Inteligencia Social

Desvestir un santo para vestir a otro

La venta del Antiguo Seminario Conciliar

Al igual que muchos puertorriqueños conscientes, nos sentimos consternados por la anunciada intención del Arzobispo de San Juan, Roberto Octavio González Nieves, de vender el edificio del Antiguo Seminario Conciliar de Ildefonso para pagar la pensión que la Iglesia Católica adeuda a un grupo de 184 maestros de sus escuelas.

El Antiguo Seminario Conciliar San Ildefonso, construido en 1832, es la sede del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe desde 1986. Ubicado en la calle del Cristo 152, es considerada unánimemente una de las estructuras de mayor valor histórico y arquitectónico del Viejo San Juan.  Su hermoso patio interior se encuentra entre los de mayores dimensiones de la arquitectura colonial de la ciudad, entre otros multiples detalles arquitectónicos que lo destacan, como sus magníficas arcadas, capilla neoclásica y refectorio abovedado.

Propulsado por el primer obispo puertorriqueño Juan Alejo de Arizmendi, luego de décadas de lucha, se logró establecer que el seminario se convirtiera en la primera y más importante institución educativa en la Isla durante el siglo 19. Muchos de los más ilustres puertorriqueños, como Román Baldorioty de Castro, Alejandro Tapia y Rivera, Manuel Alonso, Eugenio María de Hostos, José Celso Barbosa, Antonio R. Barceló, Cardenal Aponte Martínez, y Cayetano Coll y Toste, entre otros, se formaron en el Seminario Conciliar. Pocas instituciones en Puerto Rico pueden presumir de tan notable progenie.

“Fast-forward” a 1983, año en que el legendario Don Ricardo Alegría decide emprender la restauración de esta valiosa estructura, cerrada desde 1972 en avanzado estado de deterioro y rescatar su importante legado cultural. Con el aval del cardenal Luis Aponte Martínez, Don Ricardo dirigió personalmente el proyecto de rehabilitación del edificio de 144,000 pies cuadrados en una meticulosa labor de amor que sirvió de modelo de restauración histórica exitosa y que se realizó con mucho menos de un millón de dólares.

La obtención de los fondos para el proyecto también fue un ejemplo de lo que puede lograr el esfuerzo conjunto del gobierno y el sector privado. La Oficina Estatal de Preservación Histórica (SHPO por sus siglas en inglés), la Fundación Ángel Ramos, y otras corporaciones y personas particulares, ofrecieron apoyo económico o servicios profesionales durante las obras.

A partir de 1986, el Seminario retomó su centenaria trayectoria educativa al convertirse en sede del Centro de Estudios Avanzados, institución de estudios graduados fundada por Don Ricardo en 1976, especializada en arqueología, historia y cultura de Puerto Rico. Consideraba que el Seminario sería la sede ideal para la institución, por su función forjadora de nuevas generaciones de profesionales de la cultura que llevarian adelante su misión de preservar, estudiar y afirmar nuestra identidad de pueblo.

Hasta 2018 el Centro ha conferido grados de maestría y doctorado a 862 profesionales de la historia y la cultura que han aportado al desarrollo del país. A través de sus 40 años de existencia, el Centro ha sido un foco no solo de investigación y estudio sino de difusión de nuestro de cultura. Funge como centro comunitario de puertas abiertas, siendo sus facilicades y magnifica biblioteca de libre acceso al público. Constantemente auspicia actividades y programas culturales y educativos para el público.

El Centro, que ocupa casi un bloque, se ha convertido en el eje de un verdadero distrito cultural, hogar de otras instuciones del quehacer cultural como la Liga de Arte, la Escuela de Artes Plásticas, el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la Oficina Estatal de Conservación Histórica y el Museo de las Américas.  El conjunto de instituciones que ocupan este inigualable zona histórica con el Centro como ancla, constituyen sin duda uno de los mayores repositorios de nuestra herencia cultural, bastión y “bunker” virtual de nuestro patrimonio histórico.

De golpe y porrazo, la desatinada decisión de la Iglesia Católica amenaza con destruir el proyecto educativo que encarna el sueño del primer obispo puertorriqueño y la obra restauradora de Ricardo Alegría. Si bien la deuda de la Iglesia con los maestros es un asunto apremiante que hay que resolver, despojar al Centro de su histórica sede es “desvestir un santo para vestir a otro”.  

La Iglesia Católica, si bien tiene el derecho de disponer de sus bienes, tiene el deber moral de proceder con la extrema prudencia que su rol social exige; debe desplegar la sabiduría de Salomón y priorizar los valores y principios que representa. La Iglesia Católica ha tenido un papel principal en la educación en la Isla, siendo cuna de las primeras instituciones educativas. Quinientos años mas tarde en la Catedral de San Juan se erigió el llamado “Altar de la Patria”, elevando a nivel de culto la devoción por la identidad puertorriqueña. Irónicamente, la decisión de despojar al Centro de su sede da al traste con ese ministerio cultural y educativo que profesa. El verdadero altar de la patria no es una placa sino una gestion real y tangible de apoyo a la cultura. Es una acción que a la hora de la verdad opta por salvaguardar y no destruir lo que tomó siglos de esfuerzo lograr.

Ante denuncias de la posible venta hechas por el profesor y dramaturgo Roberto Ramos Perea hace cinco años, el Arzobispo de San Juan negó en la prensa que vendería el edificio, alegando que ha promovido la conservación y el desarrollo de la cultura puertorriqueña. Vergonzosamente hoy admite lo que antes negó.  

Aunque la venta del histórico inmueble sería la “solución fácil”, es sin embargo una con desastrosos efectos colaterales. En esta coyuntura la Iglesia Católica tiene en sus manos la decisión trascendental de consolidar esa área de la ciudad histórica como una “zona hotelera” o mantener su carácter como “zona cultural”.  Preguntémonos, el antiguo Seminario como hotel o vivienda privada (como sucedió con el Colegio de Párvulos), ¿qué aportaría a nuestra enriquecimiento como sociedad? La entrega de un patrimonio histórico para el disfrute privado de unos pocos privilegiados, y la inevitable alteración de una joya arquitectónica. Póngase en la balanza eso versus el valor intangible multiplicado miles de veces de mantener la estructura íntegra como baluarte de la cultura, historia e identidad de todo un pueblo.  

No hay duda de que la Iglesia Católica tiene otras opciones para resolver su situación, que tal vez no sean tan fáciles, pero que no conllevarían el despojo de un patrimonio único para Puerto Rico. La Iglesia tiene a su haber cientos de otras propiedades de valor que podría liquidar para resolver su situación económica, como muchos han sugerido, estaciones de radio y televisión, obras de arte, edificios en la zona metropolitana, y solares por todo Puerto Rico, como se refleja en el inventario de sus bienes sometido a la Corte de Quiebra.

El pueblo de Puerto Rico también tiene opciones si la Iglesia se mantiene en su posición indiferente y a despecho del mejor interés del pueblo. Si se aunaron esfuerzos entre el gobierno y el sector privado para restaurar exitosamente el Seminario, se pueden aunar nuevamente para su adquisición. Si hay voluntad, los fondos se pueden obtener; hay que apelar a todos los sectores, fundaciones sin fines de lucro como la Fundación Flamboyán y otras, que se han mostrado sensibles a la preservación del patrimonio cultural puertorriqueño. Si nos ponemos en pie de lucha se puede lograr. Pero el asunto está en jaque y hay que actuar; si nos quedamos cruzados de brazos se nos vende el patrimonio antes de que abramos los ojos.

*El autor es presidente y fundador de la Puerto Rico Historic Buildings Drawing Society.


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