En Blanco y Negro con Sandra

Capitalismo criminal

En Blanco y Negro con Sandra

¿Qué es lo que tienen los que abusan del país? Dinero y poder económico. Hacen lo que les da la gana y todo queda impune. Desde los narcos hasta los políticos. Aquí el político roba y atornilla a su gente en puestos con sueldazos que no merecen, ¿y qué dice el del punto?: “Yo voy a hacer lo mío”.

Nos dijeron que con la entrada del cannabis medicinal se iba a aliviar la problemática de la droga, ¿y qué ha pasado? Todo lo contrario. Aumentó el consumo y el trasiego. Ahora se habla de que con la nueva Ley de Armas se va a resolver el problema de los tiroteos, y va a ser lo opuesto porque para satisfacer a una gente y aumentar la venta de armas el político le vende el alma al diablo.

Por eso si analizamos bien las matanzas con la que comenzó esta semana en la Avenida Martínez Nadal en Guaynabo o el residencial Ramos Antonini en Río Piedras y que acumulan 14 vidas de jóvenes, tenemos que concluir que el problema tiene unos linderos mucho más amplios. Tan corruptos son los sicarios que disparan y se graban matando, como son los políticos que fomentan el sistema. Pero también es corrupto el pueblo que consume no solo la droga, sino también la politiquería.

Uno tiene un ejemplo como el exconvicto Héctor Martínez buscando volver al Senado. Él, al que todavía lo recordamos visitando las cárceles con Coquito. Entonces tenemos a la gobernadora Wanda Vázquez y la nueva secretaria de Justicia, Denisse Longo, defendiendo que el gobierno carpetee a estudiantes, a medios y a periodistas, pisoteando la Constitución. Tienes a un presidente del Senado que amenaza a un periodista y a un jefe de la Policía tomando represalias contra un piloto que se niega a violar la ley federal. Y evocando la época dura de los años 70, en estos días reventaron una bomba molotov en la sede de un sindicato, pero la prensa lo enterró en lo más profundo de la cobertura, porque era más importante escribir del velorio de José José o de la pelea de Jacky Fontánez con Molusco que se la relajó por la dejada épica que le hizo el Guaynaa después de gozarse aquel viaje a Italia.

Y mientras nos entretienen con asesinos confesos como Alejo Maldonado dando consejos en la radio, está el gobierno por otro lado reprimiendo el acceso a la información pública y legislan para restringir la libertad de expresión, pero la gente no se entera. No les importa porque se desconectan para no ver la dura realidad. Además, sabes que todo el mundo traquetea, desde los narcos hasta en los tribunales. Te consigues un buen abogado y te saca libre.

Pero la realidad te golpea. Y lamentas que seis de cada 10 niños en Puerto Rico viven bajo el nivel de pobreza, y ¿qué es lo que ellos aprenden en la calle? Que para echar pa’lante tiene que meterse al punto y al narcotráfico porque eso es mejor que ganarse $7.25 la hora, sin beneficios. Eso es lo que promueve el gobierno por defender los intereses de los que los tienen el verdadero poder.

Porque en Puerto Rico hay una pugna entre los poderosos de la empresa privada y el narcotráfico para determinar quién es el que domina en el país. Es verdad. La empresa privada doblegando a los políticos, y el narcotráfico también.

Nos envuelven con lo que dirá el Tribunal Supremo, que es importante, pero no nos enfocamos en lo que tenemos de frente. Algunos podrán decir que esto es la vida en la colonia, y sí, tienen razón si se piensa en que no controlamos las costas ni el mercado, pero si se analiza bien, hay que concluir que en otras partes pasa lo mismo. Hasta peores cosas suceden en otros países que no son colonia de nadie.

Vete a México, donde esta semana el presidente tuvo que doblegase ante el hijo del Chapo Guzmán para evitar guerra civil con los narcos. O vete a Estados Unidos, que el presidente de la United Auto Workers que negoció detener una huelga con General Motors está siendo acusado por fraude. Mira a España donde explotó el caos social porque no quieren soltar un área que les deja dinero. O mira lo que pasó en Ecuador. En realidad, si se mira bien, todo el mundo está como dicen, “al garete” porque de lo que se trata es buscar el “bottom line”, el dinero.

La mal llamada guerra contra el narcotráfico nos provoca miedo y justifica desde incursiones militares en caseríos y barriadas donde viven pobres – jamás con los ricos – hasta limitaciones de derechos civiles. Pero hay que reconocer que más allá de la colonia política o del estatus, Puerto Rico, como gran parte del mundo, vive dependiente de una economía que es criminal. El crimen organizado controla grandes aspectos de las economías en todas partes.

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el crimen organizado transnacional actúa en distintos países e incluye a todas las actividades criminales serias con fines de lucro y que tienen implicaciones internacionales. Los delitos incluyen lavado de dinero, secuestro, tráfico de armas, tráfico de personas indocumentadas, trata de personas y narcotráfico. Es todo un negocio que se ve en las distintas economías incluyendo la nuestra.

Se lava dinero en paraísos fiscales que ya no solo son las Islas Caimán, Hong Kong, Suiza o los Estados Unidos. El martes, el periódico El País de España incluyó en esa lista de dudosa reputación también a Puerto Rico. Por eso es que vemos también un alza en la criminalidad local, porque es un negocio trasnacional, sin fronteras físicas, y que borra los linderos entre el bien y el mal. Ves a un tirador de un punto auspiciando 'pool parties' o fiestas para la gente pobre del caserío, pero también sabes del político o del juez que se disfruta los cócteles de lujo con los banqueros y empresarios locales y los que vienen por las leyes 20 y 22. A esos los identificas en las páginas sociales. Esos son los que mandan, pero nunca aparecen muertos en tiroteos ni en vídeos matándose como a los de los caseríos.

El crimen organizado de esas grandes élites políticas y económicas acumulan riquezas, pero les van dañando la vida al ciudadano común, al que consideran desechable. Por eso les quitan derechos y poco a poco se va rompiendo la fibra social de los pueblos, porque todo se convierte en una mercancía. Las drogas, las armas, los niños, el medioambiente. La vida se reduce a una mercancía y quien cuestione ese orden es catalogado como subversivo. Todo esto es el capitalismo criminal. Pero yo no estoy diciendo que estoy en contra del capitalismo y que quiera el socialismo. Obvio que no, los ejemplos más cercanos de socialismo son igual o peor de corruptos. Yo estoy a favor del libre mercado y la libre empresa, pero el capitalismo criminal nos está matando.

¿Cómo es que tienes a una mujer sin preparación, ganándose $7,000 porque es la esposa de un inepto que dirigió Corrección? Y una piensa en tanta gente con maestría y hasta doctorado trabajando en un 'fast food' a $7.25 la hora, o de guardia de seguridad, o sin trabajo. Ese es el capitalismo criminal y corrupto.

Mientras el tipo del punto compre una motora, el Jetski, o el BMW, y el comerciante y Hacienda miren para el otro lado y no cuestionen de dónde salió el dinero, no habría incentivo para el negocio del narcotráfico. Aquí saben quiénes son pero no les meten mano a esos comercios que auspician el narcotráfico. Mientras no se ataje el capitalismo criminal y sus raíces, esto no va a parar.

*La autora es relacionista profesional y mantiene el blog En Blanco y Negro con Sandra. 


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