NotiCel desde adentro

A siete años de un 'carjacking' nada ha cambiado

Columna editorial para NotiCel desde adentro

Todavía lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Era cerca de las 7:45 de una noche de septiembre de 2012 cuando me estacioné frente a la casa de un amigo en la urbanización Venus Gardens en Cupey; casi una rutina diaria para mí en aquel tiempo. Todavía recuerdo la sensación de la fría pistola, el par de manos desconocidas rebuscando mis bolsillos y el terror de que, sin pedirlo y en la fantasía de "esas cosas no me pasan a mí", me topara con mi última noche en la Tierra. Siete años después nada ha cambiado, excepto el número de víctimas, cada vez mayor.

Fui de los afortunados. Sobreviví el 'carjacking' esa noche. El par de maleantes, chamaquitos que siempre juré no llegaban ni a los 18 años de edad, solo querían la guagua. Al bajarme, me pillaron contra la puerta, me encañonaron en la frente, me despojaron de mi celular y otras pertenencias, me hicieron correr y se llevaron la guagua. Todo duró unos segundos y, para mi fortuna, el incidente quedó grabado en cámaras de seguridad. 

Junto a vecinos, llamamos a la Policía. La patrulla estatal tardó casi una hora en llegar. Fue una eternidad y me la pasé pensando, indignado, "esto es tiempo perdido para dar con esos ladrones". Los dos agentes vieron el vídeo, escribieron la querella y me dijeron que me llamarían del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC). "Gracias y buenas noches".

El día después, frustrado por la situación y cómo las autoridades manejaron el asunto, a mi entender con poca celeridad y sin darle mucha importancia, decidí enviarle a todos los medios del país la grabación del 'carjacking'. La guagua era de un familiar muy cercano que la necesitaba para trabajar y proveer a su nueva familia, por lo que me sentía sumamente culpable por lo sucedido y solo quería que apareciera.

La atención mediática y viral que tuvo el video vino acompañada por una llamada, al tercer día del incidente, de la División de Vehículos Hurtados de la Policía. La llamada fue para citarme a declarar además de recriminarme por difundir el vídeo porque, alegaron, eso les hacía el trabajo más difícil. Claro, la presión mediática estaba en un 'fever pitch' y ahora tenían prisa.

Declaré todo lo que vi y entregué todo lo que tenía que pudiera ayudarles. No supe más nada hasta que dos o tres semanas después, me llama la investigadora del caso para indicarme que encontraron la guagua. Unos agentes se toparon con ella durante una intervención en Ceiba, al parecer usada como herramienta para un punto de drogas y/o venta de armas. Le habían hecho hasta un 'car-wash'. 

Cuando recogí la guagua en el cuartel de Ceiba, me percaté que personal técnico embarró todo el 'dash' con grafito para detectar huellas. En el camino de regreso, escoltado por un familiar ante el temor, encontré satisfacción en las manchas de polvo negro porque entendía la Policía está trabajando. Volví a tener fe en la Uniformada.

Pero nada pasó. Salvo una pista reportada en los medios de una pareja que andaba en la guagua poco después del 'carjacking', nunca se supo quién me asaltó, cómo la guagua terminó en Ceiba ni quiénes eran los que la estaban usando en el área este. Nunca volví a recibir un 'update' y, cuando llamé al CIC unos meses después, la agente investigadora ya ni estaba en Vehículos Hurtados y nadie supo decirme a quién le asignaron el caso.

Me di por vencido y seguí con mi vida, celebrando que al menos continuaba con vida. Pero siempre me quedé con la sensación de que en la calle impera la regla del "sálvese quien pueda" y nadie te va a ayudar. Gracias a mi trabajo como fotoperiodista, he aprendido a valorar la difícil y diaria labor, poco remunerada, de los policías.

Pero en siete años nada ha cambiado y la situación sigue empeorando. 

Cada día son más los 'carjackings' y la violencia desmedida que emplean algunos ladrones. Yo, al igual que muchos puertorriqueños víctimas de estos crímenes, sentimos desconfianza hacia el sistema y nos arropa la desesperanza. Tenemos miedo. Por eso a la gente se le hace tan difícil hablar sobre algún crimen, sea con las autoridades o los medios. ¿Para qué? ¿Para ponerse un 'target' en la frente mientras la Uniformada, Justicia y los Tribunales arrastran los pies? Para muchos, no vale la pena. 

Trabajando en NotiCel el pasado jueves, tuve que entrevistar al superintendente auxiliar de investigaciones criminales, coronel Rolando Trinidad, luego que la Policía convocara una conferencia de prensa sobre este tema y los asaltos a conductores de UBER.

Con mucho respeto, le pregunté si alguna vez había sufrido un 'carjacking'. Su respuesta fue "no". Sin duda, esa experiencia no incide de ninguna manera en su capacidad como investigador. Pero igual, es una tremenda metáfora.

¿Será que nuestros líderes tendrán que pasar por esta terrible experiencia para entender la necesidad tan grande que hay de atender la criminalidad? Porque así los percibimos, como los desentendidos con sus escoltas, biombos, pistolas y poder.


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