En Blanco y Negro con Sandra

El derecho a saber

En Blanco y Negro con Sandra

El derecho a saber está bajo asedio en todo el mundo. Vivimos en una era donde la información está al instante y accesible hasta en un celular, pero la libertad de prensa y de expresión enfrentan ataques virulentos por los gobiernos y sectores del poder que buscan limitar que la gente se entere de las cosas. Todo lo maquillan, todo lo tergiversan, y todo lo esconden, y a quien busque la verdad le hacen la vida imposible, lo atacan, lo persiguen, lo discriminan, lo desacreditan, pretenden aislarlos y hasta los matan. Estamos ante el umbral de un oscurantismo peligroso.

Dos ejemplos de esta peligrosa tendencia global son el asesinato del periodista Jamal Khashoggi y la amenaza de bomba a CNN como parte de 14 paquetes con artefactos explosivos enviados a líderes demócratas y liberales por un fanático con su guagua llena de parafernalia pro Donald Trump. Se ve también en el fanatismo tóxico en las redes sociales, que como le pasa al fuego cuando le echan leña, se aviva con cada comentario y la retórica de odio de líderes políticos encabezados por Trump.  

Quizás sorprende que esto sea en los Estados Unidos, pero Trump no hace nada distinto a lo que están haciendo líderes de extrema izquierda y de la derecha en todo el mundo. ¿O no es acaso esa misma retórica que vemos en países como Cuba o Venezuela, en donde se coarta la expresión y se ataca a los opositores? Duterte en Filipinas, Bolsonaro en Brasil y Ortega en Nicaragua comenzaron atacando a los periodistas como ahora hace Trump, y ya es evidente lo que pasa en sus entornos.

Periodistas que reportan los hechos, los que denuncian la corrupción y los que analizan con seriedad son considerados el enemigo de los gobiernos que quieren evitar que la gente se entere de la verdad. Esa actitud envalentona a los seguidores que tratan de intimidar a periodistas, como hizo el acusado de enviar los 14 paquetes de bombas esta semana cuando amenazó por Twitter a una periodista.

El peligro es la muerte, porque representa un ataque a la democracia y al derecho a saber lo que pasa. En los primeros seis meses de 2018 han asesinado a 49 periodistas en todo el mundo, según el International Press Institute. En el 2017 mataron a 65, según Reporteros Sin Fronteras. El discurso anti-prensa sigue en aumento. En México mataron 22 reporteros de enero a septiembre de 2018, y en Europa llevan siete.

Afortunadamente en Puerto Rico no se llega a ese extremo, pero la polarización en la retórica anti-prensa se fomenta desde el gobierno en las redes sociales, por sus trolls pagados con fondos públicos y a través de sus portavoces en la radio.

En Puerto Rico los periodistas son atacados verbalmente por esos portavoces y trolls, y varios oficiales en el gobierno los ignoran o ni siquiera los invitan en ruedas de prensa para que no reporten lo que pasa. A los empresarios mediáticos que son incorruptibles, los políticos los presionan económicamente para que flaqueen en sus líneas editoriales o los personas del sector privado fabrican demandas para que cojan miedo y dejen de investigar. Eso está pasando ahora mismo en al menos tres medios regionales y cibernéticos de la isla que son los que están haciendo un periodismo más independiente y sin miedo. El objetivo es amedrentarlos o drenarlos a nivel económico. Eso hay que denunciarlo.

Por eso hay que respaldar cuando la prensa se ve obligada a demandar al gobierno para poder informar sobre temas vitales y documentos públicos, como ha estado haciendo hace un tiempo y prácticamente solo, el Centro de Periodismo Investigativo.

En ese sentido los políticos y sus acólitos en el poder tienen que asumir responsabilidad por sus acciones. La pregunta es: ¿Cuál es el miedo a la prensa libre? Obvio. Es evitar que la gente piense por sí misma.

La propaganda y la destrucción de la prensa libre busca el poder absoluto y evitar que las personas ejerzan su derecho a saber. Trump, como otros políticos del mundo incluyendo a Puerto Rico, repiten las mismas tácticas que usó Adolf Hitler para destruir la prensa libre y conseguir el poder absoluto en Alemania.

Hitler logró su meta en cinco etapas: 1) El partido Nazi permitió que un líder abrasivo accediera al poder, 2) el “establishment” conservador dentro del partido se amoldó a ese líder porque los llevaría al poder político y no le hicieron caso a las críticas internas, 3) el partido Nazi destruyó la credibilidad de los medios y la prensa para silenciarlos, 4) los nazis quemaron el congreso y 5) tomaron el poder mediante propaganda alegando que la raza blanca estaba amenazada por judíos y extranjeros.

Según varios estudiosos, Estados Unidos vive ahora la tercera etapa que es la de destrucción de la credibilidad de los medios y la de callar a los opositores. Por eso se promueve la desconfianza hacia la prensa. Si esta tendencia sigue y el liderato Republicano lo aplaude, es cuestión de tiempo para llegar a la cuarta y quinta etapas que se vivió en la Alemania nazi.

El bullying a la prensa que cuestiona, y el usar Twitter para comunicar, evita que se hagan preguntas y permite que se oculte la verdad. El rol de los periodistas, más que nunca, es corroborar los hechos y dar contexto y rigor para que no se manipule.

Pero la prensa y los medios tienen que hacer bien su trabajo. Como establece la famosa Declaración de Chapultepec que adoptaron todos los miembros de la Sociedad para la Libertad de Prensa en el 1994: “La credibilidad de la prensa está ligada al compromiso con la verdad, a la búsqueda de precisión, imparcialidad y equidad, y a la clara diferenciación entre los mensajes periodísticos y los comerciales”.

Los medios no pueden sustituir la decencia básica y la información ética y veraz por los prejuicios. Algunos caen en esa tendencia por miedo a perder sus audiencias. Eso explica, por ejemplo, la contratación en NBC de una presentadora que trajeron de Fox con un largo historial de imprecisión y discrimen como lo es Magyn Kelly. Al final, tuvieron que botarla hace unos días por tildar de aceptable el “blackface”, algo profundamente ofensivo para los negros a través de la historia de los Estados Unidos.

Aquí ha pasado igual. Solo es cuestión de analizar sin fanatismo quién dice la verdad. Después de todo, no hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El derecho a saber es un derecho inalienable del pueblo.

*La autora es relacionista profesional y mantiene el blog En Blanco y Negro con Sandra.


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