NotiCel desde adentro

Largo día de tránsito hacia una noche espantosamente incierta

[OPINIÓN]

Una madrugada eterna hoy abrió un día ansiosamente largo que ahora nos lleva a una noche espantosamente incierta.

Si el huracán María le enseñó al Puerto Rico moderno a respetar la fuerza destructiva de un huracán, los eventos sísmicos que ocurren desde el 29 de diciembre, pero particularmente los que mantienen a todo el mundo despierto desde esta madrugada, han recordado a ese mismo Puerto Rico la bestia de la naturaleza que son también los movimientos de tierra.

Aunque afortunadamente todavía no hemos visto un terremoto con fuerza devastadora en el enjambre de estas semanas, ya podemos internalizar las diferencias entre los dos tipos de desastre natural. El impacto del huracán puede ser brutal pero, a la vez, más organizado. Lo vemos formarse, seguimos su trayectoria, sabemos con bastante precisión el momento y el lugar de mayor impacto, y podemos anticipar con confianza su duración. El terremoto, en cambio, no avisa de su impacto, no permite anticipar su duración y no deja espacio para preparativos certeros que amortiguen su intensidad.

No sé ustedes, pero a mí me parece que el terremoto es un fenómeno natural mucho más malicioso y despiadado. Puede arrasar edificaciones, acabar con vidas y derrumbar infraestructura, como un huracán, pero puede hacerle la fortaleza mental añicos a cualquiera con la expectativa a la que nos somete cuando, como estas semanas, va golpeando poco a poco, en incremento.

Nos somete a un asedio mental de los peores.

A este momento, usted probablemente lleve demasiadas horas sin dormir, todas ellas llenas de ansiedad sobre qué puede hacer para enfrentar una fuerza invisible. Una ansiedad que incluso magnifica la falta de sueño para hacerla sentir de días, en vez de solo horas.

Recuerde también que los puertorriqueños del 1918 enfrentaron algo peor con menos recursos de los que tenemos hoy, y aún así parieron un país moderno en el Siglo 20.

Y con la llegada de la noche, lo peor, la lucha entre buscar el descanso a cómo de lugar y la expectativa de si enfrentaremos el sobresalto, o a algo peor, antes de que amanezca.

No ofrezco soluciones, pero sí recordatorios.

Recuerde que actuar estando bien informado es mejor que actuar con ignorancia. Por duro que sea, hay que mantenerse bien informado.

Recuerde que un buen ejercicio en los momentos de imposibilidad de descanso es pensar qué de mi actitud, de mi respuesta, de la de mi comunidad, de la de las autoridades me decepciona y qué puedo hacer para cambiarlas. No espere que las cosas se modifiquen solas, estos momentos son buenos oasis para comprometerse a pensamientos, actitudes y acciones distintas, y a procurarlas de los demás.

Recuerde a sus allegados, sean amigos, familiares o vecinos. Nos creemos lo contrario, pero en realidad el ser humano no deja de ser una criatura frágil dentro del orden del universo. Enfrentarlo todo, hasta lo desconocido, requiere las fuerzas que nos damos los unos a los otros.

Recuerde también que los puertorriqueños del 1918 enfrentaron algo peor con menos recursos de los que tenemos hoy, y aún así parieron un país moderno en el Siglo 20. Todo pasa.


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