Editorial

Ojo avizor

Se cumple hoy una semana de la juramentación de la secretaria del Departamento de Justicia de Puerto Rico, Wanda Vázquez Garced, como gobernadora. 13 días de la renuncia deshonrosa de Ricardo Rosselló Nevares. 37 días de las primeras revelaciones del chat de Telegram que desembocaron en esa renuncia.

¿Cuál es el saldo? ¿Qué tenemos?

Esas son preguntas a las cuales el tiempo se encargará de ir añadiendo más y más respuestas.

Pero, a este punto, creemos que ya el cernimiento de la arena del tiempo está comenzando a separar lo que son pepitas de oro de simples piedrillas sin valor.

Tenemos revelaciones diarias de que Rosselló Nevares se comportó hasta el último minuto como el niñato que siempre fue y que hábilmente disfrazó con las estrategias mediáticas de sus allegados. La Administración Rosselló Nevares fue un evento que, cual episodio de Black Mirror o The Twilight Zone, pareció estirar por dos años y medio la caminata momentánea de Pedro Rosselló en Fortaleza vestido de Pedro Navaja.

Tenemos confirmaciones de que la clase política sigue con el oportunismo y la ventajería personal como únicos valores morales, más bien, inmorales. La degradación institucional de los partidos Nuevo Progresista y Popular Democrático es real y va más allá de tener dónde reunirse o tener agua para bajar los inodoros.

Tenemos patéticas muestras de que para ciertos actores del sector privado la defensa de la "estabilidad social" es la defensa de sus accesos a la chequera pública. El que solo un puñado de hombres y mujeres de negocios tomaran la delantera para unir su voz a la del pueblo que protestaba en las calles y luego otros más se apresuraran a apoyar la festinada ascensión al poder de Pedro Pierluisi es reflejo de que para algunos su "plan de negocios" no es la innovación o la eficiencia en la competencia, sino el inversionismo político.

Y tenemos una fuente inagotable de vergüenza ajena en los medios, particularmente los periódicos de papel, que siguen rindiéndose voluntariamente a las maquinaciones del poder político. No hicieron los cuestionamientos pertinentes sobre la falta de experiencia y madurez de Rosselló Nevares, y ahora, en una enferma voltereta de la lógica, manejan a la nueva gobernadora como si acabara de caer del cielo, sin trayectoria pública, sin responsabilidad alguna por lo que sucedió en la Administración Rosselló Nevares, como si se tratara de una funcionaria que no tuviera decenas de asuntos por los que responder. Otra vez, hay serias dudas sobre la persona que ocupa la gobernación y se le está dando un pase de paloma por una supuesta "luna de miel" que no es lo que la gente que se tiró a la calle esperaría después de todo lo que se ha revelado. La nueva gobernadora lleva una semana hablando mucho, pero haciendo nada. Tiene ahora el poder de corregir muchísimos errores e injusticias de la Administración Rosselló Nevares, no ha demostrado todavía que tenga la voluntad para hacerlo.

A contrasentido de todo esto, tenemos a un Tribunal Supremo que, a pesar de su muy bien documentada y salvaje balcanización política, supo reconocer que le tocaba descargar su responsabilidad con perspectiva histórica de largo alcance en vez de cortoplacista.

Tenemos una prensa digital independiente que, de hecho, fue la que llevó el peso de revelar el contenido de los varios texteos y chats que nos trajeron confirmación de la podredumbre que siempre se sospechó existía entre la clase gobernante. Los distintos mensajes quedan como referente al pueblo para comprender las tácticas que utilizan las administraciones para controlar la opinión con el fin de quedar como los héroes de la película. Manipulación de sondeos, preguntas comisionadas a periodistas, ataques coordinados y precisados en las redes sociales, uso caprichoso de los componentes de ley y orden para eliminar detractores y mancillar reputaciones, y omisión voluntaria del deber están en vitrina en esos mensajes. Lo vulgar e inaudito de las expresiones escritas por algunos de los integrantes del chat de Telegram, y de otros texteos, se encargará de que no se borre de la memoria colectiva.

No menos importante, tenemos el glorioso redescubrimiento de que un pueblo puede indignarse y unirse para lograr cambios, un pasaje de vida no muy distinto al de los indios taínos que ahogaron al conquistador Diego Salcedo. Con canciones, piquetes acuáticos, cacerolazos, paros y perreos combativos, los puertorriqueños del siglo XXI -tanto en la Isla como en la diáspora- pueden proclamarse verdaderos y creativos vengadores de la dignidad del pueblo. Se les pretendió chiquitear diciéndoles "pelús", "vándalos", "títeres", "putas", "viejos", "gordos", "patos", "comunistas" y "changuitos", pero ahora el mundo entero tiene a los puertorriqueños como ejemplo de ciudadanos que, mediante métodos democráticos, lograron un cambio de régimen sin usar las armas.

Finalmente, tenemos, como un recordatorio grabado en fuego sobre la piel, que se requiere vigilancia constante para enfrentar al aparato gubernamental y recordarle quién de verdad tiene el poder. Es un hecho que, si nadie los vigila, los miembros de la clase política se convierten en lobos y lobas. No hay que esperar a que aparezca otro chat para recordárnoslo.

Hace falta vigilancia constante y unidad de todos los sectores, no se puede bajar la guardia, particularmente con los intentos de enmendar la Constitución que ya se discuten entre ciertos grupos de los dos partidos hegemónicos, disfrazados de respuesta a una supuesta crisis que, en todo caso, es resultado de malas mañas políticas y no de acciones del pueblo.

El momento debe servir para redoblar la lucha por la transparencia, capacitación cívica y por reformas verdaderamente democráticas que permitan y amplíen los contornos de la participación ciudadana en todas las esferas del quehacer público.


NC.TV

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