Inteligencia Social

Discursos que no pueden amordazar

Hace sesenta y siete años, el 29 de agosto de 1951, fueron sentenciados en el Tribunal de Distrito de San Juan, por infracción a la Ley # 53 de 10 de junio de 1948, Don Pedro Albizu Campos, Doris Torresola Roura, Carmín María Pérez, Alvaro Rivera Walker y Juan José Muñoz Matos.

Esa ley, conocida como la Ley de la Mordaza, fue diseñada, importada y aprobada en Puerto Rico, con el propósito explícito de declarar delito aconsejar, abogar, fomentar o predicar el derrocamiento, la paralización y la destrucción del gobierno insular por medio de la fuerza y la violencia. La infame ley fue aprobada de hecho, para convertir en delito hasta la idea hecha palabra. Tanto fue así, que las convicciones y sentencias a presidio fueron hechas a base de doce discursos pronunciados por Albizu Campos en Guánica, Ponce, Cabo Rojo, Lares, Arecibo, Utuado, Santurce y Manatí en actividades del Partido Nacionalista, algunas en aniversarios de fechas históricas, entre los años 1948 y 1950.

Los doce discursos transcritos por funcionarios policíacos fueron vinculados por una treta y pirueta jurídica con hechos acontecidos el 30 de octubre de 1950 en la Revolución Nacionalista. Era la forma en que el ministerio público local podía conectar a los acusados con los eventos de ese día. Por ello, desfiló prueba en el juicio por los discursos —algunos de dos años de antigüedad— de bombas, armas y hasta cenizas de un cadáver.

Cuando un gobierno quiere reprimir, perseguir y castigar, no se fija en descuadres por detalles técnicos. Poco le importa el carácter antijurídico mismo de la ley que aprueba para reprimir, ni su evidente inconstitucionalidad; menos aún le interesan detalles de cómo convertir un alegado delito en doce alegados delitos, y conseguir así convicciones y sentencias que pudieran tardar una vida en extinguirse.

Las sentencias impuestas por el juez de Distrito, Pablo Juan y Toro fueron de 1 a 2 años de presidio por el primer discurso; de 1 a 3 años de presidio por el segundo discurso; de 1 a 4 años de presidio por el tercer discurso; y de 1 a 5 años de presidio por cada uno de los otros nueve discursos.

El primero de los discursos fue pronunciado en Guánica en el cincuentenario de la invasión de los EEUU, el 25 de julio de 1948. El último de los doce discursos fue pronunciado en el octogésimo segundo aniversario (82) del Grito de Lares en ese municipio.

Debemos el rescate de las transcripciones de estos discursos y de los documentos del expediente judicial a un litigio presentado por el profesor Pedro Aponte, a quien le fueron negados; y, su publicación, a la doctora Yvonne Acosta en el 1993.

Si informo de estos hechos históricos y del admirable trabajo de  los profesores Pedro Aponte, y de la doctora Yvonne Acosta, es porque tuve ocasión de releer estos discursos —plagados de errores de transcripción y de lagunas, pero no por ello menos valiosos— y encuentro hoy igual o mucha más vigencia de esos discursos que cuando fueron pronunciados por Don Pedro Albizu Campos, hace cerca de setenta años.

Década tras década, la falsedad mayúscula y masiva del régimen colonial imperante hace 120 años, y la preparación que devendría poco después en el colosal fraude ilusorio del Estado Libre Asociado, ha sido confirmada una y otra vez. Los discursos de Don Pedro presentan multiplicidad de juicios basados en hechos, la mayor parte de los cuales han podido corroborarse por investigadores, académicos e historiadores años después.

Sus afirmaciones —que lo llevaron a prisión localmente— se tornan más reales y patentes, y de más actualidad ahora, es decir hoy, luego de más de de dos años de embestidas oficiales masivas del gobierno de los EEUU, corroborando la farsa del ELA y ratificando la ausencia de soberanía del territorio de Puerto Rico. Durante casi dos décadas el gobierno de EEUU lo fue diciendo en memorandos presidenciales, a veces con mayor y otras, con menos disimulo. En el 2016, la máscara cayó oficialmente, y, primero el Ejecutivo estadounidense a través de sus comparecencias judiciales; luego el Tribunal Supremo de ese país en los casos de Fraklin Investments, y el de Pueblo v. Sánchez Valle; y, finalmente, el legislativo federal, mediante la aprobación de la ley PROMESA y la creación de la Junta de Control Fiscal.

De manera que a Don Pedro lo terminaron encarcelando puertorriqueños al servicio de los intereses coloniales de EEUU, no sólo por utilizar la palabra, sino por proclamar verdades en discursos públicos, que son hoy o no negadas, o asumidas y ventiladas oficialmente por el gobierno de los Estados Unidos. 

Que la historia vaya develando verdades cuya proclamación era entonces, hace 70 años peligrosa, y que hoy sean evidentes y estén en boca de las grandes mayorías locales y de la oficialidad estadounidense, como la de la farsa colonial del ELA, no deja de resultar paradójico e irónico.

Que todavía haya personas deshojando margaritas para dirimir cómo se deja de ser colonia para seguir siéndolo, todavía puede causar cierto grado de sorpresa. A esas personas, “líderes”, sugiero que examinen los discursos por los cuales fue preso el patriarca mayor del siglo XX.

Que haya personas que todavía no hayan comprendido que “al americano”, sólo le interesa la jaula, no los pájaros —y cuidado si, ni la jaula— y porfíen y simulen buscar una “estadidad” que no es ni siquiera imaginable en la psiquis de Washington, sugiero a estas personas que lean estos discursos llenos de claridad y de vigencia.

Como se trata de discursos que van al fundamento y a la médula del régimen colonial, están repletos de análisis y de diagnósticos, que en muchos casos resultaron o resultan ser proféticos. En ellos trata asuntos cardinales como la economía, la persecución, la educación, la salud, la niñez, la condición social, la cultura, la explotación, la  política, la emigración y la colonia; y en todos pone el dedo acusador y esclarecedor en la llaga y en las causas.

Se trata de discursos de tribuna, dichos en el fragor de la batalla política, en lenguaje sencillo, con singular dominio del arte del discurso como instrumento pedagógico. Sin duda alguna fueron discursos considerados peligrosos por los sustentadores de la farsa colonial. Fueron discursos que había que embovedar y esconder; que había que desprestigiar; y que había que llamar loco a quien los pronunciaba. Son discursos inamordazables, ni siquiera con una infame Ley de la Mordaza. Doce discursos que afloran con toda fulgidez luego de setenta años. Sin duda alguna, que en su lógica autoritaria imperial y servil local, tuvieron que volver encerrar a su autor.

En un par de semanas, el próximo 12 de septiembre se cumplirán 127 años del natalicio de Don Pedro. Se trata de un buen periodo para que desde el Puerto Rico gobernado por la Junta de Control Fiscal y por el Congreso de los Estados Unidos, podamos apreciar, aprender o repasar algunas de sus enseñanzas, cada cual desde la diversidad de sus criterios y creencias, pero respetuosos de la monumental aportación de Don Pedro y de su amor por el futuro de su Patria.

*El autor es doctor, abogado, profesor y estudioso de los procesos legislativos y reglamentarios. Fue asesor y luego portavoz del PIP en la Cámara durante 24 años.


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