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A merced de lobos

Editorial de NotiCel.

NotiCel se une hoy al movimiento histórico de cientos de diarios que en Estados Unidos publican editoriales en defensa de la labor periodística ante los ataques del presidente Donald Trump.

Nos presentamos hombro a hombro con nuestros hermanos y hermanas periodistas estadounidenses en este frente común contra el ataque oficialista sistemático, pero no reaccionaremos aquí a los excesos de la nueva administración federal. A lo que reaccionaremos es a las versiones criollas de esos mismos impulsos de manipulación de la información pública y agresión a la prensa. Las hay de todos los colores y de todo el espectro político.

Acá no tenemos a un Presidente 'Guapetón en Jefe' dictando la pauta de odio desde una cuenta de Twitter, pero tenemos gangas de tuiteros ('comunicadores' le llamaban en la epoca anterior de los medios sociales) pagados con fondos públicos y organizados para desacreditar a periodistas y medios. Tenemos, pagado con fondos públicos tambien, un costoso entramado de relaciones públicas que existe para velar por la imagen de funcionarios y no para proveer información de los procesos públicos y temas pertinentes. Son obstaculizadores, no facilitadores, y mantienen relaciones simultáneas con agencias de gobierno y con intereses del sector privado de una manera que se inclina demasiado hacia el tráfico de influencias.

Acá no tenemos un FOX News, pero tenemos a medios comprometidos con figuras políticas para protegerlos de la fiscalización y levantarles su imagen pública. No tenemos un 'FOX & Friends' pero tenemos algunos espacios de 'análisis' y 'comentario' que están prestos a acomodar a cualquier figura pública que entre en su juego de prebendas y accesos privilegiados.

No tenemos una Casa Blanca que quita credenciales a los periodistas que incomodan, pero tenemos una Fortaleza que generalmente ignora a los medios más fiscalizadores en conferencias de prensa, en solicitudes de entrevista, en requerimientos de información mientras, a la vez, da acceso a medios más 'amables' y fáciles de tratar. A la Administración le gusta la presencia de los medios pero sólo para que amplifiquen su mensaje, no para que se salgan del libreto.

No tenemos a un Steve Bannon o a una Sarah Huckabee Sanders, pero tenemos personajes, en la pantalla y detrás de ella, cuya función es sembrar en el público la desconfianza hacia los medios de comunicación y desatar epidemias de desinformación para tergiversar la labor periodística o para opacarla con asuntos sensacionales.

No tenemos, todavía, un problema real de 'fake news', en su significado de medios desconocidos y silvestres que existen para propagar informaciones infundadas e inflamatorias sobre asuntos y figuras públicas, pero tenemos un movimiento oficialista para etiquetar como 'fake news' a toda información verídica que no le agrada a las esferas de poder.

El antídoto a esto es medios de comunicación y periodistas que, con más urgencia que nunca, cumplan con su obligación de apegarse a los hechos.

No tenemos, por ejemplo, a un gobierno haciendo un papelón con la cantidad de personas que asistió a la juramentación de un presidente pero, más trágico y significativo, tenemos a un gobierno que pierde credibilidad estrepitosamente con intentos de manipulación y falta de transparencia en temas como el restablecimiento de la red electrica y la cantidad de muertos que causó el huracán María en la isla. Una perdida de credibilidad que, de paso, nos afecta a todos los ciudadanos porque tras el huracán, la reconstrucción de Puerto Rico depende en la credibilidad que podamos presentar ante el gobierno federal y otros públicos extranjeros que nos pueden asistir.

Las malas mañas del Poder Ejecutivo en su trato con la prensa se repiten en el Poder Legislativo, donde se manejan actualmente dos proyectos de ley nefastos para el acceso a la información, pero no se limitan a estos dos poderes.

La Junta de Control Fiscal tambien exhibe estas tendencias, obligando a que el Centro de Periodismo Investigativo haya tenido que demandarla para lograr acceso a la información y que distintos medios hayan tenido que luchar por trato igual en el acceso a sus miembros y ejecutivos.

No se escapan de estas inclinaciones otros sectores políticos y sociales que, como si estuvieran sentados en La Fortaleza en vez de luchando en la calle, tienen su lista de amigos y enemigos en la prensa dependiendo de si se les cubre favorablemente o no. Y, como se puede ver en eventos como el 1 de mayo, no lo piensan dos veces en insultar y atacar a los periodistas o medios que consideran sus 'enemigos'.

El antídoto a esto es medios de comunicación y periodistas que, con más urgencia que nunca, cumplan con su obligación de apegarse a los hechos. Que no permitan la infiltración en su liderato de aquellos poderes públicos y privados que buscan manipular a la ciudadanía política o comercialmente. Que desarrollen y defiendan una agenda propia basada en el bien común en vez de una agenda basada en sus arreglos con pequeños intereses… pequeños porque el interes grande es el bien común, los demás son pequeños. Y que esten prestos a corregir los errores y excesos que se pueden cometer porque el periodismo es una labor tan humana como cualquier otra y no está exenta de fallos.

Pero tambien se requiere una activación ciudadana. La pasividad de una sociedad es lo que allana el camino para las tiranías, sean políticas o periodísticas. Se necesita a un público atento, que sepa discernir buscando a aquellos medios y periodistas que se apegan a los hechos, que se nutra con múltiples puntos de vista, que se esfuerce por exponerse, y defender, no solo aquellas informaciones que le agradan, sino tambien las que no se ajusten a su concepción de mundo porque en esa diversidad es que se expanden las perspectivas y se encuentran consensos.

En una carta de 1787, el constitucionalista estadounidense, y expresidente, Thomas Jefferson, ofreció esta advertencia sobre la república que recien nacía llamada Estados Unidos:

'Tenemos la más grande oportunidad que el mundo haya visto, siempre y cuando nos mantengamos honestos, lo cual ocurrirá mientras mantengamos viva la atención de nuestro pueblo. Si en algún momento el pueblo se vuelve desatento a los asuntos públicos, tú y yo, y el Congreso y las asambleas, los jueces y gobernadores nos convertiremos en lobos. Parece ser nuestra naturaleza, a pesar de las excepciones individuales'.

Una prensa vertical y un pueblo atento mantienen los lobos a raya.

(Juan R. Costa / NotiCel)

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