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Suspendan los libretos, ¿y las fiestas de la San Sebastián?

[OPINIÓN]
[OPINIÓN]

María todavía no ha cicatrizado. Esa herida honda en la psique de cada puertorriqueño continua latiendo y doliendo a media sutura mientras el país se desangra.

El país no se ha curado las profundas heridas de María, porque para ser precisos, no fueron sólo sus vientos, ni sus lluvias, ni la mar, los que realmente nos golpearon. Lo que nos castigó de veras en septiembre del 2017, fue el flagelo intangible y brutal de la falta de preparación y de la incompetencia crasa de un gobierno que es lo contrario a gobernar; el sufrimiento masivo de millones de puertorriqueños echados a su suerte por una estructura gubernamental comatosa, aguajera y desfachatada que no estuvo, ni supo enfrentar el enorme desafío físico, material y organizativo, que planteaba aquella mole de dolor tristemente acompañada por la insensibilidad e ineptitud profunda de los gobernantes.

NI la patética Junta de Control Fiscal, ni Washington, ni la administración han podido atender al paciente postrado que dejó el huracán María. Aun a pesar del cúmulo de agravios, inacción y apetitos ventajeros desatados durante la irreconstrucción post-María, Puerto Rico ha tratado de incorporarse y seguir caminando aunque se tambalea, cojea y -¿avanza?- con las heridas de muchos huracanes a cuestas con la incertidumbre de quien mira al abismo.

Un discurso muy robusto de recuperación -abstraído acomodaticiamente de elementos esenciales como lo es el de los 121 años de colonialismo absoluto estadounidense- se machaca continuamente, sin que nadie vea la mentada recuperación. Claro está, una muy privilegiada franja de acomodados y talentosos se han mucho más que recuperado. Además, se nos ha hecho creer que por arte de magia todo cambió con el truco genial de cambiar de gobernador, aunque no de administración.

Nada cambió, ni ha cambiado, no empece la fabricación de una formidable narrativa recuperatoria. La acción titiritera de la Junta con sus dos interlocutores -Pedro Pierluisi y Wanda Vázquez- contendores ahora en nuevas ficciones democráticas, reabre otro capítulo en la distracción, una zaga en la pantomima, mientras el país sufre, se debilita, se desangra y se encoge con los fondos buitre y los buitres al acecho.

Nada ha cambiado desde antes de María, pues todo -en la más abarcadora extensión de este adverbio- se ha agravado.

Los terremotos no tienen nombre

Es una verdadera contrariedad que distinto a los huracanes a los terremotos no se les conozca por un nombre. Ahora, que apenas empezamos a sufrirlos con fuerza -y rogamos a Dios que dure poco- hemos entendido muy pronto porque son innombrables. Quienes han sufrido directamente la tensión, el insomnio y la fatiga de ser golpeados por 50 o 60 temblores al día durante casi dos semanas -con el corazón estallándole en el pecho y con la angustia infinita a borbotones- pueden atestiguar y explicar más directamente porque, a los terremotos del 1867 y el del 1918, se les designa vagamente con el año y la región en que ocurrieron.

Que conste, se nos ha advertido por el doctor José Molinelli, científico geomorfólogo de la Universidad de Puerto Rico, y más que esos títulos, un consagrado del estudio y de la concienciación ambiental; que esta cadena de estremecimientos telúricos podría durar semanas o meses, y que incluso, un temblor más fuerte, aunque menos probable, podría ocurrir. Más aún, el apreciado amigo Molinelli ha señalado que el evento del 7 de enero del 2020, el más fuerte en 102 años, no compara con la fuerza y ondas devastadoras de su antecesor, ni la del terremoto del 1867, que quebró la muralla de San Felipe del Morro.

Estos son datos que nos permiten esclarecer que lo ocurrido hasta hoy ni es lo peor que podría suceder -que bien no tiene que suceder y podría no ocurrir- ni se trata de un sólo movimiento. Son cientos de eventos que se sienten más, mientras más cerca se está del epicentro donde se liberan energías poco igualadas en la naturaleza terrestre, a causa precisamente de su fuerza, frecuencia de episodios y duración.

Con las heridas del huracán María a cuestas

Le está tocando a Puerto Rico - es decir, a puertorriqueños de carne y hueso- enfrentar ahora, las heridas incipientes de esta cadena de eventos telúricos con los traumas físicos, materiales y espirituales provocados por el huracán María y sus secuelas que aún permanecen.

Este debe ser el verdadero punto de partida de cualquier acción coherente recuperatoria que iniciemos los puertorriqueños -y el hasta ahora rabo gubernativo- de cara a un fenómeno que sigue ocurriendo y debilitando energías, aliento y estructuras principalmente en el sudoeste de Puerto Rico.

Pues hay que decirlo más allá de los llamamientos a dejar el pasado atrás: No se deja atrás el historial del paciente, para poder atenderlo adecuadamente hay que saber cuáles otras condiciones tiene, cuáles achaques carga, qué elementos debilitantes vulneran su condición.

Tengo la fuerte impresión de que el gobierno de manera desorganizada y como siempre, como el rabo del perro, tardía, está reproduciendo torpemente un libreto que no dio resultados frente a María, y que profundizó el sufrimiento y atrasó la recuperación del país.

Atender con pañitos tibios una verdadera crisis, montada sobre otra crisis de más de dos años -y de ciento veinte- es irresponsable. El 28 y el 29 de diciembre -hace semana y media- se tenía que estar haciendo lo que se está haciendo ahora y mucho más. Aunque 'los terremotos no sean previsibles', porque lo que estaba sucediendo en Guánica, Guayanilla y hasta Yauco, no era normal, era radicalmente alarmante, como trágica es la falta de preparación y de planes gubernativos. Me quedé paralizado cuando escuché desde la oficialidad, que los planes están hechos para escenarios de mayor magnitud. ¡Rayos! ¿Y qué más tenía que pasar para sacar al gobierno de la modorra del 'fuá', las primarias y las fiestas?

Da tufo a COE -'Centro de Operaciones de Emergencia'- el del Centro de Convenciones, infame lugar donde a pesar del sacrificio de algunos, se encapsuló la respuesta gubernativa del país ante la crisis de María. Porque toca también al gobierno asumir iniciativas, tener planes, evaluarlos, ponerlos a prueba, rehacerlos, nutrirlos con el saber de los expertos… Corresponde al gobierno liderar mucho antes de la crisis, o tan pronto se manifiesta, sin distraerse en contiendas primaristas, ni en insensatos libretos de la pose y el mensaje hueco.

¿Cómo es posible que allá, en el sudoeste se hubiesen sentido decenas de réplicas de diferente intensidad, y que los sismógrafos registrasen los enjambres que se daban a conocer con otros cientos de temblores, y que funcionarios campañistas estuviesen todavía la víspera del día de Reyes 'organizando' el festín exhibicionista del reparto de juguetes? Me imagino que aunque la patria ha temblado -y puede seguir haciéndolo- las fiestas primaristas -como si para estar de fiestas estuviésemos- siguen todavía en pie.

Un hoyo negro muy profundo en la galaxia nuestra, se ha tragado la sensatez, y no hay que extrañarse del desasosiego doblemente profundo que los eventos de los temblores siguen provocando a todo el país.

Mientras escribo estas líneas de madrugada, agotando lo poco que le queda de batería a mi ordenador luego de 24 horas de apagón general, no logro entender qué más es lo que hace falta en Puerto Rico para deshacernos del pesado lastre que lleva a tantos a practicar el oportunismo, la ventajería y el salvajismo politiquero. Algunos lo son tanto, que ya ni se dan cuenta.

Sé que decir estas cosas de esta manera abre el ancho flanco oportunista de que se nos tache de insolidarios. Es todo lo contrario. El silencio obligado por el gran apagón post-María, y por el sentimiento de no apartarse de la unidad y espíritu de recuperación, llevó a muchos -demasiados- a guardar silencios, a no malograr con la crítica la construcción de la resiliencia, a la espera acrítica, al abandono o negligencia oficial en la función de investigar y acusar. Es decir, propició que el monstruo de la insensibilidad y del engreimiento siguiera creciendo al ritmo en que se cebaron oportunidades para los ahijados de sus padrinos. Los 'bros' o 'la manada' chatera se infló en ese torbellino de libretos, manipulaciones, apetitos voraces, soberbia y verdadera insolidaridad.

Si es que estamos a tiempo, hay que detener una nueva orgía de maquillamientos. Hay que cerrarle el paso a ese estilo de gobernar sin gobernar, de no asumir las responsabilidades, y algo mucho más feo: querer individualizar la responsabilidad de hacer -que es claro que todos la tenemos- para diluir o zafarse de la que el gobierno -la administración- tiene y sigue incumpliendo.

Claro que hay que tener las mochilas, el punto de encuentro y todo lo demás, pero eso ni excusa, ni libera, a los gobernantes de dejar de comportarse como el rabo del perro en esta profunda crisis. Bien es verdad, que hasta el momento los estragos mayores se circunscriben a una décima parte del territorio, pero mientras las placas sigan martillando, la salud mental de los más cercanos se deteriora y la infraestructura se sigue debilitando.

Nota desde el Viejo San Juan

La tierra sigue temblando en el sudoeste. El temblor de 6.4 remeció a todo Puerto Rico, e incluso al Viejo San Juan donde rara vez se sienten estos movimientos telúricos. Las autoridades del Municipio de San Juan proyectan o aspiran que para la semana que viene, durante cinco días, vengan a la ciudad amurallada un millón de personas a la celebración de las fiestas de la San Sebastián.

¿Ha pensado alguien, qué sucedería, si en algún minuto y medio de esos 4 ó 5 días en medio de una aglomeración humana como la que se espera cada día o noche, hubiese una sacudida similar a la de la madrugada del 7 de enero? No puedo imaginarme una estampida humana igual con cuantiosos heridos y muertos.

Debe evaluarse seriamente, si con el enjambre activo y la tierra puertorriqueña temblando, hay que posponer o suspender esas fiestas. Además, sonaría pueril y hasta necio, argumentar que después de esta tragedia hace falta despejarse en unas fiestas ¿De verdad, estamos como para fiestas?

*El autor es doctor, abogado, profesor y estudioso de los procesos legislativos y reglamentarios. Fue asesor y luego portavoz del PIP en la Cámara durante 24 años.

El licenciado Víctor García San Inocencio. (Juan R. Costa / NotiCel)

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