Música

PR tiene grandes artistas, pero advierten que 'están atrás' en derechos de autor

No es solo talento, hay que saber del negocio.

Los recientes casos judiciales que involucran a músicos y cantantes como Sammy Marrero, Rafael Ithier y Charlie Aponte han puesto de manifiesto la importancia de que los músicos se actualicen en el estudio de las leyes de derechos de autor.

“Te puedo decir que es una carencia de los músicos de Puerto Rico. Para mí el músico de Puerto Rico es de los mejores del mundo, pero carece de esa parte legal y que constantemente está cambiando. Tanto en la isla como en Estados Unidos está evolucionando”, opinó el promotor y conocedor del tema, Richie Viera.

“Un artista puede decir: ‘como soy músico que se preocupe el director’. Pero cuando se van como solistas se olvidan de eso y sólo buscan un contrato de buena remuneración económica. Pero no averiguan si necesitan licencia de ejecución, si va a actuar como empresa, entre muchas otras cosas y entienden que no es importante en ese momento”, agregó.

Marrero enfrenta una demanda por violación de derechos de autor por parte de la viuda y los hijos del fenecido director de La Selecta, Raphy Leavitt, que le ha prohibido, por el momento, cantar las canciones de Leavitt que se hicieron famosas en su voz, tales como “Payaso”, “La cuna blanca”, “Jíbaro soy” y muchas otras. El juicio en este caso está pautado para comenzar en febrero del próximo año.

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En el caso de Rafael Ithier, éste quiere que se declare que su excantante Aponte era un empleado de la orquesta que no tiene derecho a las regalías que está reclamando. Se trata del pago que los artistas reciben a través del sistema de administración de derechos de autor Sound Exchange por los usos digitales de las canciones y el cual paga 50% al dueño de la grabación, el 'master' como se le conoce en el mundo discográfico, 45% al "intérprete principal" y 5% al "intérprete no principal".

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“Cada caso tiene su particularidad y hay gente que no está organizada en eso, pero otros sí. Algunos tienen sus grupos incorporados, otros funcionan como cooperativas. Lo tienen bajo control y si quieres entrar en eso tienes que estar seguro de lo que estás haciendo. Yo mismo entiendo que los cantantes no estamos con conocimiento de los derechos y copyrights”, admitió, por su parte, el veterano cantante Carlos “Cano” Estremera, en una reciente entrevista con NotiCel.

"Yo me quedé impresionado por ese caso de Sammy (Marrero). Fue fuerte para mí. Yo no veo mal a la familia porque ellos están defendiendo sus derechos. Un cantante que no tenga recursos no podría llevar esa apelación, pero si la persona no tienen otro modus vivendi no sé hasta qué punto puede vivir de eso", agregó Estremera.

“Aquí, por ejemplo, hay un montón de orquestas que no tienen registrada su marca. Si alguien hace uso de eso y no la tienes registrada, no vas a tener la fuerza de reclamar en un tribunal”, advirtió Viera, quien ha ofrecido cursos universitarios de Negocio de la Música, que incluye el tema de Publicación de obras.

“Entonces se dan cuenta de que necesitan un abogado, pero los abogados no necesariamente saben del negocio, del ‘music business’. Aquí hay muy pocos que tienen ese conocimiento”, lamentó.

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En los últimos 20 años, en Puerto Rico se han presentado varios pleitos judiciales que han involucrado las leyes sobre derechos de autor y que han salpicado al género salsero.

El cantautor Glenn Monroig le ganó un caso al fenecido empresario Ralph Mercado por un uso inadecuado de la canción “Yo soy”. Monroig demandó porque RMM -la disquera de Mercado- alteró la letra de la canción sin consultarle y la utilizó en el documental “Yo soy, del son a la salsa”. En mayo de 2000, el tribunal otorgó una compensación de $7.7 millones a Monroig, que luego fue transada por menos.

En 2004 Gilberto Santa Rosa produjo un especial navideño en televisión y grabación en CD, junto con El Gran Combo, que provocó una demanda en su contra por parte de Ralph Cartagena, dueño de casi la totalidad de la música de la orquesta dirigida por Rafael Ithier. “Gilberto lanzó ese disco de Navidad con El Gran Combo y le costó $450 mil (como retribución por la demanda). A Sony le había costado $250 mil el lanzamiento del disco”, recordó Cartagena.

En otro momento, El Gran Combo lanzó una recopilación de éxitos con motivo del 40 aniversario de la orquesta, lo que también le valió otra demanda por parte de Cartagena. “En vez de decir que yo era el dueño (de los derechos de la música), pusieron que el dueño era el distribuidor: Select-O-Hits. Mi hijo los demandó y eso les costó $150 mil. La mitad, $75 mil a Ithier y $75 mil a Select-O-Hits”, indicó Cartagena.

Otro capítulo en la disputa Ithier-Cartagena fue cuando el empresario, dueño de Combo Records, publicó una recopilación de éxitos de El Gran Combo, pero “mejorada” con instrumentación adicional. Sin embargo, Ithier alegó que lo que se hizo en el álbum “Salsa Classics Revisited” realmente fue una alteración de la música que su orquesta había grabado porque los instrumentos que se le agregaron nunca estuvieron en la grabación original.

Esa disputa provocó una demanda de Ithier contra Cartagena en la que solicitaba al tribunal varias cosas, entre ellas, que se le concediera a Ithier toda la titularidad de derechos de autor de la música grabada por El Gran Combo y que ordenara a Cartagena el recogido de todas las copias de “Salsa Classics Revisited”.

Finalmente, el tribunal reconoció a Cartagena como único dueño de los derechos de autor de la música grabada por el combo. A raíz de la determinación judicial, Ithier rompió relaciones comerciales con Cartagena.


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