En Blanco y Negro con Sandra

Ataques de cuernos

En Blanco y Negro con Sandra

Podría decirse que la mayor emergencia social y política que vive Puerto Rico ahora mismo se debe a los ataques de cuernos. Pero como nadie admite cuando se siente así, mejor no lo hablan. El tema lo ignoran, y con el silencio, el gobierno se hace cómplice del caos.

Es una cuestión de poder, dominio y control. Por sentirse inseguros en su rol en la sociedad, por falta de educación, por no valorar a otro ser humano, por usar drogas u alcohol, porque la desesperación económica y social quizá los tiene locos, o por cualquier otra razón, muchos agreden, menosprecian, humillan, violan y matan mujeres en Puerto Rico en una magnitud sin precedentes.

En lo que va de año ya han asesinado 42 mujeres en casos de violencia doméstica y la mitad de estas a manos de esposos, parejas o exparejas. Podrían ser muchas más, porque hay decenas de cuerpos de presuntas víctimas esperando autopsias en Ciencias Forenses. Antes moría una mujer cada 15 días, y en estos momentos una mujer muere a manos de su pareja cada 8 días. Se radican 11,000 querellas de violencia contra la mujer al año, con un promedio de 20 al día.

Como si eso fuera poco, en lo que va de año van más de 180 casos de violencia de género protagonizados por agentes de la Policía. O sea, los que se supone que protejan a la gente ante el clima de inseguridad que se vive, son victimarios. Si a esto se añade que, del 2006 al presente, más de 2,000 'rape kits' o pruebas de material genético de víctimas de agresión sexual están sin procesar en Ciencias Forenses, podemos ver la magnitud del problema.

No son casos aislados. Son tantos los asesinatos, las violaciones sexuales y la frecuencia con que ocurren los actos de violencia que se tiene que llamar como lo que son: feminicidios. Al usar el término correcto de feminicidio afirmamos que la responsabilidad es del estado porque no provee los servicios, no da educación, no previene ni atiende los casos, dejan las calles oscuras, y esa impunidad permite las condiciones idóneas para que esto se mantenga.

La pregunta es: ¿por qué en el gobierno no quieren tocar este tema? Las pocas mujeres con poder político y que podrían identificarse con esta hecatombe parece que son parte del problema. Dicen “calladita me veo más bonita” aunque su silencio las manche con la sangre de las víctimas.

Jenniffer González, callada en Washington. Carmen Yulín Cruz, cuando no critica a Trump, se va de viaje, pero sobre los asesinatos a las mujeres guarda silencio. ¿Dónde están las alcaldesas de Ponce, Salinas, Canóvanas, Barceloneta, Loíza y Morovis? ¿Qué han hecho las legisladoras para detener este patrón? Una 'Tata' Charbonnier se enfoca en la familia tradicional, y una Nayda Venegas en prohibir los abortos, pero sobre la violencia a la mujer, nada. Brenda López de su marido solo sale si es a politiquear o a interpretar a una infante en El Guitarreño. Para eso sí se mueven.

¿Y en el gobierno central? ¿Dónde está la primera dama Beatriz Rosselló en este tema? ¿O es que solo sale a hablar de desfiles de modas? ¿Y las principales líderes en las áreas de seguridad y justicia? Lo único que hacen Wanda Vázquez y Nydia Cotto Vives es estar en su “tiraera” eterna. De Vázquez se esperaba más, porque había sido Procuradora, pero también calla. Y hablando de la Procuradora de las Mujeres, ¿alguien sabe cuál es su tono de voz? ¿Han escuchado a Lersy Boria dando propuestas, soluciones o tan siquiera, una denuncia ante la magnitud de esta crisis? ¿Existe o está vacante como el puesto de la Ausente Secretaria de la Familia? Es inmoral que todas guarden silencio.

¡Qué mucha falta hace la voz fuerte de una Albita Rivera en la Asamblea Legislativa! Ella nunca se hubiera quedado inmóvil ante esta situación, pero las que están ahora en la política de todos los partidos son una vergüenza para este pueblo. En vez de estar en la changuería, deberían tomar conciencia de que la violencia contra la mujer le cuesta al gobierno, porque con cada mujer que matan se quedan niños huérfanos marcados de por vida. Con cada mujer que matan se rompen familias, se enferma emocionalmente a todo el entorno y se destruyen comunidades. A la larga eso le cuesta más al Estado en tratamientos, prevención y en mantener todo un sistema punitivo.

En un país donde la gente se está yendo y los que se quedan los están matando, la prioridad para el gobierno tiene que ser mantener vida, porque mientras más gente se quede y trabaje, más dinero hay para pagar la deuda. Sin embargo, ya vimos cuál fue la actitud durante y después del huracán María. Es evidente que la política pública del gobierno es mirar para el lado mientras la gente se muere.

¿Y qué hacemos los ciudadanos? Hay que luchar desde la base y apoyar a las entidades comunitarias y sin fines de lucro que son las que trabajan sin dinero y sin propaganda para prevenir la violencia y atender a las víctimas. Si tenemos una onza de respeto y reconocemos a las mujeres como seres humanos, hay que denunciar la violencia y exigir, como plantean organizaciones feministas, que el gobernador Ricardo Rosselló declare un plan de emergencia nacional contra la violencia de género. 

*La autora es relacionista profesional y mantiene el blog En Blanco y Negro con Sandra.


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