Inteligencia Social

De camarillas, mafias y Junta

En mi artículo anterior, Las corruptas lecciones de Trump, afirmé incorrectamente que: “…en Puerto Rico se ha sabido sacar pacíficamente a un Primer Ejecutivo y a casi la totalidad de su camarilla corrupta este mismo mes de agosto”. 

Esta afirmación para decir lo menos en exagerada y desorientadora, por lo que considero necesario y sobre todo justo, mirar críticamente lo afirmado y formular las precisiones que estos tiempos demandan. 

El expulsado gobernador Rosselló y su camarilla corrupta

Llamar camarilla corrupta a los colaboradores renunciantes cercanos a Rosselló es hacer un estereotipo de una estructura mucho más compleja que apenas comenzó a develarse en un sólo chat —pudo haber otros— durante sólo dos meses de treinta meses de incumbencia. Amerita también explicar que no todos los denunciantes incurrieron en los mismos actos u omisiones odiosas, y que probablemente haya un semillero de camarillas a vuelta redonda y multiniveles operando sobre el botín contractual, patrimonial y presupuestario del gobierno y del país.

Que la camarilla en el visibilizado chat, revelase participación y acceso a información privilegiada a personajes del sector privado-privatizante, y una vocación persecutoria y discriminatoria de algunos, es sólo un punto de partida, una primera capa que debe servir de indicación para buscar y encontrar tejido conectivo hacia otros personajes y camarillas de los que pueblan el ecosistema del inversionismo político y el influencismo público.

Que parte de la camarilla hayan sido jefes encumbrados o exfuncionarios que retuvieron gran influencia, o personas con boletos de arena al proceso de toma de decisiones, obliga a hacer un minucioso examen de todas las instancias en que estos hayan utilizado sus facultades discrecionales y autoridad delegada, o aun la apariencia de investidura de legalidad,  para llegar a acuerdos, hacer arreglos, contratar y autorizar transacciones, incluídas las de personal, o a gestionar negocios, permisos, franquicias, entre otros, valiéndose de su acceso, intimidad y complicidad. Aun a miembros del chat menos vocalizantes, o a los tardíos —los que llegaron tarde— hay que investigarlos, porque su desorientación y falta de una brújula ética de la Administración, los llevó a cometer la imprudencia de estar y de seguir ahí y participar activa o pasivamente de la morbosa y cínica componenda. Por otro lado, en un concepto torcido de la fidelidad faltaron por no llamar a capítulo al cabecilla mayor,  o renunciar.

Somos muchos los puertorriqueños quienes nos impacientamos esperando por acción firme, robusta y tajante de la gobernadora Wanda Vázquez Garced ante esa camarilla y a su remanente, y las investigaciones sobre sus procesos de toma de decisiones, conexiones y otros emprendimientos. 

Hay sin embargo, en aras de la “estabilidad” que puede ser putrefacta, un tufo a “borrón y cuenta nueva”. La parte más terrible de ello es que el borrón, sin más, por definición es encubridor e incentiva la impunidad. Permite además, dejar enterrado el semillero causal, las redes, estructura y los efectos de conductas corruptas o ilegales. Para todos los fines, renunciados o no, mientras un miembro de la camarilla siga operando, la camarilla sigue operando. Imaginen el efecto de una pluralidad de camarillas activas y busconeando.

Ciertamente, no conviene a la gobernadora Vázquez, ni siquiera por inferencias que alguien crea que está aplicando “el borrón y cuenta nueva” porque fuese parte del gabinete de donde procede parte de la camarilla.

De camarillas y mafias institucionales

Todavía no entiendo cómo, si un mínimo de ánimo reparador habita en la Administración, no se han habilitado todavía uno o varios organismos cívicos-civiles que examinen de adentro para afuera y de afuera para adentro los procesos, procedimientos, mecanismos de cotejo, los contrapesos, los instrumentos de transparencia y de escrutinio de cada programa y ente gubernativo.

Durante casi un mes hemos presenciado con asombro una especie de inmenso operativo de relaciones públicas, no contradecir a nadie y la operación lavanda. No se trata de intentar tapar la peste, ni siquiera de enterrar los cadáveres de la corrupción sin autopsia, como tampoco de “restaurar la confianza de Washington”. La confianza que hay que restaurar en primera instancia es la de los puertorriqueños en las estructuras de gobierno, que quebraron y colapsaron previo al “ground zero” de la renuncia de Rosselló. Ni las estructuras gubernativas, ni la confianza del pueblo se restaurarán por arte de magia. Ese curso de relaciones públicas de la gobernadora sólo profundiza la carencia efectiva no ya de administración, si no de gobierno, por no hablar de gobernanza.

"Durante casi un mes hemos presenciado con asombro una especie de inmenso operativo de relaciones públicas, no contradecir a nadie y la operación lavanda"

Tener como primera misión “restaurar la confianza de Washington” es la mejor muestra de una carencia absoluta de entendimiento de lo que ha pasado en el último mes y medio en Puerto Rico. Washington perdió la confianza hace mucho tiempo. La perdió cuando lo que ahora sabemos era una mafia institucional tomó préstamos a mansalva, dejó de preparar informes financieros, declaró la quiebra, se repartió el gobierno en trocitos, incluidos los fondos y contratos de programas federales, e hizo de la empresa corrupta el negocio más grande del país.

Washington “perdió la confianza”, o más bien, supo que la colonia se le había ido en descontrol, cuando fue encontrando en cada esquina, a lo largo de múltiples intervenciones, auditorías y monitorías, que todo andaba dislocado y alocado en las finanzas públicas y en la administración colonial. Es absurdo pensar que en Washington con esta visita de la gobernadora Vázquez van a comprar la dócil y acomodaticia teoría del “borrón y cuenta nueva”.

Los que envían de viaje a la gobernadora Vázquez en esa expedición, por necesaria que aparenta ser, para llenar el ojo aquí, la están embarcando, ¡Y de qué forma¡

Bien hiciera la gobernadora, si se pusiese las pilas y abriera las puertas y las ventanas de las entretelas del gobierno para que el aire fresco y la claridad solar entrasen. Para que se pudiera echar luz sobre las vetas de la mafia institucional, que como la polilla debe estar haciendo fiesta en sus túneles.

Washington tiene mil formas de ver y ve, otra cosa es su velocidad para actuar. No hay que ir a Washington para dar muestras de que algo está cambiando de verdad en Puerto Rico. Sólo hace falta empezar, lo que no sucede aún por falta de ánimo u orientación.

La camarilla de la Junta de Supervisión Fiscal

“A ese lechón debería llegarle su Navidad”, pero las ruedas del sistema son lentas. La Junta ha sido uno de los contratadores principales del país, si no es el más importante. Ha conseguido succionarle directamente al quebrado presupuesto del gobierno un par de cientos de millones de dólares en tres años. Aun cuando sus miembros fueron nombrados inconstitucionalmente —lo dijimos aquí mismo cuando ocurrió hace tres años— una decisión del Circuito de Boston que será revisada por el Tribunal Supremo de Estados Unidos validó sus actuaciones y prorrogó su capacidad para seguir actuando. Adujo “Boston” —y no son los Medias Rojas que dirige Cora— que este conflictivo grupo de funcionarios —locales según la ley,— pero federales, están protegidos por la doctrina del funcionario “de facto”, por los casos insulares y por la cláusula territorial de la Constitución de Estados Unidos.

Es decir, que la Junta puede actuar oficial y válidamente aunque los nombramientos se hayan hecho violando la Constitución de Estados Unidos. Esta es la misma Junta que no quiso auditar la deuda —a ver qué parte es válida y se debe—, es la Junta que quiere demoler beneficios, que quiere empujar la visión republicana quitando derechos laborales y que devora bonos de Navidad de los empleados y está preparándose para sacarle el vivir a los puertorriqueños prontito para restaurar el pago de la incuestionada (por ellos) deuda.

Desde mi punto de vista, la Junta de Supervisión Fiscal no sólo es una camarilla, sino el epítome representativo de la mafia institucional imperial.

Decía en mi artículo anterior sobre los vicios morales de la colonia que  “La indiferencia, el acomodo conveniente, la evasiva táctica y para decirlo crudamente: la “lambonería” —palabra criolla que describe y funde la zalamería y el lameojismo—  de estos insensibles personajes es quizás el peor de los vicios morales de la política colonial.

Cruzarse de brazos a sabiendas del cáncer interno que se come la institucionalidad del país, sus recursos y su futuro, y dedicar el tiempo protocolariamente a no atender a las raíces del problema, es decir, de la enfermedad, es el peor efecto del peor vicio moral de la colonia.

La tercera gobernadora en seis días de agosto del 2019, todavía tiene que mostrar algún indicio de que va a combatir la corrupción, abrir el gobierno a la transparencia, y que abandonará el más de lo mismo. Tiene mucho en lo que pensar camino a la hipotética reunión con el señor Trump o quienes la reciban.

*El autor es doctor, abogado, profesor y estudioso de los procesos legislativos y reglamentarios. Fue asesor y luego portavoz del PIP en la Cámara durante 24 años.


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