Log In


Reset Password
SAN JUAN WEATHER
Ahora

Alex "Trujillo" habla de su arrepentimiento

En entrevista con NotiCel, aseguró que fue perdonado de sus pecados y que regresó a la Isla en un intento por reparar, de la mano de Dios, todo el daño que causó

Alex Capó Carrillo durante el testiminio que ofreción en la Casa de Adoración y Restauración Cuerdas de Amor, el domingo pasado
Foto: Fotocaptura

Alex Capó Carrillo tiene hoy 38 años y aspira a rehacer su vida, no solo de la mano de Dios sino también de una nueva familia, esposa e hijos.

El otrora conocido como “Alex Trujillo” conversó con NotiCel sobre sus vivencias en el mundo delictivo, sus aflicciones, su captura y su vida tras las rejas, de las que salió en febrero pasado, con condiciones, en cumplimiento con una condena de 20 años en el sistema federal y de 35 en el sistema estatal que incluyeron delitos de liderar una violenta organización de narcotráfico, armas y asesinato.

Fue en la cárcel que se convirtió totalmente, de la mano paciente del pastor Edgardo Aubray, pero Dios no le era ajeno. Durante su niñez, una etapa que describe como linda y llena de privilegios, recibió educación cristiana y aunque nunca asistió a un servicio religioso con sus padres, su base estaba ahí. Y de ella echaba mano, paradójicamente, en los momentos en que su delincuencia le provocaban quebranto.

Capó Carrillo aseguró que comenzó en los malos pasos a los doce años, cruzando del negocio de su padre al residencial y jangueando con criminales, hasta que se convirtió en uno de ellos y comenzó a manejar armas y drogas desde los 14 años. Nunca fue usuario y asegura que solo consumió una pastilla en una ocasión que le provocó demasiado mal.

Poco a poco, Capó Carrillo fue adentrándose en al menos siete residenciales, adquiriendo el control y manejando una gran cantidad de “empleados”. Amasó mucho dinero que, sin embargo, disfrutaba poco porque a veces no tenía dónde dormir. Tenía el dinero para pagar el mejor hotel, pero su orden de captura lo mantenía oculto y viviendo de dádivas y favores que señoras mayores de los residenciales que operaba le daban. El dinero se hizo agua entre las guerras de drogas, y los abogados que por tanto tiempo tuvo que costear.

Sabía que había instrucciones de entregarlo vivo o muerto y vivía escondiéndose de todo y de todos. Vivió seis meses solo en un apartamento con la visita ocasional de algún líder religioso o algún amigo a quien tenía suplicarle que le regalara quince minutos de conversación para no volverse loco. Y en muchas ocasiones pensó entregarse pero se detenía pensando en la inestabilidad y las muertes que causaría con un cambio de mando en las operaciones de su organización. Según narró tenía la voluntad pero no tenía la fuerza.

En ese proceso, su mamá y su hermano menor se fueron de Puerto Rico, su papá, un dueño de negocio que le había dado todo, fue preso por conspiración y su hermano pagó con la vida los hechos de sangre de Alex Trujillo.

Cuando fue capturado el 5 de diciembre del 2006 tenía consigo una Biblia que según dijo, era lo único que manejaba sus quebrantos. Fue la misma que le acompañó en sus 15 años de cárcel y la misma que le acompañó, toda marcada y con anotaciones, durante nuestra entrevista. El día de su captura sintió alivio. Estaba cansado y se declaró culpable con una negociación que haría de sus condenas federales y estatales una sola, concurrente. Pero esa fue la única batalla que dio, además de asegurarse que no se le achacaran unas muertes que se le achacaban pero que no cometió. Esas no las cometió y tenía pruebas. Lo demás lo aceptó.

En la cárcel vivió las tentaciones de continuar con la delincuencia y llegó a tener celulares ocultos, pero de inmediato se dio cuenta de que ni su cuerpo ni su espíritu podían continuar. Entregó todo, comenzó a estudiar académicamente y la Palabra de Dios y se allanó a las reglas del confinamiento.

En noviembre pasado llegó a Puerto Rico procedente de Georgia, donde cumplía sentencia federal para comenzar a cumplir la estatal. Se encontró con una familia disminuida, la muerte de sus abuelos, madre y otros familiares. Quiere concentrarse en su vida renovada pero no duda en aceptar que quisiera casarse y tener hijos. Tiene dos, procreados mientras era el más buscado.

Se encuentra bajo vigilancia de grillete electrónico y se le permite trabajar entre 7:00 de la mañana a 6:30 de la tarde, lo hace en la iglesia de la mano de su pastor. El domingo pasado ofreció su testimonio en la Casa de Adoración y Restauración con Cuerdas de Amor.

Es consciente de que su historia de conversión no le hace un héroe. No puede borrar el hecho de que causó mucho daño y muchas muertes, directas e indirectas. Sabe que los ojos están puestos sobre él y en la honestidad de su conversión.

Vea la entrevista completa aquí:

Egresada de la Universidad de Puerto Rico. Periodista con 23 años de experiencia en los medios de comunicación. Mamá de Manu, portavoz de la adopción de niños grandes y creadora de #primerizayqué