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Opiniones

Ordeñar el miedo y el presupuesto

El licenciado Víctor García San Inocencio comenta sobre lo que ha causado en Puerto Rico el miedo sembrado por Estados Unidos.

Licenciado Víctor García San Inocencio, columnista de NotiCel.
Foto: Juan R. Costa

A 71 años de nacida la farsa del ela…

Durante más de 120 años, los administradores de la colonia, designados desde Washington y los electos, han sembrado el miedo y ordeñado el presupuesto del país. Han promovido el coloniaje y su sostenimiento, mientras claman fingidamente por el cambio para terminar abrazando lo que tanto les beneficia. Con su conducta celebrada mediante fábulas y ficción, han condenado a millones de puertorriqueños a tener que dejar su hogar y su país a causa del estancamiento y la decadencia. El crecimiento económico que se alcanzó y que sacó temporalmente de la pobreza a decenas de miles y la ilusión de la bonanza que creó, duró menos de un cuarto de siglo y hace 50 años que languideció y colapsó..

El entreguismo de los gobernantes locales, su sumisa y otras veces adicta complicidad con intereses poderosos estadounidenses ---y con los locales de colmillos de leche--- condenan al país a seguir hundiéndose en el sumidero. Han necesitado para ello sembrar mucho miedo y ordeño, persecución política a granel, tráfico de influencias y prebendas; han sistematizado la venta y permanente hipoteca reciclada y reinventada del país, de su patrimonio presente y de su futuro, entre tantas otras operaciones lucrativas, que suman ciento veinte años después, el trasiego de más tres cuartos de trillón de dólares.

Los intermediarios y comisionistas del capital estadounidense se han ocupado también de repartir una que otra alita aquí, a cambio de regalarle a los intereses estadounidenses las pechugas, el pollo y la pollera. Le han construido el país para su beneficio. Su afición por las migajas para los puertorriqueños, los ha llevado a brindar una ventaja tras otra a los inversionistas estadounidenses, y a disfrazar de “progreso”un depósito de gravámenes fiscales, sociales, ambientales y humanos. El saldo ha sido el de la pobreza para grandes segmentos del país, precariedad que no es aún mayor, a causa y debido a que se ha echado del país, enviándolo al exilio económico, a generaciones de puertorriqueños.

Estos dos partidos gobernantes y sus claques, si alguna vez se designan como debería ser, serán tenidos como verdaderos Judas de su Pueblo, acumulando millones de monedas, no treinta, para sus amigos del alma, mientras el capital del imperio suma las ganancias y aprovechamiento del enclave colonial en miles de veces más. El resorte principal para sostener este engaño monumental ha sido la siembra del miedo. Demasiada gente ha sido traumada y llevada al trastorno al punto de temerle a la libertad e inhibirse de emprender el rumbo natural y digno de cada ser humano y de la Humanidad. .

En este proceso de más de un siglo colonial estadounidense muchos puertorriqueños han sido hipnotizados, otros han querido ser parte activa de la comparsa del engaño y del ordeño. El costo ha sido brutal. Cerca de dos tercios de nuestra nación ha emigrado de la colonia, prueba de que el sistema colonial nunca sirve y de que no funciona excepto para algunos. Varias generaciones han tenido que sufrir allá el mismo sistema de explotación anclado en el egoísmo extremo, sumado al prejuicio por nuestra extranjería, por nuestra lengua y raza distintas, por el deseo de afirmar y por expresar nuestra identidad, por ser fruto de una colonia "naturalmente inferior" ante los ojos del “amo del norte”. El proceso ha estado impregnado de una terrible hipoteca militar en el orden territorial, humano y sensible.

Llegados al siglo XXI y un cuarto de siglo después, de repente, los ordeñadores del miedo ---los de medio siglo de alternancia popular y penepé--se han enterado que el amo del norte no le concede ninguna legitimidad política, ni jurídica al disfraz que ayudaron a confeccionar hace 71 años, el ELA. Ese amo le clausura rotundamente el camino a lo que desde hace más de un siglo han estado clamando, o utilizando de pretexto para diferenciarse de otros ordeñadores locales: la estadidad. En el Congreso estadounidense que ejerce poderes absolutos sobre el territorio ordeñado, no quieren ver ni en pintura a los estadistas, aunque haya menciones astrológicas a la misma. Ya no les ríen las gracias, no importa los donativos políticos que levanten entre inversionistas y apostadores locales. Portazo tras portazo, están como almas en vela, con delegados de la estadidad embutidos politiqueramente por el PNP, y todo, sufren la vergüenza de que no los reciben --- ¡Quién podría tomarlos en serio¡ --- junto a una Comisionada residente que se debate entre su ego-candidatura local y el precandidato presidencial republicano de Santis, como antes apoyó al mismísimo Trump.

Al cabo de 125 años y 71 años del ELA, resulta que no hay ELA, ni siquiera ela, ni vía abierta hacia el barranco de la estadidad, por más que don José Celso Barbosa trató. Hay allá en EEUU un partido republicano de "estadidad para Puerto Rico nunca", una Cámara de mayoría republicana y un Senado de mayoría demócrata que le ha dicho a lo Manchin (senador de Virginia), de mi maíz ni un grano, o como diría la senadora María de Lourdes Santiago “A la Junta, ni un vaso de agua". Esa es otra, la Junta de Supervisión Fiscal engendrada bajo la Ley PROMESA y el clamor del entonces gobernador Alejandro García Padilla y su Comisionado Residente Pedro Pierluisi, la cual ha hecho retroceder al gobierno colonial más de un siglo, talando derechos, exprimiendo a más no poder, apocopando a nivel subatómico el gobierno propio, e hipotecándonos por al menos los próximos 40 años.

Cierto es que la gula de los ordeñadores del norte y de sus intermediarios aquí, llevaron a que por al menos 80 años no se hayan cobrado realmente contribuciones a su gran capital, lo que junto al gasto desorbitado, tan corrupto como el esquema contributivo nulo, condujo a la quiebra fiscal. También es cierto que, como remedio para prolongar la vida del modelo económico desahuciado, se incurrió por ambos partidos cogobernantes en más endeudamiento y disparates fiscales, y que para colmo, la corrupción, esa peste gubernamental rojiazul, arrasó.

Mientras todo esto sucede, los intermediarios del ordeño siguen sembrando miedo y echan mano a algún recientemente metido a dictador del hemisferio, para decirle a los puertorriqueños que no pueden mandarse, ni elegir bien a quien sirva, ni sacar la lepra rojiazul de la administración local, porque vendría una dictadura a Puerto Rico. ¿Hay algo más dictatorial que una colonia? Muñoz y su sembradío de miedo vive, esta vez en boca de dirigentes del PNP. Poco importa que EEUU haya auspiciado y sufragado incontables dictaduras en el hemisferio en más de una docena de países, y en el mundo, en más de medio centenar de países. Menos aún, que se esté cuajando allá, si no sucedió ya, una dictadura bipartita de la peor especie con brotes golpistas y autoritarios.

Nada de esto inhibe a los “líderes” populares y penepés de seguir sembrando miedo para continuar el ordeño, ni de hacer reservaciones para el primer viaje del Titanic.

Todo sea para el control del presupuesto. Sea todo este operativo para ganar tiempo antes de la sepultura de sus parapetos ---la estadidad y el ela--- para que siga la siembra de miedo para controlar el reparto de lo que quede y servírselo a los amigos del alma, para sacar la comisión a cambio de seguir aplastando "democráticamente" al Pueblo, sus derechos, y a seguir drenando al país.

Viva la siembra del miedo, viva el ordeño del presupuesto, vivan los amigos del alma, viva la vocación eternizadora de la colonia... Es a este esperpento lo que llaman "democracia". El Pueblo, la gente, los electores pueden detener el abuso, tienen el voto y la palabra.

El autor es abogado, exrepresentante y excandidato a comisionado residente por el Partido Independentista Puertorriqueño. Posee un bachillerato en Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico y un Juris Doctor de la Facultad de Derecho de la misma institución. Tiene además un doctorado de la Universidad del País Vasco (2016).