En Blanco y Negro con Sandra

Infantilismo

En Blanco y Negro con Sandra

Infantilismo. Así se resume cómo se comportan nuestros líderes políticos y aspirantes a cargos electivos. Son adultos, pero se conducen como niños. Estaba buscando cómo pudiéramos identificar la problemática que se vive en Puerto Rico, y encontré que existe esa condición de salud mental que se define como infantilismo.

Actúan como niños o adolescentes inmaduros, con características como la rebelión, la irresponsabilidad, el narcisismo, la dependencia, y el rechazo al envejecimiento o madurez, la manipulación, y más que nada, la creencia para trascender las reglas y leyes. No tienen capacidad para la empatía y no se abren al mundo de los adultos, según un estudioso del tema, Dr. Dan Kiley, el psicólogo que en el 1983 describió este comportamiento en su libro “El síndrome de Peter Pan”.

Pero Peter Pan no era malvado ni corrupto. Muchos de nuestros políticos sí. Los niños son sanos e inocentes, pero los adultos con comportamientos infantiles juegan con la vida de todo un pueblo. El infantilismo y las actitudes infantiles dominan las acciones de nuestra clase política y nos afectan a todos.

Los electores PNP juegan al tin, marín de dos pingües, escogiendo entre Wanda Vázquez o Pedro Pierluisi, o el desconocido que acaba de lanzarse, Eduardo De Jesús. En el PPD, Carmen Yulín y Eduardo Bhatia juegan al piedra, papel o tijera, mientras que el PIP y Victoria Ciudadana parecen jugar gallitos, a ver cuál es el que saldrá con más respaldo del mismo sector de electores.

La misma Wanda Vázquez, parece jugar con la gente diciendo: “adivina, adivinador”, con eso de si se tira o no se tira a la contienda por el puesto que le cayó en la falda. Un día dice una cosa, y al siguiente dice otra, mintiendo descaradamente, pero como sonríe, algunos medios le cantan a coro, “ambos a dos”, para confundir a la gente. Matarile, rile, rile.

Un Georgie Navarro seguía haciendo papelones, y no le hacían caso, hasta que tuvo que ser obligado por la presión pública a dejar la poderosa presidencia cameral de la Comisión de Gobierno. A Thomas Rivera Schatz no le quedó otra alternativa que sacarlo, porque Johnny Méndez lo protegía. Navarro parecía estar jugando a la gallinita ciega por años, sin aceptar sus problemas de adicción al alcohol ni saber cómo estos afectaban sus decisiones políticas.

Y así son otros. Juegan como cuando no había Playstation ni juegos por streaming, y regresan a la era de los juegos tradicionales. Por eso vemos alcaldes y legisladores jugando la carretilla, el escondite, la peregrina, o con los cabilderos y contratistas en un pase misín constante y el pueblo tiene que cantar “un, dos, tres… pescao’”. Se creen que la gente es inamovible, como en chico paralizado. No aprenden que la gente se cansó de los juegos. Que mientras ellos juegan con el dinero del pueblo, los viejos están decidiendo entre comprar comida o pagar medicamentos, los viequenses y culebrenses siguen secuestrados con mala transportación, y todos estamos esperando a que vengan los recortes en el 2020.

Se creen que tienen al pueblo con los ojos vendados, y nos cantan “dando la vuelta, ¿quién se quedará?”, cuando nos toque ponerle el rabo al burro en las primarias y las elecciones del 2020. Mientras tanto tienen un régimen de terror entre los empleados públicos a los que amenazan con botarlos si no endosan políticos. Y culpan de todo a la Junta de Control Fiscal, como hizo el secretario de Salud, Rafael Rodríguez, para ocultar que llevan años robándole el dinero de los adultos con discapacidad para usarlo en otras cosas. Tuvo que venir el juez federal Gustavo Gelpí a decirlo. Mientras tanto, esa noticia la esconden, para que la gente lo olvide rápido.

La culpa la tiene el pueblo, que acepta estos juegos. ¿Cómo permiten que gente señalada como un William Villafañe o Héctor Martínez regresen al gobierno y que se le pague un salario, o que digan que Ricardo Rosselló y un Aníbal Acevedo Vilá vuelven? ¿Es esto un juego de niños?

Es irónico porque en Puerto Rico cada vez nacen menos niños y somos un pueblo que envejece con rapidez, y una se pregunta ¿dónde está la madurez que se requiere para salir de este hoyo?  İY después se quejan de que Trump los maltrata y los americanos nos ven como niños, si es que los políticos no saben actuar como adultos!

El infantilismo de los políticos nos afecta a nivel internacional porque la corrupción hace que el país sea cada vez menos competitivo para atraer y mantener negocios. Tampoco resuelve el asunto colonial porque el estatus se reduce a un tema político partidista y no económico que es sus verdadera raíz.

¿Y qué otro juegos infantiles ven ustedes, los lectores, en nuestros líderes políticos? Me dejan saber. De mi parte, afirmo que es hora de detener el comportamiento de los líderes como si fueran niños chiquitos porque esa actitud es una burla al pueblo.

*La autora mantiene el blog y el programa radial En Blanco y Negro con Sandra. 


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