Inteligencia Social

Más golpismo en el fin de sesión

Que el poder corrompe y que el absoluto, corrompe absolutamente, es una advertencia ya trillada de tanto hacerla y ponerla en práctica. Que el poder —o su apariencia colonial— no puede ser un fin en sí mismo, pues deviene en corrupción absoluta en quien lo persigue como medio y como fin, es otra verdad palmaria de aquellas que los fundadores del norte degenerado llamaron autoevidentes o “self- evident”.

Que la inmensa mayoría de quienes dicen creer en la “estadidad” para Puerto Rico, ni conocen los principios bajo los cuales se crearon los Estados Unidos, ni los fundamentos de la separación y reparto del poder político es un hecho lamentable y patético. Querer ser algo sin saber de lo que se trata —y no es de fondos federales— es una grosería y una falta de respeto político de las peores que se pueden mencionar. Decir igualad, por decir igualdad, es una tautología que semeja más a una tontología. Los 7 mil millones de seres humanos del planeta tenemos iguales derechos desde nuestra profunda diversidad. Hasta ahí vale la seguidilla.

Esta semana, a la bruta, es decir, por la fuerza bruta del número, se intentarán cambiar varios ordenamientos fundamentales el martes y el  miércoles. El máximo líder del Partido Nuevo Progresista (PNP), fanático de la democracia, aprobará a la trágala desde el Senado, tres medidas que cambian las reglas de juego y equilibrios esenciales en tres asuntos: el Código Civil, el Electoral y el Municipal. Los cambios en los últimos dos le permitirán descender al nivel del golpista Pedro Pierluisi —sí, quien fue el gobernador breve, quien ahora aspira a sacarlo de la presidencia del PNP— se presenta como candidato único primarista al 31 de diciembre. Ese sería su segundo intento de golpe en menos de seis meses. Si no hay primarias, alguien argumentará que ya es el candidato de facto y de jure a la gobernación, y sacará a Thomas Rivera Schatz de la presidencia de ese partido.

El golpismo de Rivera Schatz es sin embargo, distinto. En el caso del ordenamiento electoral, conocedor como es del mismo, seguirá desequilibrándolo para que su partido lo controle todavía más. Una sola de las enmiendas del Código Electoral permitirá que sea el Tribunal Supremo quien nombre a la cúpula dirigente del organismo rector de los procesos electorales. La preocupación por este afán monopolizante de control del aparato electoral es que en la composición actual del Tribunal Supremo no hay un solo miembro en cuyo nombramiento y confirmación no se haya tomado en cuenta la ideología partidista y de status político de los nominados, o sus pasadas-cercanas afiliaciones. Siempre ruego, que muchos otros factores compensen por ese triste sesgo que atraviesa esos nombramientos de por vida.

En ese mismo proyecto electoral se flexibilizan de tal forma los procesos de inscripción y votación (que serán eventualmente puertas abiertas), que se pone en riesgo la pureza, confiabilidad, seguridad, credibilidad e integridad del mismo. Son tantas las enmiendas que habría que hacerle a esta legislación, que el proyecto no es enmendable. Por lo que su aprobación a la ligera, con exclusión de las minorías, cuya participación efectiva reforzaría el equilibrio razonado que debe imperar en el proceso electoral, denuncian un triste esfuerzo adicional perturbador de la aspiración democrática.

El golpismo en esta legislación y la antidemocracia se extienden también a la esfera del gobierno municipal. Nuevamente se amplía el ámbito de la licencia para aplastar que hoy día poseen ya las mayorías municipales. SI hay piquiña, hay que acabar con lo que la provoca. Las minorías de un tercer partido quedarán excluidas, aporte grandioso a la impunidad y francachela bipartita, ausente la fiscalización necesaria de un tercer partido.

Hay cientos de páginas en estos dos proyectos de aprobación a lo bestia, que mutilan garantías importantes y abren nuevas autopistas al saqueo municipal. No hay que olvidar que en un país donde la Contralora admite estar frustrada porque auditoría tras auditoría, regresan a los municipios sus auditores para encontrar idénticas violaciones a señalamientos, sin que se hayan corregido y siguiendo allí los mismos perpetradores; nuevas aperturas a estos entusiastas manipuladores del fisco y de la politiquería, como la de estos proyectos, abrirán nuevos boquetes y sumideros al presupuesto, a la equidad, a la política limpia y al buen gobierno.

Queda en la trilogía cañonera y demoledora del próximo expresidente del PNP, la destrucción de cualquier noción de institucionalidad del Bien Común, no secuestrado; la aprobación desesperada e imponderada de enmiendas al Código Civil —busquen un artículo extenso mío en esta publicación sobre el tema— que el todavía líder máximo PNP quiere conseguir en este “blitz” de fin de sesión. Por simpática que podría parecer una que otra enmienda, las aguas están tan envenenadas por la politiquería en esa región, que sólo un esfuerzo de apertura de buena fe, sin prisa y sin violencia podría propiciar no ya el consenso imposible, sino que un entendimiento superior que no derrote la convivencia.

No sabemos, si ya no hay acordado con la gobernadora Wanda Vázquez, un guiño de vetos para hacerla quedar bien, imponiendo veto de bolsillo a lo que le llegue. Rivera Schatz parece ser tan enemigo del aguaje, como de Pierluisi, su futuro desahuciador, pero la política tiene contraseñas y cambios de señales raras, y vaya usted a saber. 

A propósito del fin de la sesión… parece que el terror sigue a nombrar a un Secretario de Estado… ¿Seguirá temiendo la Gobernadora, que la quieran sacar una vez haya un Secretario de Estado que sea sustituto confirmado? Vaya gobierno en el que sus integrantes no se tienen fe, ni confianza entre ellos mismos.

*El autor es doctor, abogado, profesor y estudioso de los procesos legislativos y reglamentarios. Fue asesor y luego portavoz del PIP en la Cámara durante 24 años.


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