En Blanco y Negro con Sandra

Kavanaugh y las narrativas que dividieron a la nación

En blanco y negro con Sandra Rodríguez Cotto

De Brett Kavanaugh se ha hablado demasiado en las últimas dos semanas, pero en realidad poco se pondera y analiza la variedad de narrativas que provoca este personaje en la opinión pública.

Se parece mucho al propio presidente que lo nominó.

Como el propio Donald Trump, la figura de Kavanaugh agrupa en sus trincheras a los sectores más recalcitrantes y opuestos en la cultura que ahora prevalece en los Estados Unidos. Como pasa con Trump, a él lo aman o lo odian. Lo apoyan o lo descalifican. Le aplauden o le tiran. Kavanaugh representa la lucha épica más básica entre el bien y el mal, y esa es la fuente inagotable de inspiración, información y mensajes en el mundo mediatizado, de redes sociales, memes y 150 caractéres que se impone desde la metrópolis.

Poco importa que haya sido acusado de abusos sexuales o que se haya comportado como un petulante malcriado, llorón y gritón en las vistas senatoriales, o que después él mismo reconoció que no lució a la altura que exige el temperamento de un juez.

Todo en torno a Kavanaugh se mediatizó. Se mide por su mensaje, su ‘soundbite’ o la imagen que a los liberales inspiró libretos para todo tipo de comedias a lo “SNL” y ataques despiadados de programas de televisión como “The View” o comentarios en CNN; mientras que entre los conservadores provocó deseos de protección, como hacían en Fox News. Ese ser que generó contenido y narrativas sin par por casi tres semanas, será el próximo juez del Supremo.

Hasta ahora, la opinión pública estadounidense en torno a Kavanaugh se concentra en tres vertientes principales: el poder político, los medios informativos y la academia.

La primera vertiente es la lucha entre republicanos y demócratas en los centros del poder político. La segunda vertiente es la lucha de los medios informativos, porque están construyendo verdades. Las construyen a la luz de su propia conveniencia y su línea editorial. Tiene mucho que ver con la lucha entre republicanos y demócratas, pero no es esa nada más. Es también la lucha entre liberales y conservadores.

En última instancia, la punta de lanza en esa lucha entre los poderes liberales y conservadores es el futuro de la decisión de Roe vs. Wade y el poder que tendrá una figura como Kavanaugh, y la acusación de que abusó de una mujer.

La tercera vertiente es posiblemente que Kavanaugh simboliza ese sector de la academia que ve las cosas estrictamente desde el punto de vista de la Constitución de los Estados Unidos y la ley versus, el otro lado que ve los argumentos desde el punto de vista de la actualidad social y cómo esa actualidad social, afecta al ciudadano. Esas dos luchas se han estado dando desde que se anunció su designación.

Pero hay otras narrativas que se superponen. Está el mensaje del WASP riquito. Kavanaugh es un White Anglo-Saxon Protestant, bebedor, perteneciente a esa cultura de las fraternidades de blancos en ciertas universidades americanas, especialmente las “Ivy Leagues” como Yale, y que representa unos centros específicos de poder. Es una subcultura que no existe, por ejemplo, en estados del medio oeste, pero en el sur y en el noreste, domina. Esa subcultura comunica el mensaje de que hombres así tienen la actitud de que “yo bebo y no me importa lo que digan”, o “bebo y me importa poco lo que diga una mujer”.

Frente a ese personaje aparecen varias mujeres que lo acusan, pero la más contundente fue la Dr. Christine Blasey Ford. Para algunos ella fue valiente cuando depuso en las vistas públicas y reveló ante el mundo lo que había sufrido. Trump la vio al principio como elocuente, pero al par de días se mofó de ella y con eso, abrió por completo las puertas para que su base política siguiera atacándola. Ahí incrementó la narrativa de que los demócratas sabían, o que ella mentía o que vino a quejarse por conveniencia. Poco o nada hablaron en medios republicanos y conservadores del hecho de que esa mujer, como le pasa a las víctimas de este crimen, suelen callar por miedo. Ella calló por 30 años. Los republicanos y los medios conservadores nada dijeron de esa cultura de los WASP ricos que intimida y silencia a las víctimas.

Pero también hubo silencio entre los demócratas y medios liberales. Esa otra trinchera política, en su desesperación por atacar a todo lo que sea de Trump, obviaron las excelentes credenciales académicas de Kavanaugh. Eso no se cubrió porque el enfoque de la narrativa estuvo en su petulancia.

Y otra narrativa que parecería obvia es el propio Trump, que habló bien de la Dra. Ford pero después se mofó de ella porque esa es su táctica para llevarle un mensaje a una base política definida. Como él tiene que mantener a esa base que es extremadamente populista de derecha, Trump actúa moviendo sus pasiones. Si uno se fija bien, nota que todas las semanas el presidente sale con algún arranque que espanta a la prensa liberal y a los demócratas, pero genera apoyo de esa base republicana. Trump sabe que si su base se debilita, pierde.  Además, sabía que tenían que confirmar a Kavanaugh para amarrar el poder político del Senado como el último bastión republicano blanco que queda.

Esa narrativa del “old men’s club” es la que permea en este gobierno de Trump y se cristalizó con la designación de Kavanaugh, ciertamente, crea cultura. Por desgracia, veremos las repercusiones en la sociedad.

*La autora es relacionista profesional y mantiene el blog En Blanco y Negro con Sandra.


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