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Opiniones

Elecciones a la carta

La expresidenta de la CEE, Liza García advierte sobre los peligros de las enmiendas al Código Electoral.

Lcda. Liza M. García Vélez.
Foto: Juan R. Costa

No sé si son los efectos de una cuarentena prolongada pero ahora todo es posible verlo desde dentro de una casa. Mientras los casos de contagio y las muertes por el coronavirus siguen aumentando en Puerto Rico y no se ha podido implementar un rastreo eficaz de los enfermos, en un cuarto de mármol se cocina una receta electoral para servirse en menos de cinco meses.

En otros cuartos menos lujosos, los trabajadores se desvelan esperando el pago del desempleo para poder traer comida a la mesa, los pequeños comerciantes hacen sus planes de reapertura limitada, las mujeres esperan el pago de Hacienda para tomar el recreo de las clases de los niños e ir a la farmacia para cuidar a sus familiares. A quienes le sobra el tiempo se entretienen viendo unas vistas públicas para descubrir como se violan los estatutos haciendo compras gubernamentales.

Pero en la cocina lo importante es sacar la receta perfecta que contiene un alto de grado de suspicacia por estar puesta en la estufa desde noviembre de 2019, justo cuando se abrieron las candidaturas para las Elecciones 2020. Luego que temblara la tierra, los suministros no llegarán, se suspendieran los derechos individuales por tratar de combatir un virus mortal a fuerza de encierro, sin otras medidas preventivas necesarias y las mascarillas se pusieran de moda, se prendió el fogón.

Entre los 243 ingredientes encontramos:

1.un estatuto más caro para el pueblo;

2.con todo el poder concentrado en una nueva definición de partido de mayoría, que ya no será el que obtenga la mayor cantidad de votos de los electores sino aquel partido que tenga más cantidad de votos de íntegros (una sola cruz debajo de la insignia). Curiosamente hace cuatro elecciones que el Partido Nuevo Progresista (PNP) obtiene más votos íntegros en la papeleta estatal;

3.ese partido será el que nombre al Presidente de la Comisión Estatal de Elecciones y a todos los directivos de la institución, eliminando la participación de los partidos de minoría;

4.a través del Internet cualquier persona que pueda acceder a sus datos personales podrá cambiar a su conveniencia las transacciones electorales, como por ejemplo: la dirección de su domicilio o una solicitud de voto ausente;

5.también podrá votar por Internet sin ningún rastro desde cualquier parte del mundo y para hacerlo solo necesitará la licencia o el pasaporte o la tarjeta de las fuerzas armadas;

6.le darán seis papeletas, porque además de las tres que se utilizan, pagaremos por la programación y por imprimir una papeleta separada para Comisionado Residente, una para el Presidente y Vicepresidente de Estados Unidos y una para un Plebiscito repetido;

7.el voto ausente es tan flexible que no se podrá saber si esa persona realmente vive en Puerto Rico y puede votar aquí. Es como un espejismo del caso de Gigi Fernández, cuando trató de inscribirse ilegalmente;

8.El voto adelantado es tan abierto que cualquier persona puede ser un elector viajero, en trabajo, cuidando un niño o un enfermo, entre otros.

A esto se le agrega que nadie favorece la medida, que las buenas prácticas electorales dictan que no se cambian las reglas cerca de un evento electoral y que podríamos tener un gobierno electo por algunos 250,000 puertorriqueños que no viven en Puerto Rico.

El verano 2020 se avecina, sin saber cuando serán las primarias e inventando en el aire unos votos especiales como el voto por correo o por Internet. Ambos procesos, en estos momentos, no pasan el cedazo mínimo de ejecución y transparencia.

El calor ha entrado por la cocina y la Gobernadora ha decidido bautizar a fuego lento el nuevo código electoral, faltando a la promesa de vetarlo si llegaba a sus manos sin consenso. Solo resta una última oportunidad para ver si la estabilidad democrática de este país estará por encima de los intereses proselitistas o prefieran dejar como legado un menú para servirse Elecciones a la Carta.

La autora es abogada. Es la primera y única mujer en presidir la Comisión Estatal de Elecciones (CEE). Posee bachillerato en comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico, una maestría en Relaciones Públicas de la Universidad del Sagrado Corazón y un Juris Doctor de la Universidad Interamericana. Fue comisionada alterna e interina del Partido Popular Democrático en la CEE.