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Opiniones

¿Estamos listos o no lo estamos?

El profesor Jorge Colberg Toro advierte que el sector privado tiene que convencer que estarán presentes unas garantías mínimas de salubridad antes de regresar a la normalidad la actividad comercial.

Prof. Jorge Colberg Toro
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Antes de iniciar esta jornada, vayan mis primeras palabras de agradecimiento a la editora en jefe de NotiCel, Yennifer Álvarez, por su gentil invitación para ser parte del distinguido grupo de columnistas que comparten, desde esta tribuna, sus ideas y reflexiones sobre la realidad que vive el país.

La invitación que se me hace, la acepto con mucho entusiasmo ya que es la primera vez – desde que se inició NotiCel hace 9 años – que se me invita a plasmar mis perspectivas en un intercambio necesario y pertinente de ideas y soluciones. Espero corresponder con igual compromiso. Manos a la Obra.

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La coalición del sector privado, ha iniciado una campaña en los medios de comunicación que lleva el siguiente lema: “Estamos Listos, Puerto Rico.” La misma, tiene el propósito de promover que la actual administración de la gobernadora Wanda Vázquez, inicie cuanto antes, un proceso para levantar o flexibilizar ciertas restricciones en las medidas de distanciamiento social y el toque de queda, de forma que se comience a reactivar la economía.

La iniciativa tiene valor y la misma, parte de la premisa del interés de un grupo de destacadas empresas y organizaciones, de concientizar al gobierno, sobre la importancia de retomar nuestras vidas y tratar, en la medida que sea posible, de poner la rueda económica a correr.

Hasta ahí la intención es loable y meritoria.

Ahora bien, la forma en que la Coalición ha estado ejecutando su plan de convencimiento, ha sido errático y poco juicioso. Para empezar, comienzan su reclamo enviando una carta a la gobernadora con un calendario de ejecución, la cual hacen pública, mientras, a la misma vez, le entregan a los medios de comunicación un supuesto “informe científico” confidencial que dice que la pandemia da señales de reducción y de estabilización; pero que ningún medio pudo obtener copia. Al día de hoy, nadie ha podido publicarlo.

Para colmo, pretendieron utilizar de portavoz del susodicho informe a un “experto” que es tan creíble y veraz, que no estuvo dispuesto a poner su nombre para el récord. Es decir, en momentos en que el país pide transparencia, la Coalición inicia una campaña de orientación a la ciudadanía y de llamado al gobierno, con un informe fantasma y una fuente anónima. Fatal.

Entonces, deciden impulsar en todos los medios de comunicación - a la misma vez - su lineamiento filosófico, logrando acaparar todos los titulares de los medios masivos, en un evidente intento por ponerle presión a la primera ejecutiva.

Cuando vi ese inusual despliegue, supe de antemano que el resultado iba a ser el contrario a lo esperado. Al hacer eso, demostraron que no tienen la más mínima idea de cómo funciona La Fortaleza.

La razón es sencilla; ningún gobernador que se respete a si mismo y con dos dedos de frente, va a cambiar una Orden Ejecutiva en horas o días, en medio de una pandemia, sin tener en sus manos un informe serio, creíble y validado por las agencias estatales y federales, que certifique, inequívocamente, que están las condiciones apropiadas para tomar una decisión de esa envergadura.

Más aún, en el plano político, el despliegue mediático desproporcional fue un “show of force” innecesario e inoficioso, porque quisieron poner a la gobernadora contra la pared; olvidando que cualquier gobernante que acceda a una presión de esa índole y en tan poco tiempo, se hubiese colocado ante el país como un lacayo de intereses particulares. Se les quemó esa.

A lo largo de mi vida en el gobierno, tuve la oportunidad de compartir de cerca con tres gobernadores: Rafael Hernández Colón, Sila María Calderón y Alejandro García Padilla. Puedo dar fe, que la forma más adecuada y efectiva de convencer a un gobernante sobre algún asunto en particular, es mediante los argumentos sustantivos, los fundamentos y la certeza de la información que se les provea. La razón no grita, la razón convence; dijo en una ocasión, con mucha sabiduría, Don Luis A. Ferré.

Ahora entenderá, amigo lector, por qué la gobernadora Wanda Vázquez - correctamente - respondió el emplazamiento con mucha diplomacia. Les respondió de forma sosegada pero firme, enviándoles un mensaje claro e inequívoco. Primero, sacó al secretario de Salud, Lorenzo González, a decir que el toque de queda - aún con sus posibles cambios - se extenderá hasta junio.

Luego, adelantó que citará al grupo de trabajo económico y presentará un plan “en los próximos días”, enviándoles un mensaje sutil y amistoso, muy similar al refrán que dice: vísteme despacio, que voy de prisa; o como dirían nuestros millennials; gente, con calma, bájenle dos.

La realidad es que el país debe ir preparándose para una apertura gradual, responsable y segura. Pero existen múltiples interrogantes que no se han contestado y que son necesarias de atender antes de abrir las puertas.

Aspectos de protección salubrista a trabajadores y clientes; aspectos legales de responsabilidades; detalles de logística por sector económico; orientación y accesibilidad de materiales de protección (mascarillas y guantes que hoy escasean); manejo de menores de edad y de edad avanzada en lugares públicos; protocolos individualizados por industrias y comercios; y la división especifica de responsabilidades entre el gobierno y el sector privado, por mencionar algunas.

La Coalición tiene razón en principio en sus reclamos; pero tienen que convencer a la gente primero - con acciones y hechos concretos - de que estarán presentes unas garantías mínimas de protección. Por eso, aunque aún no estamos listos, podemos estarlo; siempre y cuando, se respeten los roles de cada uno y se sustituya la estridencia por el dialogo constructivo. Manos a la obra.

El autor es profesor universitario, fue representante a la Cámara por acumulación por tres términos, secretario de Asuntos Públicos de dos gobernadores y secretario general del Partido Popular Democrático (PPD) en dos ocasiones. Es profesor universitario y tiene un bachillerato en Ciencias Políticas, una Maestría en Gobierno y Política Pública; y al presente, se encuentra desarrollando su tesis doctoral en el programa de administración pública y relaciones internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, España.