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Entereza y tesón sorprenden en extenso testimonio de la masacre de Guaynabo

El 17 de noviembre de 2014 era un día usual en la familia Ortíz Uceda. Precisamente ese lunes cumplía años uno de los hijos de Miguel Ortiz y Carmita Uceda López, ambos residentes de la Urbanización Los Frailes en Guaynabo. Esa noche, sin embargo, un evento cambiaría la cotidianidad a la que la familia estaba acostumbrada.

En medio de la convivencia habitual, un trágico suceso arrebató la vida de cuatro integrantes de esa familia y su único sobreviviente, un menor de 13 años, relató en detalles lo que se convirtió en su peor pesadilla: ver a su corta edad cómo sus padres, abuela maternal, y hermano eran asesinados.

Este viernes el joven, a quien algunos le apodan 'Toño', testificó en circuito cerrado cómo sucedió el horrendo crimen por el que Christopher Sánchez Asencio y José Luis Bosch Mulero enfrentan sobre 40 acusaciones por asesinato, Ley de Armas, tentativa de asesinato, secuestro, agresión grave, destrucción de prueba, robo y conspiración.

Su testimonio finalmente pudo celebrarse luego de varios argumentos del Ministerio Público y los representantes legales de los imputados, quienes insistieron, durante el inicio de la vista preliminar, no estar preparados para el señalamiento en donde se determinaría o no causa para juicio.

El joven relató en voz pausada y tranquila cada suceso de esa noche. Sus declaraciones se dieron en la oficina de la jueza que presidió los trabajos, Sylvia Díaz Solla, quien a través de un monitor observaba y escuchaba al niño, mientras el resto de la sala 404 del Tribunal de Bayamón le escuchaba por las bocinas.

A las 4:53 de la tarde inició el interrogatorio encabezado por la fiscal Janet Parra Mercado, quien estuvo acompañada de los representantes del Ministerio Público, María del Mar Ortiz y Miguel Alameda. Por su parte, los abogados de los imputados, Mayra López Mulero y Orlando Cameron Gordon, rechazaron llevar a cabo el contrainterrogatorio, alegando que el tribunal les había privado de prepararse para el testimonio y señalando que el foro judicial no les ofreció garantías entre abogado y cliente.

'Toño' comenzó a narrar su historia en la sala 404 del Tribunal de Bayamón, donde solo se escuchaba su voz a través de bocinas porque el monitor solo tenía acceso la jueza, los abogados y los acusados, quienes pocas veces miraron la pantalla y prefirieron bajar la cabeza.

Uno de los imputados tenía una casa alquilada en la Urbanización Versalles, en Bayamón, y acudió a la residencia de la familia para el pago de la renta. 'Christopher pagó la renta y le dio el dinero a mi padre. Yo me fui al cuarto de mi hermano a jugar tenis de mesa (ping pong) con una raqueta. Cuando lo escoltaron hasta la puerta escuché a mi padre decir: ‘Christopher, no hagas esto, por favor'. Allí (en la entrada de la casa) había un hombre grande, gordo y con pelo largo apuntándonos con un arma grande con un hueco y la agarraba con las dos manos', reseñó.

'Recuerdo que nos dijo (el padre) que fuéramos al cuarto de juegos y nos sentáramos en la sillas, pero ‘el grande' nos dijo a mi, a mi hermano, papá, y Christopher, que prefería que nos acostáramos en el piso. Nos preguntó por celulares, laptops, dinero y se lo dimos. Después llamó a mi papá a un lado de la casa para hablar, y mami le decía que por favor no lo matara y él no contestó', agregó 'Toño' al referirse a Bosch Mulero.

Su versión, interrumpida en dos ocasiones por las objeciones de la defensa, continuó con las solicitudes de dinero que el cliente de López Mulero le hizo a los propietarios de la casa. Según el menor, el imputado le cuestionó a Uceda López por qué no le había entregado el efectivo de la renta cuando inicialmente lo pidió. En ese momento, Bosch Mulero le ordenó a Sánchez Asencio que amarrara con una soga al exmilitar, evento en donde se escuchó una segunda súplica de Ortiz: 'Chico, Christopher, no hagas esto', mencionó el padre, de acuerdo al testigo principal.

Luego, el jovencito escuchó cómo los imputados separaban la cinta adhesiva para colocársela en la boca al dueño de la residencia. 'Unos minutos después de eso (ponerle la cinta) escuché un tiro y me asusté. El grande nos buscó al cuarto y nos llevó a todos a la sala. Vimos un montón se sangre, pero no quería ver y miré a mi abuela y nos abrazamos. Después nos ordenó (Bosch Mulero) que nos arrodilláramos en fila. Lo hice y me tapé los oídos y cerré los ojos. Escuché un tiro ‘Pam!', y siento algo que me cae encima. Miro, y era mi mamá que cayó al lado mío. Respiraba bien duro. Vi a mi hermano llorando y a mi abuela en el sofá con mucha sangre en el sillón y piso' sostuvo, quien en ocasiones tenía dificultad para pronunciar ciertas palabras en español.

Su narración se reanudó tras las preguntas de Parra Mercado. Dijo que los acusados le dieron instrucciones a él y su hermano de limpiarse la sangre en su ropa para abordar un vehículo de cuatro puertas. Bosch Mulero y Sánchez Asencio verificaban las armas durante el viaje que transcurrió por Bayamón y áreas adyacentes.

'Dimos varias vueltas por muchos lugares y todo estaba oscuro. Estaban buscando un lugar para matarnos. Pasamos por unos bares y Christopher nos dice (a él y su hermano) que nos bajáramos del carro y nos arrodilláramos en la acera. Escuché un tiro y veo a mi hermano caer. Después escuché como un ‘click', como si la pistola no tuviera balas', continuó.

Tras la muerte de su hermano, los imputados llevaron al menor a un área baldía en donde le dieron instrucciones para que caminara. Allí se percató que Sánchez Asencio tenía un cuchillo en la mano, utensilio que colocó en el cuello para asesinarlo. Relató que trató de convencer a los sujetos, momento en que el inquilino de su padre le admitió que no quería que el trágico evento sucediera, 'que no tenía que ver con él'. Allí ambos hombres intentaron quitarle la vida al adolescente rompiéndole el cuello y ahorcándolo con un abrigo. 'El grande dijo: ‘no puedo hacer esto' y después comenzaron a pelear', apuntó.

El chico de 13 años explicó que intentó hacerse el muerto para que sus secuestradores se marcharan, pero la actuación no dio resultado. Se montó nuevamente al automóvil y llegaron hasta el puente. En esa estructura los acusados comenzaron a mirar la altura, momento en que el menor logró escapar.

Narró que corrió, gritó buscando ayuda, y miró hacia atrás para ver si lo perseguían. Sánchez Asencio, agregó, lo alcanzó, lo agarró por el cuello, le pegó en la nariz y lo llevó al puente. 'Christopher me para en el puente, en el borde, y siento un empuje por las nalgas y me caí de frente. Sentí después como si se me quemara la espalda, me paré, me toqué la cabeza y me fui al otro lado a esconderme entre las plantas. Me quedé allí hasta que se me quitó el dolor y comencé a subir', precisó.

Al llegar a la carretera, solicitó ayuda a los vehículos que pasaban, pero nadie se detuvo. Finalmente logró llegar a una zona cerca del puente en donde habían algunas casas, lugar donde consiguió ayuda de un vecino que llamó a la Policía.

'Cuando llegaron les conté lo que pasó, que habían matado a mis padres y que me habían tirado por el puente. Ellos me seguían haciendo preguntas, como si no me creyeran. Le dije quién era la persona, del otro (Bosch Mulero) solo sabía que era grande y gordo', especificó.

Tras su relato, que duró más de dos horas, 'Toño' salió a la sala acompañado de la técnica de Asistencia a Víctimas, quien lo abrazó en todo momento. Bajo estricta seguridad, los alguaciles hicieron una fila a cada lado para que el niño pasara directamente frente a la Jueza. Tan pronto entró, evitó tener contacto visual con los imputados, pero su mirada tímida se dirigió por menos de tres segundos hacia ellos. Su comparecencia en ese recinto fue muy breve. Los identificó y salió a toda prisa con la tutora impuesta por el estado.

La vista continuará el 23 de enero en ese mismo centro judicial, donde se presentarán más testigos y evidencia en uno de los casos que más ha consternado a los puertorriqueños.

José Luis Bosch Mulero y Christopher Sánchez Asencio. (Archivo/NotiCel)
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