Inteligencia Social

Cine y realidad, o un pensamiento sobre Trump por vía de Hustlers

"The whole country is a strip club: you´ve got people throwing the money and you´ve got people doing the dance."

"Todo el país es un club de desnudistas: tienes gente arrojando el dinero y tienes gente bailando".

-De la película Hustlers

Algo de cine

Esta frase lapidaria de Ramona Vega, personaje interpretado por Jennifer López en una magistral actuación en la película Hustlers, irá a la historia del cine retratando el ethos sinuoso de los Estados Unidos centrado en la avaricia. La película, que estrenó el jueves pasado, se ancla en la dura existencia de un grupo de bailarinas exóticas, quienes se ganan la vida "bailando" para ejecutivos pequeños, medianos y grandes de Wall Street antes de la caída bursátil del 2008, y cómo ese colapso las lleva a reestructurar su negocio, y a escalar en su oficio dedicándose a drogar y a robar a sus clientes. Hasta aquí la trama de un filme de crimen, porque más allá, y con mucha más hondura, se exploran en el mismo la amistad y complicidad de este grupo de mujeres, la hermandad que crean, y la profunda explotación y victimización de la cual son objeto.

No hay duda que la película dirigida con gracia, equilibrio e ingenio por Lorene Scafaria, que seguramente obtendrá varias nominaciones al Oscar, dará mucho de qué hablar, como sucedió con el artículo en New York Magazine, "The Hustlers at Scores", que sirve de base para el guion de la película. López y Constance Wu inscriben con sus actuaciones esta página lograda, que lejos de incurrir en el cliché y caer en la degradación, consigue develar el rostro humano de la devastación y de la supervivencia de manera efectiva.

Pero no vine a comentar sobre cine, ni voy a contar la historia. Quisiera hacer un poco de observación, si se permite, sociológica, de esta toma o fotografía del poder y de los poderosos de la sociedad estadounidense contemporánea. 

La frase lapidaria al principio de este artículo habla de la relación del poder y del dinero. Habla también de cómo ambos, poder y dinero, son elementos motivantes y pretendidamente justificatorios de su acumulación y concentración; y de cómo son a un mismo tiempo medios y fin en sí propios. Wall Street y Manhattan se tornan emblemáticos en este epicentro de la codicia a costa de lo que sea, y de la deshumanización descarnada.

Donald Trump

Desde hace años he tratado de explicarme cómo es posible que exista una especie-tipo como la de Donald Trump. ¿En qué caldo de cultivo puede surgir, brotar espontáneamente o evolucionar hasta llegar a ser definitivamente distinguible y distintivo de otras especies? Cada vez que examino las noticias, el señor Trump se vuelve más un acertijo. Sin embargo, la reflexión contenida en los subtextos de Hustlers comienza a brindarme algunas claves. Trump pertenece a la especie-tipo a la cual no le importa el sufrimiento que puede provocar en otras personas, incluso a miles o millones de personas, a las que naturalmente no considera parte de su especie. Trump pertenece a una especie-tipo que cree en efecto, que al mundo deben poseerlo, explotarlo y mandarlo un grupo muy reducido de personas con presuntas características excepcionales, probadas precisamente por su capacidad para acumular riqueza y poder. Trump cree seguramente que representa lo más elevado en la evolución, un tipo de superhombre merecedor de la admiración de todos, por lo que considera es su suprema inteligencia y habilidades que cree evidentes.

Trump necesitaba la presidencia de los EEUU para situarse en la cúspide, no ya como un presunto billonario, sino como el presidente del país más rico y poderoso del mundo. Necesita por tanto, barrer todo signo o apariencia de debilidad o flaqueza de los Estados Unidos. De ahí, su política exterior megalómanamente tajante y abrupta; su desprecio profundo por los habitantes y los países más pobres —nos llamó "shitholes", ¿recuerdan?—; su asco por los segmentos más vulnerables de la población de su país; su retórica supremacista y de odios… Nada es más natural para él que su desprecio por la verdad. A partir de ello, las verdades paralelas o alternas que pueblan su alborotado universo, y las rabiosas fantasías con las que siente que sabe nadar contra la corriente.

Incapaz de reconocer la crueldad que entraña esa visión de mundo y sus actos, el presidente semeja a quienes acumulan los billetes y los arrojan para que las humilladas de la tierra complazcan sus apetitos voraces.

Trump no es Estados Unidos  

Trump no es los Estados Unidos, no puede serlo, —¿pues qué sería del planeta?— pero representa el epítome de su sistema corrupto. Un sistema que los puertorriqueños debemos conocer bien, pues la más hosca forma de humillación nos la han impuesto desde el colonialismo imperial al capitalismo salvaje durante 121 años.

La inmensa mayoría de los estadounidenses podrían estar desorientados o desconcertados, pero no pueden ser de la especie Trump. Ciertamente a muchos el dios dinero tiene que haberles comido el alma, pero no a la manera de su Presidente.

Un país que dio al mundo la primera gran revolución por la independencia derramando la sangre de sus hijos contra el imperio más poderoso de la época, no merece el destino Trump. Los Estados Unidos de América que dieron a la humanidad el pensamiento de Jefferson y Madison; la lucidez de Franklin, el macizo de integridad de la desobediencia civil de Thoreau, entre tantas aportaciones, no merece el destino Trump. Ciertamente, la involución política y antidemocrática del pasado siglo, sumada a las secuelas de la esclavitud, han horadado aquel proyecto político del 1776 y el 1787. Pasar de luchar por la independencia a exterminar a millones de hijos de norteamérica; convertirse en imperio con colonias políticamente subhumanizadas; esparcir un modelo brutal de explotación humana y de la naturaleza alrededor del mundo; para nada hablan bien del historial de esa nación. Palidece su lucha contra el fascismo y el nazismo en la Segunda Guerra Mundial y palidecen sus aportaciones a la ciencia. Su destino, por el bien del mundo, no puede ser el destino según pueda concebirlo la mente febril de su Presidente.

Trump y Puerto Rico

Dentro de esta reflexión sobre Trump al trasluz de la película Hustlers, a nadie debe extrañar el tratamiento que nos dispensó luego del huracán María; las demoras y retrasos deliberados; las semillas corruptas del capitalismo salvaje de la reconstrucción retrasada—Cobra es el más reciente ejemplo—; los rollos de papel absorbente arrojados, los desplantes cotidianos; ni la cínicamente correcta acusación, por extraña que parezca la contradicción en términos, de que Puerto Rico tiene el gobierno más corrupto e incompetente del mundo.

Si fuese sólo Trump, uno entendería aunque fuese un poquito, el optimismo rampante, casi alucinante, de los viajeros a Washington, hambrientos de credibilidad y de legitimidad. Que conste, parece un absurdo que las víctimas del colonialismo sientan que tienen que dar credibilidad o legitimidad a su administración local. Tal autoimposición es absurda porque el colonialismo corrompió todo parámetro y rompió todos los relojes de la legitimidad y de la credibilidad. Quienes debieran hacer un esfuerzo para darse una pizca de credibilidad y legitimidad son los Estados Unidos, destrancando el colonialismo en Puerto Rico. Pero lejos de hacerlo, su Congreso lo ratifica con la ley PROMESA y su Tribunal Supremo lo ratifica validando una y otra vez los llamados Casos Insulares, un ofensivo dinosaurio jurídico para validar el colonialismo y la privación de derechos fundamentales a una nación y su gente.

Que funcionarios del gobierno colonial vayan a Washington a darle muestras de, o a "restaurar" la credibilidad, es una abominación si no se hacen las aclaraciones y exigencias de rigor, que queda claro que no se hicieron. En lugar de ello, en una esquizofrénica intervención, fueron a abogar por la estadidad. Dividiendo y fraccionando más su irrepresentatividad colectiva. De paso se sacaron un boleto para la descapitalización de una cuarta parte de los recaudos del gobierno de Puerto Rico. La errática foto-reunión breve con el Secretario del Tesoro culminó con el plato fuerte de que hay que eliminar el impuesto del 4% a las ventas entre corporaciones foránea, lo que representa 1,800 millones de dólares anuales menos en recaudos. Sin duda es la foto más cara de la historia. Costos del exhibicionismo. Lo dije en mi columna anterior: embarcaron a la Gobernadora o se la llevó enredada la vanidad. En lugar de comunicados celebratorios debieran haber declarado 40 días de duelo.

Hay, quiero pensar que aparte de todo lo anterior, una especie proto-trompista todavía más dañina en Puerto Rico. Proto-trompista refiere a un grupo de ensalzadores, creyentes en la ideología y valores de Trump, algunos de los cuales —amárrense el cinturón— forman parte del comité de campaña para la reelección de Trump. ¿Cómo? Como lo lee. A ese grupo selecto, pertenece el señor Carrión III, presidente de la Junta de Supervisión Fiscal, cliente favorito de Pierluisi el golpista breve, y la Comisionada Residente Jennifer González. La funcionaria electa a Washington con voz, pero sin voto, le debe una comparecencia pública al país de por qué apoya y hace campaña por Trump. Son patéticas las explicaciones de diálogo y avenencia que ha dado hasta la fecha.

De las inclinaciones y declinaciones de la gobernadora Vázquez referentes a demócratas, republicanos o repúcratas nada se sabe. A lo mejor, para sorpresa de todos, es o se cante estadista de las de Sanders.

Quizás sea afortunado ser una isla o archipiélago separada por el océano Atlántico de los Estados Unidos. Igualmente, que en Puerto Rico, no sean muchos los profundamente asimilados, como los falderos y campañistas para la reelección de Trump. La cita del principio del artículo no nos aplica, pero es bueno tenerla en mente sobre los Estados Unidos…

*El autor es doctor, abogado, profesor y estudioso de los procesos legislativos y reglamentarios. Fue asesor y luego portavoz del PIP en la Cámara durante 24 años.


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