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Opiniones

La necesidad de fijar un rumbo

Columna de opinión del presidente de la UTIER, Ángel Figueroa Jaramillo.

Si tuviéramos que escoger una sola palabra para describir la realidad que vive el país en estos momentos, "incertidumbre" resultaría ser la más apropiada. Nada parece tener en nuestra Isla una hoja de ruta y mucho menos un destino cierto. La incapacidad que ha caracterizado el quehacer de los que gobiernan y dirigen en cada una de sus agencias o corporaciones públicas, no deja margen para vislumbrar un grado mínimo de certeza.

Basta asomarse al Coliseo Roberto Clemente. Casi un mes ha transcurrido desde el día de la elección general y todavía no acaba de configurarse totalmente la estructura gubernamental del país. Podría decirse que un hada malvada se ha apoderado de la Comisión Estatal de Elecciones para culminar el total desacierto de un cuatrienio que pasará a nuestra historia como el periodo del Gobierno Fallido.

Como si la calamidad de los que nos gobiernan en su quehacer no fuera suficiente, el azote de la Pandemia del COVID-19, literal y metafóricamente, nos ha colocado ante la terrible disyuntiva de morirnos por la infección con el coronavirus o vivir asfixiados por el estrangulamiento de la precaria economía local. Los que nos han gobernado con el desatino que lo ha caracterizado, han optado por imponer sus Órdenes Ejecutivas que, en la práctica, han dejado en manos de cada persona la agonía de su elección.

No hay lugar a donde dirigir los pasos para encontrar un asidero sólido. Salud, educación, servicios sociales, los denominados servicios esenciales, vivienda, en cada instancia todo parece descansar en la promesa de unos fondos federales que la mayoría no han llegado y con los que ya se han dado por recibidos, nadie sabe a ciencia cierta en qué se han empleado. La pregonada reconstrucción del país, su sistema eléctrico y las obras de infraestructura siguen a la espera de no sabemos qué requisitos.

Es dentro de esta dura realidad, que creemos nos hemos quedado cortos en su descripción, que los trabajadores y trabajadoras del país tenemos la necesidad de fijar el rumbo que vamos a seguir. Un rumbo que debe ser muy distinto a la pregonada recuperación de la normalidad de la clase patronal.

Si algo tenemos claro los trabajadores es que no podemos volver a la realidad que prevalecía en el país antes del desarrollo de la pandemia que hoy nos agobia. Es imposible volver al Puerto Rico de la Deforma Laboral, el de la economía dominada por el egoísta sector financiero que solo vela por ver crecer sus cuentas bancarias, el que nos arrebató nuestros derechos y conquistas, el que a través de la privatización nos ha mermado el patrimonio nacional. Es imposible que queramos regresar al Puerto Rico de las medidas austeridad de la Junta Dictatorial.

Los trabajadores vamos por más y no por menos. En nuestro caso, como empleados comprometidos con nuestra Autoridad de Energía Eléctrica y con el bienestar de nuestro país, vamos a redoblar nuestros esfuerzos para que se honre la palabra empeñada de derogar el leonino contrato suscrito con LUMA Energy y devolverle a Puerto Rico el control absoluto sobre la primera industria, que es el motor sobre el que desarrollaremos la nueva economía del país.

Una economía solidaria y sustentable donde la distribución del valor económico que se produzca por la conjunción de la acción del gobierno, los trabajadores y los empresarios, se distribuya equitativamente entre los creadores del mismo y deje de estar concentrado en las manos de un reducido grupo de privilegiados en la sociedad. En todo este duro periodo la clase patronal ha obtenido del gobierno subsidios y ayudas. Al alto precio de una potencial contaminación con el coronavirus, los trabajadores hemos sostenido la producción económica. Es lógico entonces que quede enterrada para siempre la política de socializar las dificultades y privatizar las ganancias.

Los trabajadores de la energía eléctrica tenemos claro el rumbo que vamos a seguir para recobrar todo lo que se nos ha arrebatado y vamos por más. Y sobre todo, una verdadera transformación de nuestro sistema eléctrico en total beneficio e interés de del país. En este objetivo sabemos que no estamos solos. Hoy, como nunca antes, son múltiples los sindicatos y obreros, sectores comunitarios y ambientales, sectores políticos que se han sumado al objetivo de construir un nuevo país más justo, más equitativo, más democrático. Los primeros pasos ya están dados. Conocemos nuestra fuerza y no vamos a dudar en utilizarla inteligentemente para alcanzar las metas que nos hemos trazado.

El autor es presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (Utier).