Opiniones

La libertad de expresión y el respeto en las escuelas

La escuela no solo está llamada a enseñar las materias básicas, sino a ofrecerle a los estudiantes  las herramientas necesarias que les permiten desarrollar y manifestar sus juicios estructuradamente, teniendo como base el respeto al pensamiento del otro; está obligada a poder plasmar su discurso por cualquier medio, oral o escrito, de forma organizada con argumentos fundamentados en la cortesía; sus componentes deben ser persuasivos pero, al mismo tiempo, dar espacio a la tolerancia, a la diferencia de opiniones.

Los maestros y toda la comunidad escolar forman parte esencial del cumplimiento de este reto, no tan solo con las palabras, sino con su ejemplo constante.

Todos estamos llamados a enfrentar ese reto, a alcanzar una mejor convivencia a todos los niveles; a trabajar en equipo para lograr la transmisión de un mensaje efectivo que redunde en un ambiente saludable. Solo así, tendremos una comunidad escolar donde la consideración y el respeto, entre adultos, entre niños, entre todos, se conviertan en protagonistas del espacio. Eso es prioridad.

Porque el respeto que debe y tiene que permear en un salón de clases, tanto como en cualquier esquina de esta Isla. Realmente se trata de asumir una postura que posibilite la introspección, el análisis que lleve al individuo a sentarse con los hechos en la mano, a ubicarse y pensar serenamente sobre los argumentos y propiciar así un ambiente de diálogo, no importa el contexto de la situación.

En las aulas, como ocurre en toda situación de vida, existen divergencias de opiniones y todos estamos llamados a defender, a capa y espada, la libertad de pensamiento y palabra. En estos tiempos, es esencial que los niños y niñas logren esbozar opiniones siempre informadas; deben aprender a desarrollar premisas basadas en evidencia, a llegar a sus conclusiones sustentadas en datos.

Esto es esencial en una sociedad como la nuestra, si queremos desarrollar verdaderos líderes. La importancia entonces no está en el “qué”, sino en el “cómo”. La discusión, siempre civilizada y sobre lo que sea, debe ser sobre conceptos y NO sobre individuos.

En estos tiempos, es esencial que los niños y niñas logren esbozar opiniones siempre informadas; deben aprender a desarrollar premisas basadas en evidencia, a llegar a sus conclusiones sustentadas en datos.

La libertad de expresión, la de todos, jamás debe ser confundida con el libertinaje, con un discurso de odio y daño que solo redundará en violencia verbal y física; en palabras y actos que marcarán la vida sin dejar espacio al crecimiento emocional e intelectual de chicos y adultos. Necesitamos y queremos desarrollar seres que aporten al desarrollo y bienestar de esta tierra. Pero, sobre todo, deseamos que sean capaces de conseguir su felicidad a base del respeto a sí mismos y hacia los demás. Solo así conseguiremos la verdadera estabilidad fundamentada en los auténticos valores: la tolerancia, la perseverancia, la entereza de espíritu, el temple, la cordialidad, la generosidad, la humildad, la lealtad, el compromiso. En fin, todo lo bueno que nos hace mejores seres humanos.

Estoy convencida de que todos nuestros maestros y maestras sienten la responsabilidad de convertir a sus niños y niñas en ciudadanos exitosos, felices, hábiles para transmitir, difundir y multiplicar las bondades del ser humano.

Por eso, sin descanso y contra viento y marea, seguiremos poniendo en las manos de toda la comunidad escolar los mecanismos correctos para que logren su cometido de priorizar aquellos argumentos que nos edifiquen como individuos y sociedad; que cumplan con el reto de perpetuar los valores genuinos dentro del ambiente escolar.

Lograr consenso no es fácil, sobre todo entre una comunidad compuesta por decenas de miles de personas a las que, por supuesto, les respeto sus opiniones. No  siempre estaremos de acuerdo. Pero pueden estar seguros de que, como ha sido hasta el momento, mi único interés será el bienestar de todos los niños y niñas, el de todos ustedes.

Para lograr esto, cada uno y sin excepción, tiene que dar el ejemplo; sentir y transmitir esos méritos, los únicos que podrán transformar la escuela en el lugar que TODOS queremos: ¡El mejor lugar por el bienestar de los niños y niñas, siempre primeros!

Somos capaces de lograrlo. Existen los recursos y vamos a ponerlos a su disposición; es nuestro deber y compromiso. Siempre lo ha sido. Lo hemos hecho y lo seguiremos realizando. Para mí, no hay opción. Vamos a crear verdaderos líderes, de la forma correcta. Que nadie tenga duda de eso. Mi aspiración es que cuando cada estudiante sea un adulto, reflexiona sobre sus experiencias en la escuela publica y se siente orgulloso de lo que fue su proceso de crecimiento y aprendizaje y que también se acuerda de cada educador que le ayudo encontrar su voz, expresar una opinión bien informada y empezar a ejecutar su responsabilidad como ciudadano responsable.

*La autora es Secretaria de Educación del Gobierno de Puerto Rico.


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