún no cuenta con una participación equitativa a nivel administrativo. Fuera de la cancha, solo dos mujeres ocupan posiciones gerenciales entre los ocho equipos activos de la liga. 

Parte de la razón por la cual esta disciplina experimentó un cambio de paradigma estriba en los logros del conjunto femenino, el nivel de apoyo de la fanaticada y la numerosa cantidad de participantes. Sin embargo, y como ha sido ejemplificado, en otras instancias y disciplinas esas razones no han sido suficientes para equiparar la pelea.


Este es el segundo de tres artículos sobre la desigualdad de género en el deporte.


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