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Opiniones

Certeza electoral

La expresidenta de la Comisión Estatal de Elecciones afirma que el país necesita conocer los resultados de los comicios del 3 de noviembre.

La licenciada Liza M. García Vélez.
Foto: Archivo/Juan R. Costa

A más de 20 días de las elecciones y luego de un proceso judicial, elevado al más alto foro, el país necesita conocer los resultados de una elección hasta ahora indescifrable. Se comienza un escrutinio general sin terminar el conteo de la noche del evento y con la preocupación que en cualquier momento nos sorprendan con la aparición de nuevos maletines. Sin entrar al sistema de divulgación de resultados más de 62,000 votos y con el descuadre de cientos de actas.

Pero evidentemente el tiempo apremia ante el cansancio de los funcionarios, la bomba de tiempo con el COVID 19 en el Coliseo y los ánimos caldeados ante la frustración de los que sienten que el sistema los aplastó. Hay que escrutar los votos de una noche de elecciones que nunca acabó. La nube negra que ronda los resultados preliminares crecerá en la medida que la misma Comisión Estatal de Elecciones (CEE) no pueda publicar un cuadre de cada una de las categorías de voto adelantado.

La confiabilidad y credibilidad de la institución electoral sufre malamente cada día que pasa sin publicar las cifras de cada categoría de los electores que solicitaron voto por correo, voto a domicilio, voto ausente, voto en el precinto y voto confinado en contraste con la cantidad de electores que ejercieron el derecho al voto en cada renglón. Ese es el cuadre electoral que el pueblo está esperando. No es un inventario de material electoral lo que merece Puerto Rico. Los puertorriqueños quieren poder creer que nadie le arrebató un voto a otro.

El principio básico de “UN HOMBRE, UN VOTO” se violenta con la doble votación, con la suplantación de electores, con solicitar votos adelantados que no corresponden, con gestionar papeletas sin el consentimiento del elector a través del correo postal, con la entrega de una papeleta demás o una papeleta de menos, con la alteración de una papeleta votada, con el conteo doble de papeletas, entre otras. Estos testimonios de delitos electorales remuerden la conciencia de quienes creían que su voto tiene el mismo valor para todos.

Esa es la gran encrucijada de Acción de Gracias que afronta la CEE. Poder comenzar un escrutinio general con garantías mínimas para salvaguardar a los electores que el voto de una persona solo se contó una vez. La expectativa del país después de las caóticas Primarias 2020 es que la CEE se repondría de la estocada mortal que le propinaron a fuerza de desorganización, falta de planificación y preparación que desembocaron en este lío llamado “JAVA” (Junta Administrativa de Voto Ausente). Esto porque el nuevo pleno de la Comisión había logrado aunar esfuerzos conjuntos para llegar a consensos importantes en muy corto tiempo y adelantar un calendario electoral que fue impuesto a la trágala por un Código Electoral aprobado unilateralmente.

Es la imposición del Código Electoral la génesis del decaimiento de la institución electoral puertorriqueña. Nos hace recordar el dicho popular “Tanto amó el cuervo a su hijo hasta que le sacó un ojo”. La arrogancia del poder no les permitió identificar que algunas ideas llenaban el saco a costa de credibilidad. Se necesita tiempo, organización, pericia electoral y consenso para llevar a cabo una elección libre de fraude o irregularidades. Conceder un capricho legislativo no solo es imprudente sino lesivo para la democracia.

Hoy pagamos las consecuencias de haber colocado el organismo electoral en unas solas manos, de no tener unas vicepresidencias que dieran seguimiento al voto adelantado, de no tener mecanismos de control adecuado y tener a futuro una Comisión menos representativa de lo que el pueblo eligió en esta histórica Elección General.

No dudo en lo más mínimo de la capacidad de la CEE para reponerse. Pero tener buena intención no es suficiente. Hay que cerrar con acciones valientes y precisas este ciclo electoral. Para hacerlo eficientemente hay que ir al lineamiento básico de conteo electoral: un elector, una firma y un voto. Si al final de estos largos días se refleja un cuadre electoral distinto, todos habremos perdido. Los que ganaron carecerán cuatro años de legitimidad, los que perdieron nunca sabrán si por sus propios errores no fueron favorecidos y el electorado tendrá el horrible sinsabor, que la voluntad de una elección se fue a través del servicio postal.

Devolver el lustre electoral requiere ejercer liderato, promover el consenso, impregnar el proceso de creatividad y tener mucha fuerza de voluntad para devolverle al país la certeza electoral.

La autora es abogada. Es la primera y única mujer en presidir la Comisión Estatal de Elecciones (CEE). Posee bachillerato en comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico, una maestría en Relaciones Públicas de la Universidad del Sagrado Corazón y un Juris Doctor de la Universidad Interamericana. Fue comisionada alterna e interina del Partido Popular Democrático en la CEE.